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jueves, 7 de junio de 2012

Hablando de Antonio

Alfonso Gumucio Dagron

Las notas de prensa ya han dicho de Antonio Peredo lo que era necesario decir sobre su vida pública: hermano mayor de “Inti” (Guido) y “Coco” (Roberto), dos aguerridos guerrilleros que lucharon junto al Ché Guevara, y de “Chato” (Oswaldo), líder de la guerrilla de Teoponte en 1970. Hombre de izquierda, primero del Partido Comunista, luego fundador y senador del MAS, Antonio fue candidato a la vicepresidencia junto a Evo Morales en las elecciones de 2002. Periodista y profesor en la universidad, autor de varios libros, centenares de artículos… Nació en 1936 y acaba de fallecer a sus 76 años de edad el sábado 2 de junio.
Todo eso ya está dicho, pero yo quiero recordar aquí algunas circunstancias que nos tocó vivir juntos, ya sea en el exilio en México y Nicaragua, o en Bolivia.

La primera imagen que viene a mi memoria se remonta a nuestra llegada a México en calidad de exiliados de la dictadura de García Meza, en 1980. Recuerdo un departamento nuevo y vacío en la Colonia Tacubaya, un barrio entonces y ahora marginal y por lo tanto más barato. No teníamos mucho: colchones sobre el piso y una sencilla mesa redonda para las comidas, donde nos sentábamos cuando llegaban de visita los amigos.

El exilio, ya se sabe, es empezar de nuevo. Todo lo que uno haya logrado en su vida anterior parece que no cuenta, ni la experiencia ni el prestigio. Así, en esa sencilla morada en Tacubaya, que las dos parejas compartimos durante unos meses, pasamos momentos difíciles. Un dato resume mi recuerdo de esa etapa: en el supermercado me parecía que el precio de un paquete de mantequilla era exorbitante, algo inalcanzable.

La siguiente imagen es anterior, en Bolivia. Fuimos colegas en el semanario Aquí y vivimos los avatares de la represión, por apoyar ese proyecto de periodismo independiente y combativo. La experiencia de publicar en el semanario Aquí –fundado el 17 de marzo de 1979- fue fundamental para todos los que en esa etapa crítica de la vida política de Bolivia, colaboramos con Luis Espinal. Escribíamos en el semanario Edgardo Vásquez, René Bascopé, Lupe Cajías, Coco Manto, Remberto Cárdenas, Gastón Lobatón, Raúl Butrón, José Alcócer, mientras entre bastidores obraban Xavier Albó, Eric Wasseige, Amparo Carvajal, y otros de la asamblea. Antonio era el Jefe de Redacción, y luego fue director. Cuando los esbirros de García Meza y de Arce Gómez secuestraron, torturaron y asesinaron a Luis Espinal de manera tan salvaje, Bascopé asumió como director. Pero apenas cinco meses después, cuando vino el golpe del 17 de julio, Antonio Peredo, Bascopé, Coco Manto y yo tuvimos que asilarnos en la Embajada de México.

Luego de un par de meses en la residencia diplomática, por entonces a cargo del embajador Plutarco Albarrán, nos enteramos que el Ministerio del Interior tenía una lista de seis personas a las que pensaba “congelar” en la embajada. En esa lista estábamos Antonio Peredo, Cristina de Quiroga (acababan de asesinar a Marcelo), el dirigente fabril Luis López Altamirano, el diputado Alcides Alvarado y alguien más que no recuerdo en este momento. Nos pasaron el dato de que el coronel Luis Arce Gómez habría dicho “que se pudran, no les vamos a dar el salvoconducto para salir a México”.

El salvoconducto llegó finalmente, pero yo ya no estaba allí. Impaciente, decidí organizar mi salida clandestina por la frontera peruana y luego de unas semanas de avatares que no vienen a cuento ahora, volvimos a encontrarnos en México con Antonio y María Martha, para convivir en el departamento de Tacuyaba durante unos meses, hasta que Mauricio Antezana y Soledad Quiroga me dejaron el estudio que tenían en la avenida Félix Cuevas, en la Colonia del Valle.

Otro "flash back" alumbra la memoria. Después del asesinato de Espinal y poco antes del golpe militar de julio 1980, la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia, que por entonces presidía Julio Tumiri o Gregorio Iriarte, me encargó preparar un libro sobre la vida de Luis Espinal. Me metí durante varias semanas en los archivos de Lucho, en la casa de Miraflores, para reunir información y le pedí a Antonio Peredo que escribiera el capítulo sobre la actividad de Lucho en el periodismo. Xavier Albó escribió sobre Lucho sacerdote, Gregorio Iriarte sobre el asesinato, y yo sobre su actividad como cineasta (que años más tarde amplié en el libro "Luis Espinal y el cine"). También entrevisté a Antonio para una película documental que comencé a filmar, y que quedó interrumpida por el golpe.

El libro que coordiné en un tiempo record se publicó en Lima en 1981, con el título "Luis Espinal, el grito de un pueblo". Por razones de seguridad salió sin los nombres de los autores, pero para la historia debe quedar establecido que el capítulo sobre la labor de Luis como periodista lo escribió Antonio Peredo. Una segunda edición se publicó en España, en 1982, con el título "Lucho Espinal, testigo de nuestra América". Nunca vi siquiera un ejemplar de esa edición.

México fue para Antonio y para mi la primera etapa del exilio. La segunda fue Nicaragua, donde ambos volvimos a coincidir para participar y disfrutar del proceso inicial de la revolución de los sandinistas. Antonio trabajaba como periodista en la Agencia Nueva Nicaragua, y yo en un proyecto de cine Súper 8 en la Central Sandinista de Trabajadores (CST). Comprometerse en los primeros años de ese proceso político innovador fue una experiencia privilegiada.

Con el regreso a la democracia volvimos a coincidir muchas veces en La Paz, ya sea en torno al semanario aquí o en otras actividades. Cuando era diputado y luego senador, nos citábamos en el “mentidero” (el Café de Club de La Paz, en la Avenida Camacho), para ponernos al día.

También nos volvimos a encontrar “virtualmente”, si se puede decir, en las páginas de Bolpress, donde algunos “ex” del semanario Aquí seguimos colaboramos de buena gana. Antonio publicó allí más de 150 artículos desde el 15 de mayo del 2003.

Durante los años más recientes, María Martha me hacía llegar regularmente, desde el correo miradass1@hotmail.com, los textos que escribía Antonio sobre la política boliviana e internacional. No recibí ninguno nuevo en los últimos meses, pero no le di mayor importancia, pues no sabía que Antonio estaba enfermo.

En esos artículos pude seguir desde lejos el pensamiento de Antonio. Había algunos que eran más que opinión, por ejemplo aquella iniciativa de reconstruir la biblioteca del Ché. Antonio extrajo del diario del Ché una lista con 109 títulos, muchos de ellos leídos por el comandante guerrillero en Bolivia, entre noviembre de 1966 y septiembre de 1967. La lista incluye varios autores bolivianos. No sé si la iniciativa prosperó.

En alguno de esos mensajes me escribió un comentario: “Ciertamente los ’60 ya nos anunciaban estas plagas. ¿No se estarían preparando entonces, mientras nosotros soñábamos con la construcciónde una nuevasociedad? Eso nos está diciendo que ésta, es parte de aquella guerra total contra el sistema.” En otro, de marzo 2009, me agradece una nota de solidaridad que le envié cuando fue víctima de las intrigas palaciegas de Alvarito, el Robespierre de Alasitas.

A fines del 2009, cuando Antonio era todavía senador del MAS, lo invité a la clausura del seminario internacional sobre Políticas y Legislación para la Radio Local en América Latina. Era un seminario importante, porque quienes lo organizamos (Karina Herrera, Erick Torrico, José Luis Aguirre, Cecilia Quiroga y este servidor) pretendíamos proporcionar insumos para que el Estado pudiera avanzar en el diseño de una ley general de comunicación. El esfuerzo que realizamos no mereció la atención del gobierno del MAS, cuyos representantes no se dignaron asistir. En cambio sí lo hizo Antonio, que estuvo el día de la clausura.

Compartíamos una perspectiva similar sobre la necesidad de una ley de comunicación en Bolivia, y nuestras opiniones sobre la prensa nacional y el ejercicio del periodismo era coincidentes: “La libertad de prensa es una atribución, un derecho y una obligación de los pe­riodistas, no de las empresas, porque las empresas están para ganar plata y lo mismo les da tener una fábrica de pin­turas o un canal de televisión”, dijo en una entrevista publicada en Nueva Crónica.

A pesar de su militancia partidista, Antonio tenía la virtud de decir las cosas con honestidad, y no dudaba en ser crítico del MAS si era necesario. Por ejemplo, cuando dirigentes de su partido calificaban de “políticas” las movilizaciones populares contra el gobierno, Antonio salió al paso: “Cuando escucho decir a un compañero que, una movilización popular, es política se me erizan los pelos. Esa frase corresponde al léxico de las dictaduras militares que se arrogaron el derecho a hacer política y se lo prohibieron al pueblo. Por supuesto que toda movilización tiene carácter político porque es una reclamación, justa o no, contra la autoridad o contra los empresarios. Otra cosa distinta es que se aprovechen de ésta algunos politiqueros.”

En su último artículo, “La profunda crisis que enfrenta el gobierno”, Antonio hace un apretado diagnóstico de todos los conflictos que enfrenta el gobierno, sin poder resolverlos, y toma nota del distanciamiento cada vez mayor del sector indígena y campesino, la base social de Evo Morales. “Algo está funcionando en sentido contrario”, escribió.

“Atravesamos una crisis que podríamos calificar como la más grave en la historia de este Gobierno. Es muy fácil decir que concluyó el proceso de cambio o, más bien, que se acabó la ilusión de avanzar en ese proceso. De ese modo, nos desligamos de toda responsabilidad, aunque más no sea la de haber votado a favor del mismo, asumiendo una posición crítica que puede satisfacernos, pero no contribuye a ninguna solución.Lo cierto es que el proceso de cambio tiene posibilidades de salir de esta crisis y fortalecerse. Para ello, cada uno de nosotros debe ser responsable, sentir que tiene un papel que cumplir”, escribió en ese último texto.

Antonio pide “la rectificación del andar gubernamental y el retorno al proceso de cambio”, a tiempo que sugiere medidas concretas: creación de empleos en sectores productivos, seguridad alimentaria, y lucha contra el narcotráfico.

Conservaré de Antonio el recuerdo de su voz grave, el bigote grueso con el que siempre lo vi, su coherencia política que nunca derivó en el fanatismo, y su manera de ser siempre buen amigo de sus amigos, de todos, incluso de aquellos con los que podía tener divergencias políticas.

Texto: Bolpress
Foto: blog jcb cbba
 

jueves, 15 de marzo de 2012

Domitila



Alfonso Gumucio Dagron

A sus 74 años de edad ha muerto Domitila Barrios de Chungara, valiente mujer de las minas de Bolivia, dirigente del combativo Comité de Amas de Casa de Siglo XX, organización que supo hacerle frente a todas las dictaduras y gobiernos autoritarios durante las décadas de 1960, 1970 y 1980.

“Quiero seguir viviendo”, le decía Domitila a un periodista de Cochabamba, cuando a fines del 2010 fue hospitalizada para un tratamiento del cáncer de pulmón que la agobiaba desde 2008. Su tercer cáncer. Sin seguro médico y sin jubilación, el pronóstico estaba determinado por sus recursos y la solidaridad de algunos amigos, entre ellos varios funcionarios del gobierno del MAS. En la foto de prensa Domitila aparecía con una pañoleta cubriendo su cabeza, porque la quimioterapia la había dejado sin cabello. No quiero recordarla así, prefiero retener otras imágenes de ella, otros momentos.

Nació el 7 de mayo de 1937, hija de un campesino que migró a las minas en busca de una vida mejor. Se casó con un trabajador minero y tuvo 11 hijos, de los cuales solamente 7 sobrevivieron. Desde 1963, Domitila participó activamente en el Comité de Amas de Casa y saltó a la fama internacional a raíz de su protagonismo durante la Tribuna del Año Internacional de la Mujer, organizada por las Naciones Unidas y realizada en México, en 1975, donde “sus intervenciones produjeron un profundo impacto entre los presentes. Eso se debió, en gran parte, a que Domitila vivió lo que otras hablaron”, según narra Moema Viezzer.

Allí surgió la idea de Moema de recoger el relato de Domitila en el libro Si me permiten hablar… (1977) publicado por Editorial Siglo XXI y en innumerables ediciones en varios idiomas. Este libro fue estudiado por su estilo discursivo, no solamente leído, como atestigua el ensayo de 63 páginas de Mariluz Domínguez y Luis Oquendo. Años después David Acebey publicó un segundo libro de conversaciones, ¡Aquí también Domitila! (1985), que no alcanzó la notoriedad del primero.

“Pueblo chico, infierno grande…” y también “nadie es profeta en su tierra”, las dos sentencias me sirven para el párrafo que sigue.

Si bien el libro de Domitila mereció la admiración de miles de lectores en todo el mundo y dio a la conocer la lucha de los mineros bolivianos y de sus familias, en el propio país hubo quienes –entre sus propios compañeros de las minas- llevados por la envidia y los celos, denigraron a Domitila (y a Moema Viezzer también), diciendo que se había enriquecido “a costa del sudor y la sangre de los mineros”. Fueron expresiones de la típica mezquindad y el egoísmo tan comunes en un país sometido por la mediocridad y la pérdida de valores. Ojalá se hubiera enriquecido Domitila; se lo merecía por su valentía y porque era un mujer capaz de articular con pasión e inteligencia su relato sobre la realidad minera. Nadie lo hizo como ella, ninguna otra mujer de las minas proyectó la situación de los trabajadores bolivianos con tanta propiedad y sensibilidad. Pero en lugar de agradecerle, algunos la atacaron mezquinamente.

Luchadora infatigable, fue una de las cinco mujeres mineras que inició la huelga de hambre que fue uno de los factores determinantes de la caída del dictador Hugo Bánzer, luego de siete largos años en el poder. En los días de la huelga de hambre, a fines del 1977 y principios del 1978, visité el grupo que estaba en el diario Presencia, y allí conversé con Domitila, con Xavier Albó, con Luis Espinal y con otros amigos que se fueron sumando a ese grupo de huelguistas. Las fotos que tomé como testimonio –un rollo entero- han sido reproducidas muchas veces.

Semanas después, asistí a mi amigo Alain Labrousse en la realización del documental La huelga de hambre en las minas, donde entrevistamos a las mujeres que habían protagonizado la huelga.

En 1980, mientras trabajaba en el Centro de Investigación y Promoción del campesinado (CIPCA) hice un documental sobre ella: Domitila, la mujer y la organización, y publicamos además un folleto para acompañar el film, con dibujos de Clovis Díaz. Esto fue poco tiempo antes del golpe militar de Luis García Meza. No recuerdo qué suerte corrió ese documental realizado en super 8, probablemente se perdió durante el golpe, cuando muchos tuvimos que salir al exilio, Domitila a Suecia con todos sus hijos, y yo a México.

No fue la última vez que Domitila apareció en uno de mis documentales. Al regresar del exilio, filmamos una entrevista con ella para el documental La voz de las minas (1983) que co-realicé junto a Eduardo Barrios para Unesco, y nuevamente en 1984, cuando por tercera vez hacía el intento de terminar mi frustrada película sobre Luis Espinal, la volví a buscar en Siglo XX. Filmé su testimonio, que era esencial para describir la sensibilidad social de Lucho, a quien ella conoció muy bien.

Mi admiración por Domitila, además de mi afinidad con el movimiento social de los mineros, me llevó a incluirla como personaje en uno de mis cuentos, Interior mina, sobre la ocupación militar en las minas de Siglo XX y Catavi. El cuento ganó en México una mención en el concurso internacional “La palabra y el hombre”, en 1977, y además de perder la virginidad en la revista de ese nombre, se publicó en años siguientes en cinco antologías, las de Alfredo Medrano, Raquel Montenegro, Sandra Reyes (en inglés), Víctor Montoya, y hace un par de años la de Gaby Vallejo Canedo, publicada en Venezuela.

Además de este cuento y las películas en las que aparece, uno de los textos que Eduardo Galeano escribió sobre Domitila, debería servirnos para recordarla:

Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal. Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”… Y ella, Domitila Chungara, aclaró: "No, compañeros. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro". Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.


Texto: Bolpress

Foto: lostiempos

martes, 13 de marzo de 2012

El exilio


La madrugada de hoy falleció la entrañable Domitila, símbolo de la lucha de la mujer por la democracia, por la vida. Comparto un texto de Galeano en su memoria.






Por Eduardo Galeano




1981
Surahammar

¿Cuál es la distancia que separa un campamento minero de Bolivia de una ciudad de Suecia? ¿Cuántas leguas, cuántos siglos, cuántos mundos?

Domitila, una de las cinco mujeres que derribó a una dictadura militar, ha sido condenada al destierro por otra dictadura militar y ha venido a parar, con su marido minero y sus muchos hijos, a las nieves del norte de Europa.

De donde todo falta a donde sobra todo, de la última miseria a la primera opulencia: ojos de estupor en estas caras de barro: aquí en Suecia se tiran a la basura televisores casi nuevos, ropas apenas usadas y muebles y heladeras y cocinas y lavaplatos que funcionan perfectamente. Van al muere los automóviles de penúltimo modelo.

Domitila agradece la solidaridad de los suecos y les admira la libertad, pero el derroche la ofende. La soledad, en cambio, le da pena: la pobre gente rica a solas ante el televisor, bebiendo a solas, comiendo a solas, hablando a solas.

-Nosotros -cuenta, recomienda Domitila- nosotros, allá en Bolivia, aunque sea para pelearnos, nos juntamos.

Memoria del Fuego III. El siglo del viento.

Recuerdo una asamblea obrera, en las minas de Bolivia, hace ya un tiempito, más de treinta años: una mujer se alzó, entre todos los hombres, y preguntó cuál es nuestro enemigo principal. Se alzaron voces que respondieron “El imperialismo”, “La oligarquía”, “La burocracia”... Y ella, Domitila Chungara, aclaró: “No, compañeros. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro“. Yo tuve la suerte de escucharla. Nunca olvidé.



Texto y foto: eduardogaleano.org

jueves, 9 de febrero de 2012

Plegaria para el flaco dormido

Pablo Cingolani

¡Qué dolor, carajo! El pueblo spinettiano llora, nuestro Capitán Beto se fue nomás… y te escucho, y te vuelvo a escuchar, y te seguiré escuchando desde que yo recuerde, te escuché cantando Muchacha ojos de papel cuando tenía 7. ¡Toda mi vida te sentí, Spinetta, y ahora que te fuiste con los niños que escriben en el cielo, te voy a sentir más que nunca, te voy a sentir más fuerte, más a mi lado, más que nunca, hasta que nos/todos nos volvamos a encontrar en los jardines de un lugar/al que jamás/ despierto encontrarás!

Barcos de papel sin altamar…

Se ríe el flaco dormido, y nosotros con él

Que nadie/nadie despierte al flaco Spinetta

Nos duele que haya partido, desde aquí, desde Bolivia, cómo le duele a todo el pueblo spinettiano

El mundo es un cholocatín y gorriones y bicicletas de cristal, y allí, en ese mundo de poética absoluta, te vamos a ir a buscar, hermano, soñando felicidad, alejándonos de la maldad, siempre con vos, siempre con tu lírica invencible, con todo lo que nos diste, con todo lo que nos das, con todo lo que nunca nos dejaras de dar.

Para nosotros, para alguien como yo que nació en los 60, en la Argentina, la Cantata de Puentes Amarillos es como la Marcha Peronista. Y eso es sagrado, como tu música.

Alma de diamante

El blues de Cris

Los libros de la buena memoria

Bajan

Que ves el cielo

Dios de la adolescencia

Durazno sangrando

Encadenado al ánima

Laura va

Ana no duerme

Starosta el idiota

Credulidad

Barro tal vez

Casas marcadas

La música de Spinetta es infinita: anoté al azar todas las canciones que me conmueven/me han conmovido del flaco: puedo seguir toda la noche.

Say no more: Spinetta ha muerto, ¡viva por siempre Luis Alberto Spinetta, le decían el flaco, nos conmovió a todos, nos conmueve ahora más que nunca! Porque el arte, si es genuino, es parte de la humanidad. Spinetta es parte de la Historia Grande de la Humanidad.

Se ríe el flaco dormido. Y nosotros con él.

Ahí va definitivamente el Capitán Beto por el espacio, y nosotros, siempre con él.

Texto: Bolpress

miércoles, 8 de febrero de 2012

Murió el “flaco” Spinetta



Reducir la trayectoria de Luis Alberto Spinetta en unas pocas líneas parece una osadía, casi una falta de respeto. Es que con la desaparición física del Flaco se va un pedazo importantísimo no solo del rock nacional, sino de la cultura argentina. A lo largo de toda su carrera, que tuvo diversos matices ya sea en su etapa solista o en grupo, Spinetta dejó una marca que difícilmente pueda ser borrada.

Definirlo, casi de la manera que sea sería estrechar la profundidad de su obra. Ni cantante, ni compositor, ni guitarrista, ni poeta, ni músico. Probablemente la acepción más cabal sea la de artista.

Nacido en 1950, la música la mamó desde chico. Prácticamente un autodidacta, en 1967 formó junto a Emilio Del Guercio (bajo y voz), Edelmiro Molinari (guitarra líder y voz) y Rodolfo García (batería) Almendra, un pilar de los inicios del rock en Argentina.

Esa primera formación dejó clásicos para el recuerdo y que perviven en el imaginario colectivo como “Muchacha”, “Ana no duerme” o “Plegaria para un niño dormido”. En los tres años que tuvo de desarrollo esa primera etapa de la banda, dejaron dos discos (el primero editado en 1969 y el segundo, doble, que contenía “Rutas argentinas”, en 1970).

Allí el Flaco lanzó por primera vez un proyecto solista; cuando había cruzado el umbral de los 20 años apareció “Spinettalandia y sus amigos” en 1971. Ese fue el preludio para otra banda ícono: Pescado Rabioso. Osvaldo "Bocón" Frascino en bajo (quien después fue reemplazado por David Lebón), Black Amaya en batería y Carlos Cutaia en teclados completaban la formación.

Dos años le bastaron a la banda para dejar dos discos (Desatormentándonos y Pescado 2) y la semilla del que es considerado por muchos –y así se reflejó en diversas elecciones- como el mejor álbum de la historia del rock nacional: Artaud. Aparecido con la firma de Pescado Rabioso, pero concebido íntegramente por Spinetta, fue una obra revolucionaria, contracultural.

Vio la luz en 1973 acompañado de un manifiesto que se les repartía a los asistentes a al lanzamiento en el teatro Astral en 1973 titulado “Rock: música dura la suicidada por la sociedad” (ver aparte). Eran tiempos en que se respiraban aires de libertad en el país y se vislumbraba un futuro mucho más libre terminada la dictadura iniciada por Juan Carlos Onganía y llegada la “Primavera Camporista”.

Con ese telón de fondo, aparece este disco que intenta romper con todas las estructuras (incluso las físicas, dadas la forma irregular del envase al cual el propio Flaco llamaba “Deformé”). Inspirado en la obra de Antonin Artaud el disco contiene temas como “Todas las hojas son del viento”, “Bajan”, o “Cantata de puentes amarillos” de más de 9 minutos de duración.

Aún en ese 1973 formó su tercer grupo, Invisible, en este caso un trío completado por Carlos Alberto “Machi” Rufino (bajo) y Héctor “Pomo” Lorenzo en batería. Esta banda, dejará en su estela tres discos en tres años y temas de la talla de “El anillo del capitán Beto”, “Durazno sangrando” o “Los libros de la buena memoria”.

Luego de la aparición en 1977 de A 18’ del sol, disco grabado junto a otros músicos, y de en 1979 hacer una incursión por Estados Unidos que dejaría su único álbum editado en inglés (Only Love Can Sustain), en 1980 se daría la vuelta de Almendra.

El valle interior (material de estudio) y un disco doble en vivo de sus presentaciones en Obras serían el resultado de la vuelta, al tiempo que armaba Jade junto al tecladista Diego Rappoport, entre otros.

A partir de allí comenzaría un largo trayecto como solista que se extendería por la década del ochenta y buena parte de los noventa. El material discográfico que fue entregando a lo largo de todos estos años es extensísimo.

Desde un disco junto a Fito Páez en 1986 La la la (un año antes había registrado junto a Charly García “Rezo por vos”), hasta sus trabajos entre 1988 y 1991. En esos cuatro años, lanzó tres discos que fueron elegidos como mejor disco del año, teniendo en todos los casos un tema seleccionado como el mejor también, por el Suplemento Sí de Clarín y con el plus de lanzar en 1990 Exactas, primer álbum en vivo como solista.

Esa trilogía que comienza en 1988 se da con Téster de violencia, material definido en alguna oportunidad por Spinetta como “el primero relativamente conceptual” desde Durazno Sangrando en 1975 con Invisible. Ese disco contenía al tema “El mono tremendo”, laureado en ese 1988.

El año siguiente tuvo a Don Lucero como material y a “Fina ropa blanca” elegidos como mejor disco y mejor canción del año. La serie de álbumes se completa con Pelusón Of Milk en 1991, disco que contenía la desgarradora “Seguir viviendo sin tu amor”.

Luego de 14 años volverá a trabajar en grupo con la formación de Los socios del desierto en 1994 junto a Daniel "Tuerto" Wirzt (batería) y Marcelo Torres (bajo). Cuatro discos editaron hasta 1999.

El nuevo milenio arrojaría siete discos más (contando a un EP grabado en la Rock & Pop), entre ellos Silver sorgo o Para los árboles. En el 2009 se dio uno de los puntos cúlmines de la carrera del Flaco: un recital larguísimo, que más que un recital fue un recorrido no solo por su carrera, sino por el rock nacional en sí, quizás porque el uno y el otro sean (casi) sinónimos.

A lo largo de más de cinco horas esa noche de diciembre en Vélez tocó junto a todas sus bandas y otros grandes como Charly, Gustavo Cerati, Fito o Ricardo Mollo. La vigencia de su obra se evidenció en el cruce de generaciones que se dieron cita en el Amalfitani esa inolvidable noche de verano.

La figura de Spinetta no se limitó a lo estrictamente musical. Luego del trágico accidente en el que murieran diez alumnos del colegio ECOS en el 2006, el Flaco se puso al frente de todas las conmemoraciones y festivales e hizo una militancia activa por la conciencia de los conductores.

La música argentina no será la misma sin Spinetta aquel que no se quedó en la posición cómoda, que no fue en busca del “éxito” vacío de contenido, sino que construyó a lo largo de más de cuatro décadas piezas inolvidables y con una huella profunda e indeleble.


Texto: kaosenlared

Foto: laconceptradio

viernes, 23 de diciembre de 2011

Adiós a Cesária Évora, la diva que se descalzaba por los pobres



El mundo llora la muerte de Cesária Évora. La cantante, nacida en 1941 en la antigua colonia portuguesa de Cabo Verde, en la costa occidental de África, era desde hace 20 años una de las voces más célebres y respetadas del continente negro, informa la agencia Dpa.


Era conocida como La diva de los pies descalzos, debido a la costumbre de subir al escenario sin zapatos, en solidaridad con los pobres de su país.

La Reina de la morna, del melancólico blues caboverdiano, llevó sus letras, que hablan casi siempre de la triste historia de su archipiélago, de aislamiento, comercio de esclavos y emigración, a los cinco continentes.

Ganó premios, conquistó corazones de seguidores y llenó plateas en todos los rincones del globo, al tiempo que consolaba a los pobres de su país.

Fue distinguida en Portugal y Alemania; en Estados Unidos, en 2004 le dieron un Grammy por el álbum Voz D’Amor, y en 2007, el entonces presidente de Francia Jacques Chirac le otorgó la medalla de la Legión de Honor, por mencionar algunos de los premios que recibió.

En total produjo, en vivo y en estudio, 24 discos, de los que vendió millones. Y grabó con varios de los máximos exponentes de la música mundial, entre ellos muchos iberoamericanos.

En su último álbum, Cesária Évora &..., de 2010, participaron, entre otros, Caetano Veloso, Pedro Guerra, Salif Keita, Bonnie Raitt y Marisa Monte.

Évora, que murió hoy en su ciudad natal, Mindelo, en la isla de San Vicente, sufría desde hacía años de problemas de corazón.

Enfermedad

En 2008, durante una gira por Australia sufrió un ataque de apoplejía. En mayo del año pasado, finalmente, se sometió en Francia a una operación de corazón abierto.

Este año llegó al límite. A fines de septiembre tuvo que anunciar, muy debilitada, el final de su carrera artística, cancelando los restantes conciertos de su gira mundial.

Le costó colgar el micrófono. Está muy triste, no quería abandonar los escenarios, pero decidimos que había que seguir la recomendación de los médicos, reveló en aquel entonces su mánager, José da Silva.

Évora nació el 27 de agosto de 1941 en Mindelo, en la isla de San Vicente, en el seno de una familia de músicos. Tras la temprana muerte de su padre, el violinista Justino da Cruz Évora, fue internada en un hogar para niños huérfanos y más tarde fue criada por una familia tutelar.

Cise, como la llamaban sus amigos, comenzó a cantar desde muy joven en bares, hoteles y plazas de su Mindelo natal, acompañada por su hermano Lela al saxofón.

Como recibía muy poco dinero por sus actuaciones, abandonó la música entre los 20 y los 30 años, para alimentar a su familia mediante otros empleos.

Deprimida, Évora luchó mucho tiempo contra el alcoholismo, en un periodo que ella misma calificó de años negros.

Tardó mucho en llegar a la cima: sólo a los 47 años firmó su primer contrato con una casa discográfica, pero después los éxitos se sucedieron rápidamente.

Con su quinto álbum, Miss Perfumado (1993), la mujer de la voz afinada y única, suave y áspera al mismo tiempo, alcanzó fama mundial.

Ahora, tras su muerte por insuficencia cardiaca y respiratoria, sus seguidores esperan que haya, tal vez, un último extra, pues estaba trabajando en un álbum, con diferentes músicos de Cabo Verde.

En agosto pasado, en una visita a Lisboa, Évora afirmó que esperaba que la obra pudiera estar lista en pocos meses. Creo que saldrá en 2012, había dicho la legendaria cantante.

En caso de que se concrete esta obra póstuma, podrá deleitar oídos una vez más, con el sonido de violines, clarinetes, guitarras, acordeones y cavaquinhos.

Évora cantará, entonces, una vez más sobre el dolor, la nostalgia y la esperanza.

Texto: Rebelión

Foto: lastfm

martes, 22 de noviembre de 2011

Muere la viuda del expresidente francés Mitterrand



Danielle Mitterrand, viuda del ex presidente francés François Mitterrand y defensora de los derechos humanos, murió el martes a los 87 años, dijeron fuentes del Gobierno y del Partido Socialista.

La ex primera dama, que estuvo casada con Mitterrand durante 51 años, sufría problemas respiratorios y se encontraba en un coma inducido en el hospital Georges Pompidou de París.

Danielle Mitterrand fue una enérgica defensora de los derechos de grupos minoritarios como los kurdos y los tibetanos, hizo presión para una distribución más justa de los recursos globales y fue amiga del líder cubano Fidel Castro. Sus francas campañas avergonzaron en ocasiones a su marido.

Nacida el 29 de octubre de 1924 en Verdún, cerca de la frontera alemana, Danielle Gouze fue políticamente activa desde muy joven, uniéndose a la Resistencia francesa a los 17 años, donde conoció a su futuro marido.

En ese momento, Mitterrand era el líder de una red de la Resistencia en Borgoña, y operaba bajo el nombre en clave de "François Morland".

La pareja se casó en octubre de 1944 y Mitterrand pasó a lanzar su carrera política en el Partido Socialista con Danielle a su lado, convirtiéndose finalmente en presidente en mayo de 1981.

Aparte de sus campañas sobre el mundo en desarrollo, Danielle comentaba a menudo temas de política nacional, criticando abiertamente al primer ministro conservador Jacques Chirac y posteriormente las políticas de inmigración del ministro del Interior Charles Pasqua.

Cuando Mitterrand murió en 1996, Danielle causó revuelo al aparecer en su funeral junto a la amante de su marido, Anne Pingeot, con quien éste tuvo una hija, Mazarine.

Le sobreviven sus dos hijos, Jean-Christophe y Gilbert. Un tercer hijo, Pascal, murió poco después de nacer.

Texto y foto: El Deber

jueves, 27 de octubre de 2011

Felipe Quispe, el último Mallku



Martín Cúneo

Desde el altiplano boliviano, a orillas del lago Titicaca, Felipe Quispe se convirtió en uno de los referentes del movimiento indígena. Y también en uno de los posibles catalizadores de una sociedad convulsionada, de unos movimientos sociales que habían tumbado a tres presidentes en tres años. El otro candidato era Evo Morales.


Felipe Quispe, con su chaqueta de cuero y sombrero negro, explica el desenlace de esta disputa mientras toma una sopa de fideos de menú en un bar de La Paz. Sitúa en la mesa dos vasos de agua. “Había dos vasos, agua tibia y agua caliente. El agua tibia era Evo. Yo la caliente”.

“Podría haber sido Felipe Quispe, pero no lo fue y ahí se perdieron muchísimos intereses históricos”, dice el sociólogo aymara Pablo Mamani. “Evo era la salida intermedia más afín a formas de admitir lo indígena, lo popular en espacios públicos de poder. Felipe Quispe representaba la posibilidad de un cambio estructural del Estado. La salida intermedia, que es Evo en este caso, fue muy estratégica para sectores de la clase media, moderada, ilustrada, liberal, que tuvieron el miedo de que la indiada se les fuera por encima, que es lo que Quispe estaba más o menos planteando”.

Aunque la figura de Felipe Quispe fue perdiendo notoriedad pública tras la llegada al poder de Evo Morales en 2006, se le sigue conociendo con el cargo de “Mallku”, cóndor en aymara,la autoridad más respetada dentro de una comunidad. Sin su figura es imposible entender la historia reciente de Bolivia. La reorganización del mayor sindicato campesino, la CSUTCB, a fines de los ‘90, la revuelta indígena del altiplano en los años 2000 y 2001 y el cerco a La Paz en 2003 –tres acontecimientos que tuvieron a Felipe Quispe como protagonista– marcaron una época de luchas sociales junto con las movilizaciones por el agua en Cochabamba y los bloqueos de los cocaleros en el Chapare.

Los orígenes

“Tendríamos que remontarnos más allá, cuando se levanta Tupaj Katari, cuando los indios cercan La Paz y matan a los españoles”, dice Felipe Quispe. “Es el único hombre que hizo temblar a la corona española de esa época. Y murió descuartizado por cuatro caballos. Pero dejó una herencia, una herencia inmortal. Nosotros nos consideramos como seguidores y continuadores de Tupaj Katari, por eso enarbolamos su bandera, como también su pensamiento medular, el indianismo,que también nos han transmitido nuestros mayores, nuestros abuelos”. Tupaj Katari, al frente de 50.000 indígenas, cercó La Paz durante seis meses. “Volveré y seré millones”, fue lo que dijo antes de morir, según la memoria aymara. Se había adelantado treinta años a los primeros gritos de independencia latinoamericana.

Felipe Quispe nació en una familia campesina aymara en la provincia de Omasuyos, cerca de La Paz. No aprendió a hablar español hasta los veinte años. El inicio de su militancia se remonta a los tiempos del Pacto Militar Campesino. Con la bandera de la revolución del ‘52 y una política asistencialista, los militares se hicieron poco a poco con el poder y la adhesión del movimiento campesino. Las milicias agrarias creadas con la revolución del MNR terminaron sirviendo como grupos de choque contra las reivindicaciones sindicales de los mineros, reprimidos a bala y sangre. Detrás del discurso nacionalista del general René Barrientos se hallaba una política de sumisióna los intereses estadounidenses en el contexto de la guerra fría.

“En los años ‘60 yo estaba prestando el servicio militar. En esa época había una línea política muy fuerte anticomunista. A pesar de que nosotros habíamos nacido en una comunidad no sabíamos qué era el comunismo”, cuenta el Mallku. “Había un oficial, de nombre Aurelio Torres, que repartía unos folletos que decían que iban a matar a nuestros abuelos y que nos iban a quitar nuestras tierras, que todo iba a ser en común, que no iba a haber iniciativa privada… Bueno, yo también estoy encontra de la iniciativa privada, porque vengo de una comunidad, pero eso de que iban a matar a mi abuelo, que me iban a quitar mi tierra, mis animales… eso no me convencía. Pero una vez que salí del cuartel en el ‘64 busqué el Manifiesto Comunista. Y después busqué otros libros de Carlos Marx y otros autores, pero nunca encontraba eso de que me iban a quitar mi tierra, nunca encontraba que iban a matar a mis mayores”.

Conociendo a Tupaj Katari

En esos años Felipe Quispe comenzó a formarse políticamente con personajes como Fausto Reinaga, entre otros muchos pensadores indios, y otras personalidades de la izquierda más clásica. Por su oposición a la dictadura de Hugo Bánzer tuvo que refugiarse en Santa Cruz, donde trabajó como obrero hasta 1977. En esos años realizó su primer acercamiento a la lucha armada. Pero no duró mucho. “Por razones de seguridad, entre nosotros no nos conocíamos. Cuando murió nuestro contacto nos quedamos desprendidos, se había roto el hilo y ya no se podía coordinar con nadie”.

De forma paralela, empezaba a trabajar en la organización desde las comunidades. “Poco a poco hemos ido avanzando, nos introdujimos más y más, aglutinando a la gente. Entonces conocimos a Tupaj Katari, quién era, cómo era, qué buscaba, sus debilidades, también dónde tenía su fuerza”.

Comenzaba así la creación de un ideario a medida de las comunidades. “Nosotros salimos de la escuela marxista. Estaban hablando de Marx, de Lenin, de la lucha armada, de la lucha de clases, y nuestra gente no entendía nada, entendía cero, ni jota, las orejas totalmente metidas. Pero pronto nosotros hemos cambiado de discurso, hemos empezado a hablar de nuestros incas, de nuestros antepasados, de Tupaj Amaru, de Tupaj Katari, del ayllu comunitario, y la gente comenzaba a levantar la cabeza y se ponían como las llamas, con las orejas para arriba”, recuerda Quipe.

A mediados de los ‘70, este lento resurgir indígena se traduce en dos posiciones: el indianismo de Fausto Reinaga y el katarismo de Jenaro Flores o Víctor Hugo Cárdenas, más inclinado a la creación de alianzas con otros partidos políticos, incluso con partidos conservadores como es el caso de Cárdenas, que llegó a la vicepresidencia con el neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada en 1993.

Inspirado en las ideas de Reinaga, en 1978 el Mallku participó en la creación del MovimientoIndio Tupak Katari, una agrupación que sufrió en los años siguientes numerosas escisiones y conflictos internos. Quispe fue el secretario permanente de este grupo hasta 1980, cuando el golpe de Estado de Luis García Meza lo expulsó al exilio. De Perú pasó a México y de ahí a Guatemala y El Salvador. Una experiencia que le serviría años después, cuando tomó las armas en un intento de terminar con la histórica de explotación de los indios por parte de la “otra Bolivia”.

El intento guerrillero

“Ellos no eran nada”, dice el Mallku en referencia a los intelectuales de buena familia que se habían sumado a la lucha armada, como el actual vicepresidente Álvaro García Linera. “Habían leído los 70 tomos de Lenin, las obras escogidas de Mao, los tres tomos de El Capital, pero no sabían cómo organizar una emboscada, no sabían cómo entrar a un banco. Sin embargo, nosotros ya estábamos de vuelta, porque habíamos viajado a Centroamérica, estuvimos en el Frente Farabundo Martí y en el EGP de Guatemala… Todo eso nos sirvió para entrenar luego a la gente aquí, en la cordillera de los Andes”.

Pero todavía era pronto para tomar las armas. Después de volver a Bolivia en 1983 y pasar por la dirigencia de la Federación Sindical de Trabajadores Campesinos y la Central Obrera Departamental de La Paz, Felipe Quispe fundó el Movimiento de Ayllus Rojos. En 1988, en nombre de esta organización de comunidades indígenas y campesinas de base, el Mallku presentó al Congreso de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) la tesis de la lucha armada como camino hacia la liberación del pueblo indio oprimido. La propuesta, rechazada por la CSUTCB, le valió siete meses de cárcel en el penal de San Pedro.

Fue recién en 1990 cuando Felipe Quispe, junto con los hermanos Álvaro y Raúl García Linera, se incorporó al recién creado Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK). La estrategia de este grupo pasaba por iniciar un levantamiento armado popular, al estilo de la revuelta de Tupaj Katari de 1781, armando a las comunidades indígenas. Por su inserción en las comunidades, el Gobierno temía que pudiera convertirse en una versión aymara del senderismo peruano.

Pero para alzarse “en armas contra el sistema imperante en Bolivia”, en palabras de Quispe, se necesitaba dinero. Y ahí Alvaro García Linera cumplió un papel fundamental. “Conocí a Alvaro García en 1984”, recuerda Quispe. “Era un estudiante recién llegado de México… Nosotros también le necesitábamos… porque en este país los oficiales son blancos, el indio es de base no más, dela tropa. Y necesitábamos dinero para hacer una organización clandestina, una organizaciónrevolucionaria. Estábamos obligados a recuperar los recursos económicos de la burguesía, de las empresas, de los capitalistas. Y con ese dinero organizar. Y para eso nos servía el tipo de estilo de uniforme… A él lo manejamos como un muñeco, porque de otra forma no nos iban a creer, a nosotros no nos iban a creer”.

El Mallku no desaprovecha ocasión para descalificar al actual vicepresidente. “Yo no lo dejabahablar porque él no tenía nada que ver. Es como si a usted lo llevo a mi comunidad, no vas a entender nada de lo que hablamos. Si ahora nos ponemos a hablar en aymara no vas aentender”, dice Quispe y suelta una parrafada en aymara. “Ni jota, ¿no? Él era como un papagayo,de hermosos colores, pero la gente decía: ‘¿Para qué traes a ese inútil? No sabe nada’.¿Cómo crees que un tipo así va a ser el ideólogo de los indios? Para ser nuestro ideólogo primerotiene que saber nuestro idioma, porque el idioma es ideología, el idioma es pensamiento.Nosotros pensamos diferente, venimos de otra cultura, no hemos nacido en el hospital, hemosnacido en una choza, ahí nos han cortado nuestro cordón umbilical”, recalca el Mallku.

Pero este intento guerrillero tampoco duró de masiado. En 1992, cuando todavía se encontraba “en proceso de organización y de propaganda”, el ejército katarista fue desbaratado por la Policía. “Por mala suerte cayó el hermano mayor del Álvaro, Raúl, y delata todo, las casas de seguridad,los nombres, todo. Éramos más de 500, pero los que hemos caído fuimos unos 30”. El 19 de agosto Felipe Quispe fue detenido y encerrado en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro durante cinco años. “¿Por qué hacen esto?”, le preguntó entonces la periodista Amalia Pando. Felipe Quisperespondió mirándola a los ojos: “Para que mi hija no sea tu empleada doméstica”.

El proyecto de “enarbolar la bandera de Tupaj Katari encima del Illimani”, la gigantesca montaña a escasos kilómetros de La Paz, tenía que esperar. En cuanto a la whipala, la bandera de siete colores y 49 cuadrados de Tupaj Katari, “hasta esa fecha no la conocía nadie”, apunta Quispe. “La whipala es nuestra, nosotros la hemos impuesto, con las armas, por las buenas y por las malas”, dice. Ahora es el símbolo oficial del Gobierno boliviano al mismo nivel que la bandera boliviana. Hasta los policías la llevan en sus uniformes.

El altiplano en llamas

Felipe Quispe aprovechó los años de reclusión para terminar el bachillerato e iniciar la carrera de Historia. Las movilizaciones por su liberación consiguieron sacarlo de la cárcel en 1998. En ese mismo año fue elegido secretario ejecutivo de la CSUTCB. En esos años Felipe Quispe empezó a ser conocido como el Mallku por el espíritu combativo de su dirección. Entre 1998 y 2001, Quispe se transformó en una de las figuras prominentes de la oposición a la política económica del presidente Hugo Bánzer, a la cabeza de cortes de ruta y otras formas de protesta en el altiplano que terminaron contribuyendo a la dimisión del ex dictador en 2001.

“Nosotros solíamos llegar con las manos vacías, hambrientos como un perro vagabundo, así hemos andando, en las comunidades nos daban de comer. Ese trabajo viene de los años ‘70. No ha caído del cielo, no es milagro, tampoco los maestros dioses nos lo han dado… En esa época hemos caminado comunidad por comunidad hablando en aymara, en nuestro idioma. Eso tenía que desatarse en una guerra civil, en una lucha armada, pero como nos han capturado, la cosa sequedó ahí. Cuando he salido de la cárcel como dirigente teníamos que rearticularnos, reactivarnos”, recuerda el Mallku.

“Pero fue sencillo, ya estaba trabajado… Para organizamos en común nos copiamos de nuestros antepasados, del inca, de la mita [trabajo comunitario y rotativo]. Por ejemplo, tres comunidadesentraban a bloquear el camino a las 7:00 de la mañana y se quedan todo el día y toda la noche. Y al día siguiente, a las 7:00 salen y otra comunidad llega y releva. Si están todos los días se cansan. En cambio, con tropa fresca no”.

En abril de 2000, mientras vecinos, regantes y cocaleros paralizaban Cochabamba hasta echar al consorcio de multinacionales Aguas del Tunari, se generalizaban los bloqueos en las provincias del altiplano paceño. Además de antiguas reivindicaciones educativas y económicas relacionadas con eldesarrollo rural, la población indígena y campesina se movilizó contra una ley que abría las puertas a la privatización del agua, un recurso que hasta entonces era gratuito para los campesinos.

“Tuvimos que detener ese proyecto de ley que ya estaba entrando al Parlamento, aplazarlo, hasta hoy, porque nos querían cobrar el agua”, cuenta el Mallku. “Dice nuestra gente: ‘Estos españoles, estos q’aras, han venido acá a hacernos trabajar para ellos, a hacernos pagar impuestos, nosotros novamos a pagar, que paguen ellos, que son los inquilinos’. Ésa es la idea, pero que Álvaro García y los otros no han captado porque no saben aymara”. Además de las demandas concretas, el alzamiento incorporaba la reivindicación de “la nación aymara”, la creación de un nuevo Estado indígena ante la incompatibilidad de las “dos Bolivias”.

Tal como documenta la socióloga Carmen Rosa Rea Campos, el levantamiento indígena, que duró once días, tuvo características sui generis: por primera vez se ejecutaba el “Plan Pulga”, como lo denominara Felipe Quispe, “consistente en el bloqueo de caminos de manera extensiva a lo largo y ancho de las carreteras donde las poblaciones rurales tuvieran acceso para el ‘sembrado de piedras’. A esta estrategia se incorporaron otras como la suspensión del envío de productos agrícolas a los centros urbanos”. Para esta socióloga, la postergación de la ley de agua y el compromiso del Gobierno de cumplir las demandas de desarrollo rural significaron “una victoria política, pues el ‘indio’ había doblegado la fuerza estatal y los había obligado a conocer la realidad campesina/india que desconocen”.

El epicentro de todas las batallas

A este “primer ensayo”, como lo denominó entonces Felipe Quispe, le siguió un nuevo levantamiento. “Para nosotros, los ministros de Estado, así se llamen de izquierda o derecha, son lomismo. Ellos han estudiado en las universidades de privilegio de EE UU y Europa, se preparan para manejarnos, para matarnos”, dice el Mallku. “Ellos decían: ‘vamos a cumplir, vamos a traer tractores, ustedes van a tener una universidad, ustedes van a tener seguro social indígena originario, ustedes van a gozar de banco propio, van a tener caminos, etcétera’. Pero nosotros les dimos 90 días de término, un ultimátum. El Gobierno no cumplió y entonces estuvimos obligados a salir nuevamente a bloquear los caminos y las carreteras, y cercar la ciudad de La Paz, no dejar que entre ningún producto agropecuario”.

El nuevo levantamiento, iniciado en junio de 2000 y radicalizado en septiembre, se extendió a todo el país. Al “sembrado de piedras” en las rutas que llegan a La Paz se unieron los cocaleros de Evo Morales, que bloquearon las carreteras que unen Cochabamba con la capital y con Oruro. Evocando el cerco de Tupaj Katari de 1781, la capital quedó completamente incomunicada. Sólo los aviones Hércules de las Fuerzas Armadas podían entrar a La Paz con provisiones.

El “epicentro de todas las batallas” fue la localidad de Achacachi, a orillas del lago Titicaca. “En Achacachi hemos destruido todos los poderes estatales, ya no había juez, ya no había policía, no había tránsito, no había [sub]prefecto, ya no había nada. Todo indio. Y lo administraban los dirigentes del lugar”, rememora Quispe. “El levantamiento de Achacachi es la toma del poder total. Hay que ser dueño del poder, incluso de sí mismo y volver al Qollasuyo [denominación inca del occidente boliviano], no a Bolivia”, sentencia.

Desde la expulsión de las instituciones republicanas de Achacachi se instauraron las autoridades tradicionales comunitarias. “El policía trae ladrón; el Ejército, guerra y el subprefecto, corrupción”, dijo entonces el Mallku ante las acusaciones de la prensa de que Achacachi se había convertido en “una ciudad sin ley”. Los intentos del Ejército de ‘recuperar’ Achacachi y sus alrededores llevaron a la creación del Cuartel General de Qalachaka, situado a la entrada del pueblo. “Para impresionar a la prensa poníamos armas viejas de la segunda guerra mundial, armas que utilizaron los alemanes –ésas las tenemos todavía–, y sobre esas las armas automáticas y, más arriba, armas más pesadas, por eso el Ejército tenía miedo de entrar, porque nosotros teníamos gente preparada”, dice el Mallku.

En julio de 2001 los tanques del Ejército rodeaban Achacachi para poner fin al levantamiento. Pero no consiguieron entrar en la ciudad ni deponer el control comunal de la administración de la zona. “En 2001 en Huarina, mataron a nuestros hermanos, los bombardearon, han utilizado tanques, ametralladoras, aviones… Hubo muchos muertos, aunque nosotros también matamos”, dice el Mallku. Ninguno de los Gobiernos posteriores consiguió entrar en Achacachi. Hasta la llegada de Evo Morales. “Cuando el Evo llegó ha puesto todo, todo completo, ahora hay Ejército, hay Policía…”, se queja el Mallku.

El segundo cerco a La Paz

Tras el éxito del bloqueo, en noviembre de 2000 Quispe formó su propio partido político, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP). En las elecciones nacionales de 2002 obtuvo el 6% de los votos y seis diputados, él entre ellos. Sin embargo, los conflictos internos y las acusaciones cruzadas entre los diputados del MIP colocaron al partido en una situación de crisis. Años después Quispe dimitió de su cargo al no considerar al Parlamento una institución legítima.

El auge de la figura de Evo Morales y el MAS, que superó el 20% en las elecciones de 2002, con un discurso menos etnicista y radical, comenzó a quitarle protagonismo a Felipe Quispe. Sin embargo, el Mallku cumpliría todavía un papel importante en las masivas movilizaciones del año siguiente, en la ya histórica Guerra del Gas.

El estallido social estuvo precedido de una serie de movilizaciones, en un principio independientes entre sí. Ante la amenaza de un aumento de impuestos a la vivienda, los vecinos de El Alto hicieron retroceder al alcalde José Luis Paredes. El 8 de septiembre, Felipe Quispe, como líder de la CSUTCB, encabezó una marcha a La Paz para exigir la liberación del líder campesino Edwin Huampo, acusado de haber participado en un acto de justicia comunitaria que concluyó con la muerte de dos presuntos ladrones de ganado. El 10 de septiembre, el Mallku inició una huelga de hambre junto con centenares de campesinos en la radio San Gabriel de El Alto por la liberación del dirigente entre otras históricas demandas.

El asesinato por parte de la Policía de cuatro indígenas en un bloqueo cerca de la localidad paceña de Warisata el 20 de septiembre provocó la furia de la población aymara, tanto del altiplano como de El Alto y enardeció las protestas exigiendo el cumplimiento de los acuerdos firmados en 2002. El proyecto de exportar gas a Estados Unidos a través de Chile, sin industrializar y con unos beneficios mínimos para el país terminaron de crispar el ambiente. A una manifestación masiva convocada el 19 de septiembre, se le sumó la huelga general convocada por la COB. Los mineros de Huanuni con sus mujeres comenzaron la marcha hacia La Paz. El paro cívico decretado por todas las organizaciones sociales a partir del 8 de octubre estuvo acompañado por bloqueos de caminos de los cocaleros en Cochabamba y en los Yungas, y de los campesinos de la CSUTCB de Felipe Quispe en el resto de los accesos a la ciudad de La Paz.

A medida que se generalizaban los cortes de ruta y comenzaban a escasear los alimentos y el combustible en La Paz, las reivindicaciones se concentraron en la renuncia de Sánchez de Lozada, la convocatoria de una Asamblea Constituyente y un referéndum por la soberanía de los hidrocarburos. “Fue un salto cualitativo”, recuerda Quispe. En los días siguientes la represión del Ejército y la Policía hizo que se generalizaran los bloqueos y el levantamiento vecinal en El Alto.

Las organizaciones sociales quedaron sobrepasadas por la población, al igual que líderes como Felipe Quispe, a quien la prensa se empeñaba en señalar junto con Evo Morales como los únicos responsables de la revuelta. Tras marchas, batallas campales, bloqueos y 65 manifestantes muertos, el 17 de octubre Sánchez de Lozada presentó su renuncia. Esta vez, el cerco a La Paz había conseguido sus objetivos.

Tras un inicial apoyo al nuevo Gobierno de Carlos Mesa, que prometió dar solución a muchas de las demandas campesinas, Felipe Quispe no tardó en convertirse en un férreo opositor e incluso llegar a una efímera alianza con Evo Morales para acabar con su Gobierno. Sin embargo, las elecciones de diciembre de 2005 sellaron el fin de su carrera parlamentaria: el MIP apenas consiguió el 2,15% de los votos. Evo Morales se había convertido en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia con el 54%.

El nuevo Gobierno asumió muchos de los símbolos y discursos del katarismo y el indianismo, entre ellos la apelación al pasado precolonial o términos como “socialismo comunitario” o “Estado plurinacional”. Pero para el Mallku, esos símbolos han sido vaciados de contenido. “Están hablando de un Estado plurinacional, pero es un Estado controlado nada más que por ellos. Nosotros queremos nuestro propio Estado, controlado por nosotros, no un Estado blanco, un Estado q’ara. Evo es bolivianista. Si Tupaj Katari viviera al Evo Morales le hubiera llevado a la horca o a la punta del cuchillo”, dice Felipe Quispe. “Era más fácil combatir al neoliberalismo, porque no está encapuchado”, reconoce.

El Mallku compara los últimos años de Gobierno de Evo Morales con una época histórica que conoció bien: “Evo prácticamente ha anulado a los movimientos como en los tiempos del pacto militar campesino. Hay unos cuantos perros que ladran, pero no muerden”. Sin embargo, admite que tras el gasolinazo de diciembre de 2010 algo ha cambiado. “No es que hayan despertado. Siempre estaban mirando de un lado sólo, porque el otro ojo estaba cerrado a lo que estaban haciendo los masistas”, apunta. “Yo creo que viene un movimiento más fuerte, yo no soy el único que está hablado de eso. Es un movimiento de abajo, no de arriba. El temblor siempre viene de abajo, no de arriba”.

La herencia del Mallku

Pese a su distanciamiento de la alta política, el Mallku sigue siendo una figura polémica. Su discurso indianista y su denuncia de la persistencia del colonialismo sigue representandouna amenaza para ciertos sectores de las clases altas y medias. Una encuesta de febrero de 2011 revelaba que Felipe Quispe era la tercera persona peor valorada en once barrios de La Paz, sólo superado por Evo Morales y García Linera.

“Hemos tumbado a tres gobiernos y para eso hay que seguir trabajando, seguir organizando, seguir preparando, porque nos toca a nosotros. Sólo el pueblo libera al pueblo”, dijo el Mallku en un reciente congreso del periódico katarista Pukara. “¿Quién va a trabajar para nosotros, sino nosotros mismos?, ¿quién va a reideologizar, reindianizar al pueblo?, ¿esos señores que están hoy en Gobierno?”.

El Mallku nos ofrece parte de su filete a la plancha. “Prácticamente desde el año 2000 hasta 2005 nosotros hemos aniquilado a los partidos políticos de derechas. Por eso es que están arrinconados en este momento. Pero sus cachorros están en el Gobierno”, dice Quispe mientras termina su gelatina.

Para Denise Y. Arnold, en su estudio sobre las identidades regionales en Bolivia, “el Mallku impulsó a los actores sociales de la región a replantearse su pasado sindicalista y recuperar la estructura de los ayllus como la forma identitaria política más apropiada para una nueva fase de lucha política en el periodo 2000-2005”.

Felix Patzi, ministro de Educación en los primeros años del Gobierno del MAS, comparaba en el mismo congreso katarista la aportación de las dos figuras más importantes del reciente ciclo de movilizaciones. “Creo que el Evo, igual que Felipe Quispe, ya cumplió su misión histórica. La misión histórica de Felipe Quispe, en los años 2000 al 2002, fue el haber levantado el orgullo indígena en el campo y en la ciudad. La generación nueva es tributaria de esa misión histórica exitosa. La misión histórica de Evo Morales fue la de haber derrotado a la derecha el año 2005 y en otras elecciones democráticas. Siempre vamos a recordar el éxito de esa misión, pero creo que ya notiene capacidad para cumplir otra misión histórica, la de concluir las transformaciones profundas, estructurales, que el país necesita”.

Texto: Bolpress

Foto: eabolivia

martes, 6 de septiembre de 2011

José Yamangay: “Antes de nacer ya era esclavo; luche 15 años, hoy soy libre”



Texto: Andrés Gómez Vela

Tiene ojos negros que traslucen inteligencia y una energía contagiante; de estatura pequeña (casi 1.65 metros), cara redonda, que aparenta más de sus plenos 39 años, de los cuales 15 se pasó luchando por la libertad de sus hermanos Guaraníes en el Alto Parapetí, provincia Cordillera, Santa Cruz, Bolivia. José Yamangay, así se llama, y tiene una voz de profeta cuando cuenta su historia y de guerrero guaraní cuando deletrea el futuro.

En ninguna de sus palabras destila odio hacia los ex patrones, sino una especie de indulgencia del sabio al ignorante del valor de la humanidad. Te puedes pasar horas charlando con él, no solo por su narrativa, sino por su apabullante espíritu iyambae (sin dueño).

Erbol (E): José ¿eras esclavo?

José Yamangay (JY): Desde antes de que nazca, mi madre, mi abuela, mi bisabuela siempre trabajaban en la hacienda de Aniceto Curucuy, hay testimonios, documentos, pruebas contundentes.

E: ¿Cómo era tu vida de esclavo?

JY: No permitían el ejercicio de nuestros derechos, trabajábamos en las haciendas sin remuneración, sin ningún beneficio social, comíamos en batea, como comen los perros, incluso éstos comen mejor, ¿no?

E: ¿Qué comían las familias que vivían en esas condiciones?

JY: Frangollo, kumanda (frejol) y sal; charke sólo a veces; fue el trato real que lo hemos vivido en el Alto Parapetí, yo lo he vivido; peor habrá sido (la vida de) los hermanos más mayores, más ancianos, fue triste la situación, por eso los hemos considerado como familias empatronadas, no había una persona que libremente pudiera ejercer o practicar su derecho.

E: ¿Ibas a la escuela, José?

JY: Había educación, pero también se tenía que trabajar, alguna vez no iba a la escuela porque tenía que trabajar; los patrones decían que si íbamos a la escuela nos íbamos a volver flojos, querían que ayudemos a ganar la comida.

E: ¿Recibían un sueldo tus padres?

JY: Mis padres nunca recibieron un sueldo

E: ¿Conocías el dinero o cuándo lo conociste?

JY: Cuando ya era peón empecé de cinco pesitos (bolivianos), antes (mis padres y hermanos guaraníes) nunca recibían nada a cambio; sólo trabajaban a cambio de ropa cada año, cada arete que le dicen; era más jodido en tiempo de mi abuelo, mi bisabuelo, he visto cómo mi padre ha sido huasqueado en 1991 en la hacienda de Aniceto Curucuy.

E: ¿Por qué lo azotaron?

JY: Lo azotaron (sólo) por abusivos, sin motivo, él trabajaba fuerte en la vaquería, él ha hecho harto ganado, y yo trabajaba con él, tras de mi padre.

E: ¿Qué otros tipos de abusos sufrían las familias empatronadas?

JY: Cuando trabajaba, cuando quería trabajar para mí me lo impedían; (cuando) iba al chaco y estaba trabajando para mí, (me decían): “con que usted trabajando (para ti), primero (debes trabajar) para el dueño de la tierra, después si sobra tiempo (recién) para usted”. A veces uno se retrasa, entonces nos decían: “ustedes serán dueños de la tierra ¿no? para que lleguen a esta hora; ahora, si quieren trabajar, trabajen, sino váyanse ahorita, sin derecho a nada”. No te consideran como persona.

E: ¿Y las mujeres qué hacían, qué trabajos obligados hacían ellas?

JY: La mujer (estaba) en la cocina todo el tiempo; (durante el) tiempo de pallada (cosecha) del maní tenían que estar todo el tiempo en el chaco pallando, los niños igual, ayudando…

E: Dijiste que lo peor es tener miedo a la libertad, ¿cuándo superaste el miedo?

JY: (Lo superé) cuando ya era dirigente, cuando asumí el liderazgo en la capitanía del Alto Parapetí para conducir la organización, tenía mis 22 años, ahora tengo 39. Desde entonces eliminamos y rompimos el miedo, sino no hubiéramos hecho nada porque te perseguían, te amenazaban a muerte los patrones; entonces era sentirse fuerte y no quedarse quieto porque quedarse quieto era como tener miedo nomaj puej, (era) no hablar nada, no decir lo que existe, no denunciar, rompí eso y empecé a denunciar, por eso fui perseguido, fui tratado de esa forma.

E: ¿Cuánto ha cambiado tu vida desde aquel entonces? ¿Cuál la diferencia entre el José empatronado y el José libre?

JY: (Sonríe) Uhhh, ucha, como usted me ve aquí, ahora todo está tranquilo puej; puedo ejercer mi derecho a decidir, compartir, conversar con usted, con todos mis amigos, con todas las personas que me rodean, puedo trabajar, puedo ir a mi comunidad a cualquier hora y no como antes, cuando todo estaba cerrado, todo bajo candado, (hoy) cualquier persona puede ingresar a nuestra comunidad libremente. Ahora, conversamos entre nosotros o con otros, comemos, compartimos, tomamos lo que haya. Todo depende de nosotros, por ejemplo, nuestros asuntos internos, es cuestión de organizarse, acomodarse y trabajar, nada maj, eso es libertad, ya no depender de nadie.

E: Me ha informado que aún hay personas esclavas ¿cuántas personas vivían?

JY: Han sido liberadas 40 familias en Caraparicito; 60 en San Isidro; 60 en Buena Vista; pero todavía hay 80 familias empatronadas en Huaraca.

E: ¿Qué falta para que sean plenamente libres?

JY: Falta que el Tribunal Agrario emita un fallo en favor de la TCO y que se agoten todas las instancias competentes, ellos pueden seguir presentado sus recursos, pero ya no hay razones, (sólo) falta cumplir los procedimientos, el Gobierno tiene que dotar Huaraca al Pueblo Guaraní y es lo último.

E: ¿Qué siembran ahora que son libres?

JY: Ahora sembramos maíz, un poco de poroto, es la comida que acompaña, la típica.

E: Claro, es de ustedes todo el producto y ya no comen en bateas

JY: (Se ríe) Si queremos comer en bateas, para recordar, yo puedo comer, (pero) nadie me lo va a vaciar la comida (como antes), yo puedo vaciármelo después de cocinármelo a mi gusto y ya no un patrón.

Y lo mejor es que los niños van a la escuela (sin tener que trabajar); tenemos profesores guaraníes, antes no los teníamos. Estamos en este proceso, se llama proceso de liberación, es un proceso que nunca termina.

Click, apagamos la grabadora. José nos dice gracias y se arregla su mayestático sombrero chaqueño, cuya parte plegada lo lleva en la parte trasera porque no estaba entrando al monte, al menos en ese momento, seguramente, lo cambiará hacia adelante cuando ya le toque galopar entre los árboles y arbustos del Chaco boliviano.


Texto y foto: Erbol

lunes, 29 de agosto de 2011

Camila Vallejos: La perra que da rabia



Verónica Gago



LA JAURIA TIENE QUIEN LA GUIE


Sobre Camila Vallejo, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, han caído las furias más misóginas y conservadoras desde que se puso al frente de una movilización que no cesa y que ha puesto negro sobre blanco no sólo las inequidades que plantea el modelo educativo del país vecino, sino las que afectan a toda la sociedad. Comunista, con una clara conciencia de género, Vallejo sabe ahora que los prejuicios que hasta hace poco enunciaba en sus discursos tienen otro peso cuando se viven en carne propia. Aunque esta experiencia tampoco la obliga a retroceder.

¿Será que su cara bonita desentona con el vocablo comunismo? ¿Será que su locuacidad y firmeza al hablar no se corresponden con su juventud? ¿Será que su cargo como líder estudiantil no combina con la soltura ante las cámaras de TV? ¿Será que su informalidad al vestir es un contrapunto llamativo con un rostro siempre cuidadosamente maquillado? ¿Será que una sociedad como la chilena espera que chicas como ella mueran por ser modelos o funcionarias pero que les resulta insoportable que una universitaria de clase media se consagre como agitadora? Especulaciones para entender por qué Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh), se ha convertido en líder indiscutida entre sus pares y, a la vez, en blanco de vapuleos y amenazas desmedidas. Como si el tono llevadero que trasuntan sus afirmaciones ideológicas y la serenidad con que entona su intransigencia provocaran una profunda ira.

“SE MATA A LA PERRA Y SE ACABA LA LEVA”


Sólo así se explica que la secretaria ejecutiva del Fondo del Libro, funcionaria del Ministerio de Cultura, haya tuiteado: “Se mata a la perra y se acaba la leva”, refiriéndose a Camila Vallejo. Tatiana Acuña Selles, la funcionaria en cuestión, ya fue removida del cargo, luego de que decenas de artistas se manifestaran públicamente en contra de sus dichos. Fueron también funcionarios jóvenes los que pusieron a circular la dirección y el teléfono de Vallejo, en clara promoción de amenazas. Esos datos fueron propagados por @derechatuitera, cuyos administradores también debieron disculparse luego con la dirigente.


Esa frase tiene un antecedente memorable: se dice que fue pronunciada por Augusto Pinochet cuando informó de la muerte de Salvador Allende. Ximena Valdés, directora de Cedem (Centro de Estudios para el Desarrollo de la Mujer) escribió un artículo donde repone todos los supuestos de esa expresión afín al veloz formato de los 140 caracteres: “Cuando las mujeres se quedaban sin hombre en el campo chileno y, sobre todo, en las grandes haciendas, se decía: ‘Se mata la perra y se acaba la leva’. Normalmente los patrones casaban a las viudas y a las niñas solteras para que no se alterara el orden sexual de los campos y así, bajo el matrimonio a menudo impuesto, a cada hombre su correspondiente esposa. A las mujeres sin el control sexual del esposo se las veía como peligrosas, a más que desviaban a los hombres de sus obligaciones laborales. Tal como los períodos de celo de los caninos, se pensaba que liquidando a la hembra los perros acallarían sus instintos sexuales y ya no se verían esas grandes levas de perros machos aullando tras las perras en celo. (...) Que una funcionaria de este régimen extraiga de la vieja doble moral hacendal este principio autoritario propio de las lógicas de dominación del viejo Chile tradicional para referirse a Camila Vallejo constituye una pieza maestra vergonzante de la agazapada cultura autoritaria que hoy emerge con fuerza bajo las derechas en el poder. (...) Ni perra ni leva, señora secretaria ejecutiva del Consejo del Libro. Se acabaron los inquilinos. Se acabó la cabeza ‘gacha’ y aunque los dueños de Chile estén en el gobierno, lo que Ud. llama leva no parece estar dispuesto a obedecerles”.


El padre de Camila, en declaraciones a la revista Cambio21, responsabilizó al gobierno y mostró su preocupación no sólo por su hija sino por todos los estudiantes involucrados en el movimiento. “Esto es preocupante porque hay cabros que están más desprotegidos que ella, que no están a la cabeza del movimiento y que son igual de importantes que ella. Esto les debe estar pasando a otros estudiantes”. Y agregó: “El gobierno con sus llamados de represión les da piso a desequilibrados que pueden hacer cualquier cosa pensando que están avalados por la autoridad. Si le pasa algo a Camila, el responsable es el gobierno. El está dando carta blanca para que ocurra cualquier cosa”. La Corte de Apelaciones de Santiago acaba de desestimar un recurso de amparo preventivo presentado por los padres de Camila, que buscaba proteger su integridad física.


También el vicepresidente de Renovación Nacional, Juan Pablo Camiruaga, a través de Twitter, agredió e insultó a Vallejos: cuando la líder convocó por su cuenta al “velatón por la educación” frente a la casa de gobierno, Camiruaga le respondió: “¿Qué velatón? Andate a dormir a tu casa, ya nos aburriste, déjate de desordenar el país, ¡cabra de mierda! Los demás trabajamos”. Por las repercusiones inmediatas, el funcionario debió disculparse: “Lo de cabra de mierda estuvo de más, pido disculpas. Pero basta de tanto show y dialoguen. Yo sí quiero mejor educación”, dijo. Un poco después agregó: “Mis dichos fueron un poco machistas. Insisto en las disculpas”.

CHICA DE TAPA


La revista femenina Paula le ha dedicado una nota glamorosa. Con foto de fondo rojo, vestido negro corto y brillante y borceguíes, Camila encaja perfectamente como una cover-girl... roja. Por eso el título de la nota es “Compañera Camila”. El desfase mismo es la noticia: chica linda que posa pero que se considera una “compañera”. Finalmente, expone Vallejo, la belleza puede ser una táctica mediática: “Porque era bonita, me invitaban”, declaró frente a la pregunta por el interés que generó en los medios. De esa nota es una frase suya que ha rebotado sin parar: “Objetivamente soy bonita y no tengo problemas en decirlo, pero yo no decidí cuál iba a ser mi apariencia. Lo que sí decidí es cuál es mi proyecto político”. Obviamente, lo que ha rebotado es la primera parte de su declaración.


Vallejo Dowling ya tiene una biografía conocida. Hija de padre y madre militantes comunistas, estudiante de la carrera de geografía, y segunda mujer que llega a presidir la FECh en su siglo y pico de existencia. Escucha trova pero también The Doors. Leyó a Bakunin pero se decidió por las filas del PC. En fin, como se hace siempre, se busca encontrar la receta retrospectiva: indagar en los componentes biográficos que dan lugar a ese compuesto tan llamativo capaz de arengar a miles y miles de jóvenes y de mostrar en las calles los límites del neoliberalismo en el país una y otra vez promocionado como el exitoso de la región.


En este punto, entre Santiago, Londres y Madrid hay conexiones evidentes. El peso de las hipotecas para los europeos es similar al peso con que las deudas del sistema universitario chileno hipotecan el futuro de los estudiantes. Los movimientos sociales y la llamada nueva izquierda de los últimos años fue criticada por su incapacidad de coordinación y de unidad una vez que estaban desechados (o por lo menos criticados) los dispositivos partidarios. La coordinación por redes sociales muestra una fuerza inmaterial de conexión, una destreza organizativa y de acción que no puede ya simplemente menospreciarse con el clásico mote de espontaneísmo. Los meses de movilizaciones en las calles, a uno y otro lado del Atlántico, también obligan a replantear la idea misma de que este tipo de manifestaciones no logran durar.


A un año de la estampita del presidente Piñera abrazando a los mineros rescatados, como en una película de Hollywood andino, ahora la figura se invierte: a quien soñaba consagrarse como patriarca ecuánime de un país modelo, recién estrenando su ingreso a la OCDE –Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que integra también la Comunidad Europea, Estados Unidos y Japón entre treinta países–, se le está incendiando el rancho. Fabiola Gutiérrez, periodista del Observatorio de Género y Equidad de Chile, en una entrevista realizada a Vallejo subraya la transversalidad del movimiento y su capacidad de mostrarse como síntoma de una crisis mayor. Explica la joven: “Este es un momento histórico, existe una movilización social de una masividad impresionante, que no se había visto desde el retorno a la democracia y su transversalidad supera el carácter gremial de sus reivindicaciones, la que ha podido converger con otros actores por demandas mucho más profundas al modelo educacional. Eso queda reflejado en que hoy día se suman profesores, académicos, funcionarios, trabajadores, estudiantes secundarios y otros sectores del ámbito productivo del país. Porque constatamos que existe una crisis en la educación y entendemos que es una crisis del modelo, ésa es la raíz del problema. Una crisis del sistema político, con una Constitución Política vigente que fue hecha entre cuatro paredes, funcional al Parlamento y un Tribunal Constitucional intervenido, pero tener una Constitución tan antidemocrática en el tiempo, se hace insostenible”.


Más adelante, Vallejo propone una renovación de la rígida institucionalidad chilena, cincelada en el pinochetismo, a través de una Asamblea Constituyente, siguiendo los pasos de quien es uno de sus confesados referentes políticos, el presidente Evo Morales.

LIDERAZGO GENERACIONAL


En Chile acaba de cumplir 20 años el Servicio Nacional de la Mujer (Sernam), una entidad importante y pionera impulsada por el movimiento de mujeres y luego lugar de elaboración de programas, leyes y campañas comprometidas con la igualdad de género. Desde distintas agrupaciones feministas, coinciden en diagnosticar que tal institución está amenazada actualmente por las orientaciones del gobierno de Piñera. Sobre este punto también ha opinado Vallejo: “El Sernam que era ya no existe. Ha sido absolutamente cooptado por la derecha y sus políticas reaccionarias. Me refiero en este aspecto a que este servicio está sufriendo un desmantelamiento institucional evidente, que se debe a una clara intención del actual gobierno por echar pie atrás a las distintas iniciativas que se han impulsado en los últimos gobiernos y obstaculizar todo intento progresista en materia de igualdad de género y derechos de la mujer. Es la clara expresión de un gobierno que además de neoliberal, es ultraconservador, queriendo instaurar a ultranza su modelo de familia ‘bien constituida’ sin ser capaz de reconocer la diversa realidad familiar existente en Chile y el mundo”.


Angélica Willson, antropóloga especialista en cuestiones de género, sostiene ante Las12: “Hay que revisar el discurso de Camila Vallejo cuando asume la presidencia de la FECh en noviembre del 2010. Allí puede verse por qué su liderazgo ha generado múltiples reacciones, porque en Chile casi habíamos olvidado este tipo de liderazgo, que se asume desde un compromiso colectivo y de una responsabilidad ética de las nuevas generaciones. Desde allí es capaz de hacer política e interpelar a la sociedad chilena para que juntos podamos construir un proyecto de país más justo, equitativo y democrático y ha sido justamente el movimiento de estudiantes el que ha tomado la palabra, para decirnos que no sigamos siendo complacientes”.


En relación con la reiterada alusión a la cara bonita de la joven dirigente, Willson subraya: “Las mujeres seguimos luchando por nuestros derechos y no podemos aceptar que se banalicen los liderazgos femeninos con argumentos que apelan a la ‘belleza, el atractivo físico o la fealdad’. Aquí estamos hablando de mujeres, de líderes con pensamiento crítico, de mujeres jóvenes que asumen el desafío y el compromiso de aportar los cientos de granos de arena que necesitamos para construir una sociedad más solidaria y democrática”.


Las frases que Willson recomendaba especialmente de ese discurso inaugural de Vallejo dicen: “Las mujeres seguimos sufriendo hoy día todo tipo de discriminaciones, a la hora de buscar trabajo, en los planes de cobertura para nuestra salud, en la escala de sueldos, incluso a la hora de participar en política. Tan solo ayer leía unas ideas que quisiera poder trasladarles en este momento, ya que me parecen esclarecedoras respecto de lo que les quiero decir. Abro comillas: ‘De la mujer se sospecha cuando es joven porque desestabiliza a la manada y se le rechaza cuando los años pasan porque ha perdido competitividad. Es excomulgada por fea y también cuando es bella. En el primer caso se dice que es repulsiva, en el segundo provocadora. Cuando no es lo uno ni lo otro la tildan de mediocre’, cierre de comillas”. Ahora le toca en carne propia a la joven Camila Vallejo enfrentar y desmontar esos prejuicios que hasta algunos meses leía y citaba entre comillas.



Texto y foto: paper blog revista femenina

jueves, 3 de febrero de 2011

Encomio del Panka Anaya


Ramón Rocha Monroy

La muerte de un Anaya es y será un acontecimiento. Los hermanos del clan, que tantos valiosos aportes hicieron a la cultura y el pensamiento del país desde los inicios del siglo XX, fueron longevos; a Dios gracias todavía vive doña Teresa, aunque invocar a Dios parezca extraño en esta familia de agnósticos. Uno visita la tumba del mayor de todos, de Ricardo Anaya Arze, y queda sorprendido por la extrema austeridad de la losa y del jardín en el cual suelo depositar una flor.

Más visitado pero igual de enigmático es el último refugio de Franklin Anaya Arze, donde uno puede hallar múltiples alusiones a la Divina Proporción pero ni asomo de cruz u otro signo religioso. Don Franklin tenía otra interpretación de la trascendencia de la cruz: la encrucijada de la materia y el espíritu, cuya sombra es el símbolo universal del error: una equis; el error que es el origen del conocimiento.

Pienso esto al lamentar la muerte de mi amigo Franklin Anaya Vásquez, el Panka Anaya, que nos obliga a recordar su presencia axial en la lucha por la democracia en Bolivia. Lo conocí en el exilio en México, cuando habitaba un departamento en la Villa Olímpica que se parecía a un dibujo de niño: cama, mesa, silla, cosas elementales de un militante de paso que ansía volver a la lucha en su país. El único adorno era una alfombra extensa color naranja, premonitoria de la marejada popular que se extendería en Bolivia dos años después.

Su militancia revolucionaria había comenzado en la Universidad de La Plata, si no antes, cuando algunos estudiantes bolivianos fundaron el Grupo Siglo XX, que fue capital para la conformación de la UDP. La resistencia contra la dictadura de Banzer desembocó en las elecciones del 78, 79 y 80, en las cuales la UDP demostró la importancia de la conformación de un frente amplio de izquierda para responder a la vocación democrática del pueblo boliviano. Se vino la asonada del 80 y la postergación sangrienta de la democracia, pero aquel 10 de octubre de 1982 el regocijo de los bolivianos era indisimulable cuando el Dr. Hernán Siles Zuazo llegó al Aeropuerto de El Alto para hacerse cargo de la Presidencia e inaugurar el proceso democrático que todavía disfrutamos.

En la lucha, en el exilio y en el gobierno, el Panka Anaya fue fiel a sus principios más antiguos, a la vida clandestina y a la lucha revolucionaria. Allí podemos hallar el origen de dos, entre muchos, momentos cruciales de su vida: el primero, haber sido el primer embajador boliviano en Cuba, cuando el Dr. Siles Zuazo reinició las relaciones diplomáticas; y el segundo, haber sido el artífice de la devolución de los restos del Che Guevara, que hoy descansan en un memorial construido en Santa Clara, Cuba.

Allá por 1992, don Franklin y doña Amandita, sus padres, llegaron a México y tuve ocasión de visitarlos. Doña Amandita me usteaba, momento en el cual llegó Panka y le dijo: “Pero, mamá, cómo lo vas a ustear al Ramón”. Palabras que se me escapaban de la boca y que Panka las capturó al vuelo. Pocas veces como ésa estuve tan cerca de esta familia entrañable.

Pachita, su hermana, cuenta que don Teófilo Vargas les hizo a ambos hermanos una prueba de aptitudes musicales y, al término, sentenció: “Tú, Pachita, a estudiar piano; tú, Panka, a jugar fútbol.” ¡Extraños atributos de una familia que ha dado músicos y musicólogos de gran prestigio y también seres musicales y armoniosos en su arquitectura mental sin tener oído, ni voz! Panka era de estos últimos, más hecho de silencios que de frases, pero su voz política cómo sabía poner los puntos sobre las íes. No vamos a turbar su descanso final preguntándonos por qué militó al final en el neoliberalismo, pues más bien quisiéramos recordarlo en sus momentos más luminosos y perdurables.

Murió el Panka y uno siente, sobre todo, que acaba de morir un Anaya, detalle importante en un país que debe tantos servicios a esta familia con un siglo de militancia en el movimiento popular.

Texto y foto: Bolpress
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