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martes, 24 de abril de 2012

IX Marcha Indígena

Pablo Cingolani

Que la historia se repite no es un decir... Los que marchan, hombres y mujeres, niños y ancianos -no el poder, no los burócratas, no las estampitas- son los que van a decidir si lo que viene es tragedia, farsa, epifanía, encuentro, epitafio...

Ay en defensa de la CIDOB

Que la historia se repite no es un decir

Primero lo dijo Hegel –tras asegurar que los pájaros de la Amazonía cantarían mejor si los indios desapareciesen

Luego lo dijo Marx –y corrigió y aumentó a su maestro proclamando

Señores: la historia se repite: primero como tragedia, luego como farsa

Alguien, yo también, corregimos y aumentamos al autor de El Capital

Señoras, sabemos los de aquí: la historia se repite: primero como tragedia y luego como tragedia

Puesto en valor geológico el asunto

Ni Hegel ni san Marx ni sus epígonos ni los demás santitos

Pueden entender que Esto Es Bolivia –EEB

Y que aquí si la historia se repite como farsa o como tragedia

Es, ante todo, cuestión de estado, de gobierno, del poder

De los que mandan

Que los mismos pies vuelvan a repetir la travesía, la épica, la alegría, el drama

Que a la octava marcha en defensa del TIPNIS

Siga la novena marcha en defensa del TIPNIS

Es otra cuestión

No de estado, no de gobierno, no del poder

Es cosa de hombres y mujeres

De niños y ancianos

Que ya no quieren que se repita la historia

Que están dispuestos a hacer un tajo entre las tragedias y las farsas

Que la lógica occidental –la del señor Hegel, la del señor Marx

Un día encuentre, un día le nazca, le crezca, se le enraice otra lógica

La de los pies de los que marchan

Ellos son los que van a decidir

No el poder, no los burócratas, no las estampitas

Si lo que viene es tragedia, farsa, epifanía, encuentro, epitafio

O qué será

Vayan, señores y señoras, a preguntarles a los pies de los que marchan

Qué carajo será Lo que se viene

Lo que está a punto de empezar

El poder, este poder –que es una farsa

Todo poder es una farsa diría mi amigo anarquista

Los ha querido dividir, comprar, humillar, denigrar, confundir

Los ha buscado engañar, corromper, despellejar, desalmar, desorganizar

Los ha querido heridos, batidos, moribundos, agónicos, pidiendo pita y antenas de ENTEL

Los ha querido arrodillados, aplaudiendo, acusándose, mortificándose, matándose entre ellos

Los ha querido rendidos, mutilados, cagados, recagados por la historia y las circunstancias de esta puta historia plurinacional

Los ha vuelto a querer invisibles, olvidándose, prometiéndose, perdonando Las ofensas de Chaparina y de todos estos años y siglos

Sin saber, sin sentir, que lo único que se merecen

Las personas, los pueblos y los dioses es RESPETO

Ese poder, este poder –que es una farsa- está jodido

Jodido está porque este poder carece de alma –creí, y creí suficiente, que este poder naciente y nacido en Bolivia podía ser otro poder, uno distinto, uno con ajayu

Jodido está porque este poder, se quiere cortar las piernas, se quiere mutilar los brazos, se quiere arrancar el corazón, su propio corazón, que son los pueblos de las Tierras Bajas –la esencia cuantitativa de la plurinación, la esencia cualitativa porque ellos son minoría, son pocos, son sobrevivientes, y de lo que se trata, jefes, es de aceptarlas, protegerlas, dignificarlas, sino es así, como dice el blues, siempre es lo mismo, nena; siempre es lo mismo, Evo Jodido está porque no se puede vivir sin amor, porque el que no ama, es un imbécil, es un psicópata, o es un ministro del gobierno

Jodidos la verdad estamos todos –porque ellos son el gobierno, el poder, las armas, el monopolio de la violencia y de la falta de respeto

Por eso, la verdad, te insisto, está despojada en los pies de los que marchan, los que van a marchar

Por eso, la verdad te aclaro, estará despellejándose en esos pies

Por eso, la historia ni es tragedia ni es farsa

La historia es lo que es

La escribirán esos pies Solamente esos pies

Es su historia

Es otra historia

Es nuestra historia también.

Texto y foto: Bolpress

lunes, 23 de abril de 2012

Las danzas Pujllay, Ayarichi y Waka Waka declaradas patrimonio histórico y cultural de Bolivia

La Cámara de Diputados de Bolivia aprobó tres proyectos de ley que declaran patrimonio histórico, cultural y ancestral de Bolivia a las danzas del Pujllay, el Ayarichi y la Waka Waka o Waka Thocoris, y a las construcciones post Tiwanacotas y preincaicas de Iskanwaya.

El 12 de marzo de este año, el pleno de la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de Ley N. 043/2012-2013 que reconoce y declara a las danzas del Pujllay y el Ayarichi, expresiones de la cultura yampara, patrimonio histórico, cultural, oral tangible e intangible de propiedad nacional.

“Sabemos que nuestro país tiene diferentes culturas y danzas, y nosotros como legisladores vamos a llevar adelante el desarrollo que debe tener nuestra cultura, porque las danzas Pujllay y Ayarichi son expresiones de la cultura Yampara”, informó el diputado Eleuterio Guzmán, presidente de la Comisión de Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos, Culturas e Interculturalidad.

El Ministerio de Cultura será el encargado de formular formule y ejecutar políticas de fomento, protección y difusión de esta danzas, así como la riqueza cultural, religiosa, histórica y documental, salvaguardando el registro de la propiedad intelectual y promoviendo su custodia y conservación. Además, deberá gestionar ante la UNESCO para declarar el Pujllay y Ayarichi como patrimonio oral, cultural, ancestral e inmaterial de la humanidad.

Por otro lado, 12 de abril la Cámara Baja aprobó el proyecto de Ley N. 0161/2012-2013 que declara patrimonio cultural e inmaterial de Bolivia a la danza Waka Waka o Waka Thocoris. La normativa encarga al Ministerio de Culturas catalogar y emitir el certificado de patrimonio cultural e inmaterial del Estado Plurinacional de Bolivia.

“De un tiempo a esta parte en nuestro país se ha perdido los valores culturales. Por falta de incentivo, los jóvenes de hoy no saben de la cultura que tenemos. Lamentablemente países vecinos se están apropiando de la danza Waka Waka, que es muy nuestra, distorsionando la vestimenta”, sostuvo el diputado proyectista Jorge Choquetarqui.

El mismo día, la Cámara de Diputados aprobó en sus estaciones en grande y en detalle el proyecto de Ley N. 054/2012-2013 que declara patrimonio nacional, monumental y arqueológico de Bolivia a las construcciones post Tiwanacotas y preincaicas de Iskanwaya.

“El monumento arqueológico de Iskanwaya, ubicado en la provincia Muñecas del norte de La Paz, forma parte de un complejo arqueológico con 17 sitios de interés, que es mucho más antiguo que el de Machu Pijchu; fue descuidado y corresponde darle el valor que se merece”, dijo el asambleísta Eleuterio Guzmán.

La norma declara de prioridad la conservación de este monumento arqueológico, y autoriza al Gobierno Departamental de La Paz y al Gobierno Municipal de Aukapata gestionar los fondos para su puesta en valor, su promoción y su difusión. Asimismo, determina que el Ministerio de Culturas sea el encargado del registro, la catalogación y la emisión del certificado de patrimonio cultural de este complejo arqueológico.

Las anteriores leyes fueron aprobadas en cumplimiento del artículo 298 de la Constitución Política del Estado, que determina como competencia exclusiva de la Asamblea Legislativa Plurinacional la promoción de la cultura y conservación del patrimonio cultural histórico, artístico, intangible e intangible de interés del Estado.

El artículo 99 determina que la riqueza, arqueológica, paleontológica, histórica, documental y la procedente del culto religioso y del folklore es patrimonio cultural del pueblo boliviano. Asimismo, el Decreto Supremo N. 29272 de 2007, que determina los lineamientos estratégicos del Órgano Ejecutivo, incluye la revalorización de la identidad cultural de Bolivia.

Texto: Bolpress
Foto: blog chicosdeoro

sábado, 24 de marzo de 2012

EUROCASAS, fusión de la visión occidental y cultura indígena



Son edificaciones de entre cinco y ocho pisos muy coloridas y orientadas a distintas actividades. En la parte superior resaltan las viviendas estilo chalet adornadas con algunas jardineras.

Vidrios azules gigantescos cubren parte de la fachada de la casa de don Víctor: un edificio de seis pisos pintado de color naranja y amarillo; en cuya terraza, como si fuera una vivienda independiente, se erigió un chalet familiar, con unos pequeños jardines.

Un estilo que le costó mucho, dice don Víctor, quien confiesa que el estilo lo copió de su primo que tiene su vivienda en la zona de Río Seco, y el de las que se construyeron en Villa Adela y también por la Ceja de la ciudad de El Alto.

El antropólogo jesuita Xavier Albó las denomina las eurocasas: una fusión de lo comercial con lo elegante y sofisticado, asumida de la cultura occidental.

“Este estilo de las eurocasas tiene una arquitectura muy especial, pues son todo un lujo, que por abajo quizás son almacenes, los pisos intermedios son sitios para fiestas, y arriba tienen como un chalet totalmente distinto y que es la vivienda del dueño”, indicó.

Tal como lo señaló Albó, la mayoría de las viviendas, que se enfilan por alrededores de la céntrica Ceja de El Alto, mantiene esa estructura, denotando la inclinación comercial para la cual fueron construidas.

Don Mario Condarco tiene su edificio en la avenida Raúl Salmón. Cada uno de los ocho pisos los arrendó para distintas actividades. En la parte baja está un salón de comidas, en el primero y hasta el tercer piso salones de fiesta, y el resto funciona como alojamiento.

Qué expresan

Desde la interpretación analítica del historiador Jesús Llusco, las construcciones de la ciudad de El Alto fueron evolucionando con el paso del tiempo, pero a la vez formando la concepción de lo que la población quería expresar.

“Los colores son meramente indígena aymaras, por una parte, en tanto la construcción son modelos penthouse y en la última parte llevan chalet, porque esa idea colonial, esa idea vieja de ver al indio como sucio, como ignorante, pobre, ya no va, ahora el indígena lee, habla inglés, maneja computadora, ha crecido”, indicó.

“Las construcciones muestran ese cambio, esa evolución de la sociedad, de la ciudad; es por eso que en la zona sur hay varias viviendas que son residencias que son modelo chalet”, insistió.

La concepción

Si bien, como dice Llusco, “estas construcciones son una característica peculiar de la ciudad de El Alto” y que es muy poco probable hallar similares en ciudades como Santa Cruz o Sucre, su ideario tiene como origen la mirada occidental e indígena.

“La arquitectura occidental te muestra que todo está arriba, los mesones, la cocina, pero en la visión indígena todo es abajo, las señoras tienen varias cosas en el suelo”, explicó.

En definitiva, el historiador insiste en que “es la combinación de lo occidental con lo andino”, que ha dado vida a estas construcciones que unen miradas distintas e innovadoras.

“No se puede hablar de una arquitectura meramente andina, pero tampoco meramente occidentalizada, es una adaptada a las prácticas culturales y a la identidad collana de la población”, afirmó.


Texto y foto: Cambio

jueves, 9 de febrero de 2012

Plegaria para el flaco dormido

Pablo Cingolani

¡Qué dolor, carajo! El pueblo spinettiano llora, nuestro Capitán Beto se fue nomás… y te escucho, y te vuelvo a escuchar, y te seguiré escuchando desde que yo recuerde, te escuché cantando Muchacha ojos de papel cuando tenía 7. ¡Toda mi vida te sentí, Spinetta, y ahora que te fuiste con los niños que escriben en el cielo, te voy a sentir más que nunca, te voy a sentir más fuerte, más a mi lado, más que nunca, hasta que nos/todos nos volvamos a encontrar en los jardines de un lugar/al que jamás/ despierto encontrarás!

Barcos de papel sin altamar…

Se ríe el flaco dormido, y nosotros con él

Que nadie/nadie despierte al flaco Spinetta

Nos duele que haya partido, desde aquí, desde Bolivia, cómo le duele a todo el pueblo spinettiano

El mundo es un cholocatín y gorriones y bicicletas de cristal, y allí, en ese mundo de poética absoluta, te vamos a ir a buscar, hermano, soñando felicidad, alejándonos de la maldad, siempre con vos, siempre con tu lírica invencible, con todo lo que nos diste, con todo lo que nos das, con todo lo que nunca nos dejaras de dar.

Para nosotros, para alguien como yo que nació en los 60, en la Argentina, la Cantata de Puentes Amarillos es como la Marcha Peronista. Y eso es sagrado, como tu música.

Alma de diamante

El blues de Cris

Los libros de la buena memoria

Bajan

Que ves el cielo

Dios de la adolescencia

Durazno sangrando

Encadenado al ánima

Laura va

Ana no duerme

Starosta el idiota

Credulidad

Barro tal vez

Casas marcadas

La música de Spinetta es infinita: anoté al azar todas las canciones que me conmueven/me han conmovido del flaco: puedo seguir toda la noche.

Say no more: Spinetta ha muerto, ¡viva por siempre Luis Alberto Spinetta, le decían el flaco, nos conmovió a todos, nos conmueve ahora más que nunca! Porque el arte, si es genuino, es parte de la humanidad. Spinetta es parte de la Historia Grande de la Humanidad.

Se ríe el flaco dormido. Y nosotros con él.

Ahí va definitivamente el Capitán Beto por el espacio, y nosotros, siempre con él.

Texto: Bolpress

miércoles, 8 de febrero de 2012

Murió el “flaco” Spinetta



Reducir la trayectoria de Luis Alberto Spinetta en unas pocas líneas parece una osadía, casi una falta de respeto. Es que con la desaparición física del Flaco se va un pedazo importantísimo no solo del rock nacional, sino de la cultura argentina. A lo largo de toda su carrera, que tuvo diversos matices ya sea en su etapa solista o en grupo, Spinetta dejó una marca que difícilmente pueda ser borrada.

Definirlo, casi de la manera que sea sería estrechar la profundidad de su obra. Ni cantante, ni compositor, ni guitarrista, ni poeta, ni músico. Probablemente la acepción más cabal sea la de artista.

Nacido en 1950, la música la mamó desde chico. Prácticamente un autodidacta, en 1967 formó junto a Emilio Del Guercio (bajo y voz), Edelmiro Molinari (guitarra líder y voz) y Rodolfo García (batería) Almendra, un pilar de los inicios del rock en Argentina.

Esa primera formación dejó clásicos para el recuerdo y que perviven en el imaginario colectivo como “Muchacha”, “Ana no duerme” o “Plegaria para un niño dormido”. En los tres años que tuvo de desarrollo esa primera etapa de la banda, dejaron dos discos (el primero editado en 1969 y el segundo, doble, que contenía “Rutas argentinas”, en 1970).

Allí el Flaco lanzó por primera vez un proyecto solista; cuando había cruzado el umbral de los 20 años apareció “Spinettalandia y sus amigos” en 1971. Ese fue el preludio para otra banda ícono: Pescado Rabioso. Osvaldo "Bocón" Frascino en bajo (quien después fue reemplazado por David Lebón), Black Amaya en batería y Carlos Cutaia en teclados completaban la formación.

Dos años le bastaron a la banda para dejar dos discos (Desatormentándonos y Pescado 2) y la semilla del que es considerado por muchos –y así se reflejó en diversas elecciones- como el mejor álbum de la historia del rock nacional: Artaud. Aparecido con la firma de Pescado Rabioso, pero concebido íntegramente por Spinetta, fue una obra revolucionaria, contracultural.

Vio la luz en 1973 acompañado de un manifiesto que se les repartía a los asistentes a al lanzamiento en el teatro Astral en 1973 titulado “Rock: música dura la suicidada por la sociedad” (ver aparte). Eran tiempos en que se respiraban aires de libertad en el país y se vislumbraba un futuro mucho más libre terminada la dictadura iniciada por Juan Carlos Onganía y llegada la “Primavera Camporista”.

Con ese telón de fondo, aparece este disco que intenta romper con todas las estructuras (incluso las físicas, dadas la forma irregular del envase al cual el propio Flaco llamaba “Deformé”). Inspirado en la obra de Antonin Artaud el disco contiene temas como “Todas las hojas son del viento”, “Bajan”, o “Cantata de puentes amarillos” de más de 9 minutos de duración.

Aún en ese 1973 formó su tercer grupo, Invisible, en este caso un trío completado por Carlos Alberto “Machi” Rufino (bajo) y Héctor “Pomo” Lorenzo en batería. Esta banda, dejará en su estela tres discos en tres años y temas de la talla de “El anillo del capitán Beto”, “Durazno sangrando” o “Los libros de la buena memoria”.

Luego de la aparición en 1977 de A 18’ del sol, disco grabado junto a otros músicos, y de en 1979 hacer una incursión por Estados Unidos que dejaría su único álbum editado en inglés (Only Love Can Sustain), en 1980 se daría la vuelta de Almendra.

El valle interior (material de estudio) y un disco doble en vivo de sus presentaciones en Obras serían el resultado de la vuelta, al tiempo que armaba Jade junto al tecladista Diego Rappoport, entre otros.

A partir de allí comenzaría un largo trayecto como solista que se extendería por la década del ochenta y buena parte de los noventa. El material discográfico que fue entregando a lo largo de todos estos años es extensísimo.

Desde un disco junto a Fito Páez en 1986 La la la (un año antes había registrado junto a Charly García “Rezo por vos”), hasta sus trabajos entre 1988 y 1991. En esos cuatro años, lanzó tres discos que fueron elegidos como mejor disco del año, teniendo en todos los casos un tema seleccionado como el mejor también, por el Suplemento Sí de Clarín y con el plus de lanzar en 1990 Exactas, primer álbum en vivo como solista.

Esa trilogía que comienza en 1988 se da con Téster de violencia, material definido en alguna oportunidad por Spinetta como “el primero relativamente conceptual” desde Durazno Sangrando en 1975 con Invisible. Ese disco contenía al tema “El mono tremendo”, laureado en ese 1988.

El año siguiente tuvo a Don Lucero como material y a “Fina ropa blanca” elegidos como mejor disco y mejor canción del año. La serie de álbumes se completa con Pelusón Of Milk en 1991, disco que contenía la desgarradora “Seguir viviendo sin tu amor”.

Luego de 14 años volverá a trabajar en grupo con la formación de Los socios del desierto en 1994 junto a Daniel "Tuerto" Wirzt (batería) y Marcelo Torres (bajo). Cuatro discos editaron hasta 1999.

El nuevo milenio arrojaría siete discos más (contando a un EP grabado en la Rock & Pop), entre ellos Silver sorgo o Para los árboles. En el 2009 se dio uno de los puntos cúlmines de la carrera del Flaco: un recital larguísimo, que más que un recital fue un recorrido no solo por su carrera, sino por el rock nacional en sí, quizás porque el uno y el otro sean (casi) sinónimos.

A lo largo de más de cinco horas esa noche de diciembre en Vélez tocó junto a todas sus bandas y otros grandes como Charly, Gustavo Cerati, Fito o Ricardo Mollo. La vigencia de su obra se evidenció en el cruce de generaciones que se dieron cita en el Amalfitani esa inolvidable noche de verano.

La figura de Spinetta no se limitó a lo estrictamente musical. Luego del trágico accidente en el que murieran diez alumnos del colegio ECOS en el 2006, el Flaco se puso al frente de todas las conmemoraciones y festivales e hizo una militancia activa por la conciencia de los conductores.

La música argentina no será la misma sin Spinetta aquel que no se quedó en la posición cómoda, que no fue en busca del “éxito” vacío de contenido, sino que construyó a lo largo de más de cuatro décadas piezas inolvidables y con una huella profunda e indeleble.


Texto: kaosenlared

Foto: laconceptradio

miércoles, 25 de enero de 2012

"Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano



Prólogo a la edición de "Las venas abiertas de América Latina", Casa de las Américas. 2009

Fernando Martínez Heredia

¿Son los textos de Eduardo Galeano fina ironía que ha perdido asidero en “la realidad”? ¿Ya no habrá espacio ni siquiera para “pequeños relatos”? ¿Se acaba también la época en que era normal que existiera el “gran escritor”? ¿Ya comenzó la era de los intelectuales como amanuenses, sirvientes que se ponen ellos mismos apodos compuestos o esdrújulos, para disimularse la vergüenza?

El tiempo en que Casa edita nuevamente Las venas abiertas de América Latina no es, a primera vista, un tiempo propicio. En nuestro continente se consumaron los genocidios, y después se ha consumido la democracia. El resultado es abrumador: el 42% de la población vive por debajo del índice de pobreza —la mitad son indigentes—, se desplomó la parte de los trabajadores en el ingreso nacional, el desempleo se multiplicó y se ha hecho crónico, mientras millones de niños trabajan. La cólera fue sustituida por el cólera. Los empresarios y políticos latinoamericanos más modernos han “abierto”, “ajustado” y desnacionalizado las economías, en su beneficio y el del capitalismo central al que se subordinan. Neoliberalismo, privatización, eficiencia, informalidad, atraer la inversión, globalización, son palabras claves. En macroeconomía todo es más solemne, pero igualmente desolador. La década pasada no fue perdida para todos: la transferencia neta al exterior sumó 223 000 millones de dólares. Hoy la región debe más de 700 000 millones, y en los años noventa los pagos por servicio de esa deuda suman 850 000 millones. El crecimiento del PIB en los noventa es menos malo que en los ochenta, pero sigue siendo inferior al de los años sesenta-setenta. La única promesa que ha logrado cumplir la democracia es la de celebrar elecciones periódicas.

Con estos párrafos comenzaba este prólogo en 1999, hace exactamente diez años. Situado otra vez ante él por la feliz iniciativa de la Casa de las Américas de volver a editar Las venas…, debo ponerlo al día respecto a la circunstancia, porque en ese lapso ha cambiado mucho nuestro continente.

La hegemonía referida cada vez más a lo que llamaban globalización resultó endeble frente al enorme crecimiento de la cultura política de los pueblos, que han utilizado las vías a su alcance contra aquella. Desde el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 hasta hoy se ha establecido un buen número de gobiernos más autónomos respecto a los EE.UU. y sensibles a las necesidades de las mayorías y al rescate de los recursos naturales; leyes y nuevas Constituciones refrendan sus caminos. La revolución bolivariana de Venezuela y los poderes populares de Bolivia y Ecuador crearon —con Cuba— un nuevo polo latinoamericano al que se suman unos, mediante el ALBA, y se asocian otros en relaciones económicas y políticas ventajosas y que fortalecen sus posiciones de independencia. Los movimientos populares combativos constituyen una fuerza social y política principal para la profundización de los procesos de liberación.

América Latina se levanta con iniciativas propias, sus países coordinan acciones y asociaciones, avanzan hacia procesos de integración y buscan alianzas en el mundo. Crece la autoconfianza y reina la esperanza. Mientras los ciegos vuelven a ver, otro milagro aclara las visiones políticas y trae conciencia a millones. Sin embargo, también reina todavía la miseria, que es hija del sistema capitalista subordinado, y la crisis amenaza aumentar el desempleo y frenar con rudeza el crecimiento. Dos siglos después del triunfo de la revolución haitiana y del Grito de Murillo, falta por recorrer un largo tramo del camino, pero el continente está en marcha.

La América que no es nuestra también se ha movido, pero para mal de todos. Allí las promesas farisaicas del milenio se tornaron en “lucha contra el terrorismo”, una operación dirigida a sustituir a la vez al viejo enemigo — el comunismo— y a la esperanza perdida de los neocolonizados —el desarrollo—, y sucedió el gobierno Bush, una pandilla de corruptos y criminales con un cretino en la proa. La recolonización del mundo, que parecía “pacífica”, mediante su dinero parasitario y sus transnacionales —los “coloniales” de hoy—, apeló en Irak y Afganistán al genocidio y la ocupación militar permanente de un país. El señor mundial de la guerra es también, y sobre todo, el jefe de la guerra cultural planetaria, una máquina gigantesca que vuelve este mundo patas arriba cotidianamente. Ella pone a todos a hablar su neolengua, enriquecida con términos como “limpieza étnica”, “comida étnica” y “capital humano”, que apellida “humanitario/a” a todo lo que se le ocurre, para balancear tanta inhumanidad. O deja de endiosar en público al neoliberalismo mientras el Estado se dedica a salvar a lo peor del gran capital que creó la gran crisis financiera reciente, a costa del empleo y la calidad de la vida de las mayorías.

Así resiste el imperialismo norteamericano el enorme repudio creciente a su actuación. La política interna de esta Roma americana sin grandeza incluye tener cincuenta millones de sus ciudadanos sin servicios de salud y casi la mitad de su población colindando con la pobreza. Ante tanto subdesarrollo político, el nuevo presidente de los EE.UU. parece simpático y alentador, aunque ofrezca tan pocas nueces. El presidente de Venezuela le brinda ayuda al regalarle un ejemplar de esta obra de Galeano, en medio de una dura reunión en la que se le hace clara la bancarrota del panamericanismo y los presidentes latinoamericanos le exigen poner fin a la agresión sistemática contra Cuba.

Eduardo Galeano ha mantenido su conducta y enarbolado sus valores en todas las circunstancias del último medio siglo. Sus artículos y viñetas, sus libros, dan testimonio de su excelencia como escritor, su compromiso permanente con los que sufren la violencia, el despojo y el olvido, y su confianza en la solidaridad como recurso humano principal para lograr un mundo nuevo para todos. Durante la época mezquina apodada neoliberal, nunca aceptó la necesidad de excluir los temas y las palabras considerados ya caducos e impertinentes. No se atuvo al sentido común, a lo posible, a las reglas y al miedo. Persistió en la denuncia y proclamó su fe en la gente y la utopía. La magia de la palabra y el ingenio han sido hasta hoy sus vehículos; el contenido de lo que dice y escribe constituye una riqueza grande para la gente común y las causas populares, que ayuda a la recuperación de la memoria, la identidad y el espíritu de resistencia y rebeldía, y al desarrollo de la conciencia.

En sus textos está entera esa cualidad. Con razón escribe en 1978: “El lenguaje hermético no siempre es el precio inevitable de la profundidad. Puede esconder simplemente, en algunos casos, una incapacidad de comunicación elevada a la categoría de virtud intelectual. Sospecho que el aburrimiento sirve así, a menudo, para bendecir el orden establecido: confirma que el conocimiento es un privilegio de las élites.” Veinte años después, su idea de un plan escolar para un mundo al revés le permite desplegar una argumentación radical contra el conjunto del sistema de dominación y la cultura que él propone e impone, y no solamente contra algunos de sus aspectos. Una frase nos sugiere el dintel de lo esencial: “Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana.” Y una afirmación suya relaciona esferas que el saber al servicio del orden mantiene lejanas: “La economía mundial es la más eficiente expresión del crimen organizado”.

Galeano no permanece anclado. Desde esa constatación vuelvo al libro que lo lanzó a la fama en 1971. Tres años después, al declinar una colaboración pedida, el escritor se describía: “Es un tema serio y no me lo puedo rifar. Aquí en Buenos Aires no tengo mis libros, ni mis fuentes de información y de consulta... Y sinceramente creo que hay gente mucho más capacitada que yo para dedicarse a temas que requieren, como este que me propones, largos años de reflexión y de investigación. A veces me asusta el equívoco. Yo no soy sociólogo, ni historiador, ni economista, ni nada. Mi trabajo como periodista y ensayista se ha limitado a la divulgación masiva de ideas ajenas y de datos que el sistema esconde al público no especializado. Al servicio de esta tarea, oficio militante de denuncia y contra-información, he puesto una cierta habilidad para narrar, aprendida en los fogones de Paysandú y en las mesas de los viejos cafés de Montevideo. Y eso es todo”.

Pero no, eso no es todo. A partir de las preguntas que lo guiaron en una profundísima investigación, y de la urdimbre de la estructura que le dio a la exposición, Galeano consiguió en Las venas abiertas... una proposición innovadora del trabajo de conocimiento social. Se situó en medio de la entonces incipiente democratización controlada de la información, que conduce a ninguna parte, para darle un sentido y un filo. Ante todo se advierte que el autor posee un instrumento analítico, que ha convocado al material en vez de ser arrastrado por su torrente, que lo selecciona y utiliza, y todo eso le permite enunciar juicios sobre problemas centrales de las estructuras latinoamericanas y de su inserción en el sistema mundial capitalista. Destaco ese punto, porque el lector del libro es seducido por la belleza y la omnipresencia de la narración histórica, la riqueza sintética de las anécdotas que ilustran épocas y acontecimientos, los datos esgrimidos en la tensión de las comparaciones, de los contrapuntos y las sugerencias interesantes, la apasionante sucesión de los eventos, por una obra en la que se cuenta lo más serio como si fuera una aventura. Aquí se habla “de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas”.

Cierto lo del estilo, y lo de la economía política. Y cierto también que Las venas abiertas... vio la luz en el ápice de una ola revolucionaria que conmovió al planeta y tuvo su centro en el Tercer Mundo. A diferencia de la iniciada en 1917, esta segunda gran ola del siglo se dirigió a todos desde las revoluciones de liberación de los que habían sido colonizados; su propuesta identificó la unidad íntima del sistema mundial opresor, exigió que se luchara a fondo y en todas partes contra él, y vio como única salida la creación de sociedades socialistas. En la América Latina confluían singularmente todos los elementos contradictorios de la modernidad occidental, materiales e ideales; allí era dominante el neocolonialismo, antiguo el nacionalismo revolucionario y presente el socialismo. Pero la nueva propuesta también criticó —para ser socialista estaba obligada a hacerlo— a lo que se llamaba entonces movimiento comunista y al socialismo real. Las rebeldías se extendieron y las ideas se rebelaron también. No bastaba pelear, era necesario formular un nuevo discurso para la liberación.

De todo eso da cuenta este libro, y no como un relator: fue un partícipe destacado de aquella lucha. A través de la historia social del continente y de las claves de la situación contemporánea, combinadas y sumamente documentadas, explica y denuncia el sistema de dominación capitalista mediante una narración “de carne y hueso”, con eficacia pedagógica. Socializa datos e ideas, pero afila a ambos como armas para crear conciencia contra la dominación. La imaginación desbordada no es prodigalidad: es una provocación para que el entusiasmo y la intuición desquicien los límites del conocimiento convencional, que siempre favorece al orden vigente. La convocatoria a las emociones es un llamado a que la razón rompa sus prisiones. Su análisis y su exposición lo asoman a un tema central para la liberación: conocer la construcción cultural del consenso con la dominación en la América Latina, para volverse capaz de romperla. Su dependentismo asequible y deslumbrante no es simple divulgación: apunta, con la ayuda del arte, hacia la necesidad de comprender la formación social como una totalidad, que es mucho más que una economía política o una búsqueda de esencias. Totalidad en que sucede su reproducción, donde se esconden sus fuerzas y debilidades, y las posibles claves de su subversión.

Y la forma es mucho más que una forma. Los que pugnan por un mundo nuevo frente a tan grandes enemigos, necesitan un nuevo lenguaje. Este no podía ser hallado en las Tablas de la Ley de un marxismo dogmático e indigesto que ni siquiera se hacía de la vista gorda ante la locura de cambiarlo todo; ni en el idioma seco y pobre de los cuadros, la ignorancia de la historia de las opresiones y las rebeldías, el cientificismo negado a la utopía y el autoritarismo perseguidor de iniciativas y de sueños. Las venas abiertas... se sumó a la corriente cultural de liberación abierta por la Revolución cubana y por la actividad múltiple de tantos latinoamericanos, dando el ejemplo de un libro de tesis que era a la vez una obra de arte. Su prosa cautivó a muchos miles que no tuvieron que ponerse solemnes para concientizarse, enseñó algo a todos y brindó optimismo a una legión de militantes que deseaban hermanar la belleza con la verdad. Sin hacer una sola concesión al mercantilismo, siempre visible el sentido rebelde de su denuncia, Las venas abiertas... logró ser un best seller a la vez que ayudaba a abrir espacios de libertad. Los dictadores del Sur también laurearon aquel libro, prohibiéndolo.

La obra no logra todo lo que se propone. ¿Quién lo logra? Eduardo sabía los límites sociales de su trabajo: la lucha por una cultura de liberación solo puede resolverse en el plano político, dirá a la prensa en Buenos Aires en aquellos días de fuego de 1973. Pero conoce también su alcance: “la literatura es un arma. Somos responsables del uso que hacemos de esa arma... Se puede hacer una literatura que nos ayude, a todos, a cambiar.”

En el exilio emprendió Galeano una obra que debía superar la reducción de la historia “a una sola dimensión”, que él percibía en Las venas abiertas... Su “tentativa de conversar con América, y sobre todo con América Latina, como si ella fuera persona” se convirtió en una empresa descomunal. De allí salió su otro clásico, la trilogía Memoria del fuego, de maravillosa desmesura. Su divisa fue “revelar sus múltiples dimensiones y penetrar sus secretos”. Siempre documentada, la narración encanta con prodigios y desnuda los huesos de los eventos, brinda mil pistas de otra historia a los historiadores y se mantiene férreamente unificada por la posición del autor, su apuesta por la lucha y la esperanza y su vocación de ser útil a los oprimidos, terca y tierna. Y todo eso a través de una lección de gran literatura.

Henos aquí, en la Cuba de 2009, con Las venas abiertas... y con Eduardo Galeano. Ambos han sobrevivido al ambiente de gesta de hace cuarenta años y a la época siguiente, de negación de las epopeyas, de la justicia social, de todo intento de cambio y hasta del pasado y el futuro. Y ahora se mueven ambos con soltura, joviales, en esta nueva situación propicia a la salvación del desastre, a los cambios de las personas y las sociedades, y al renacer de los sueños. Cuba también vivió una crisis muy dura, económica, social y de la conciencia, y ganó terreno aquí la cultura del capitalismo; pero unidos la gente y el poder lograron resistir el peor tiempo y salir adelante. Ahora el país pone en tensión extrema sus fuerzas y sus valores para resolver sus problemas y perfilar su estrategia, lograr que triunfe el socialismo dentro de la transición socialista, y al mismo tiempo cumplir con los deberes internacionalistas. Para esas tareas cuenta con la formidable acumulación cultural de un pueblo en revolución que se ha cambiado a sí mismo, y con la nueva época que comienza en Nuestra América.

Entiendo que es un gran acierto de Casa de las Américas reeditar Las venas abiertas... precisamente ahora. Un rasgo fundamental del trabajo intelectual comprometido es ir más allá del ámbito de la reproducción de las condiciones de existencia, es decir, de lo que parece posible, e inclusive incitar a su violentación. Es necesario brindar asideros intelectuales a los que deben pensar —porque es de vida o muerte que se piense—, y auspiciar la sabia intransigencia y la fecunda duda, que se tornarán creadoras. A todo eso contribuye hoy, sigue ayudando, Las venas abiertas..., con la ventaja de serle atractiva al que va a ejercitar la voluntad de leer, y de persuadir al lector, esto es, llamarlo a participar sin callarlo ni dominarlo, invitarlo a andar.

A Eduardo Galeano hay que agradecerle mucho esta eficiencia literaria de su obra militante. Comprendo al que una vez invocó al estilo nacional como disculpa con el viejo Quijano, por no haberle dado nunca las gracias: esa es otra de las similitudes entre uruguayos y cubanos. Entiendo aún más al que escribió: “Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.” Admiro la sencillez del que en una ocasión dijo de sí: “pinto escribiendo, por falta de talento para pintar pintando”, y la grandeza del que acaba de decir: “yo no conozco dicha más alta que la alegría de reconocerme en los demás. Quizá esa es, para mí, la única inmortalidad digna de fe.” Y confieso que no estuvo mal aquello de verse a sí mismo una cara de cónsul sueco en Honduras. Pero no puedo evitar un suave orgullo al leer su prosa de ayer y de hoy, registrar la luz nueva que posee esta obra maestra escrita a los treinta años de edad, y la madurez que ha ganado el gran escritor.

Las venas abiertas ... fue también un regalo suyo para los cubanos, como lo fue su Memoria del fuego, publicada por Casa en 1990. Bienvenido sea otra vez Eduardo Galeano aquí, en su casa grande, la de los cubanos, que es suya. La casa en la cual seguimos peleando por la justicia y la belleza repartidas, para todos, como hace él en su mundo, el mundo.

La Habana, agosto de 2009



Texto: Rebelión

Imagen: taringa

martes, 15 de noviembre de 2011

Alfabeto Uru



Los uru se definen a sí mismos como qhas qut suñi, “gente del agua” u “hombres del lago”.

Este milenario pueblo, que habita en el departamento de Oruro y parte de La Paz, se ubica entre los primeros pobladores del territorio boliviano y confronta situaciones críticas por la contaminación y sequía del lago Poopó y la reducción de su ya escasa población. De acuerdo con el Censo de Población de 2001, los uru en Bolivia tienen una población total de 2.134 personas.

A pesar de las adversidades, sin embargo, han presentado, en un colosal esfuerzo, el Alfabeto de la Nación Uru, para decirle al mundo que están vivos y que su cultura no desaparecerá.

Los orureños uru chipayas y uru muratos, y los iruhito uru, que se encuentra en las márgenes del río Desaguadero, cuentan ahora con su propio alfabeto y textos de investigación sobre su cultura, saberes y conocimientos ancestrales. En Bolivia sólo 23 pueblos y naciones indígenas cuentan con un alfabeto.

Con ese nuevo instrumento, el Ministerio de Educación, en cumplimiento de la Constitución Política del Estado, apoyará con recursos a todos los procesos educativos que desarrolle la Nación Uru a través de los Consejos Educativos.

Esa medida permitirá al Estado reproducir materiales para el desarrollo lingüístico del puquina, como se llama la lengua uru, y la promoción de su cultura.

El idioma original de los uru fue el uruquilla. Luego, con la llegada de los tiwanacotas, aprendieron a hablar puquina, y mucho después, con el arribo de los aymaras, practicaron ese idioma, y con la de los incas, el quechua.

A pesar de sucesivas invasiones hasta la época de la Colonia y un ecosistema adverso, ese pueblo ha logrado mantener, gracias a la fuerza de su cosmovisión y respeto a sus tradiciones, su idioma.

De hecho, en ese camino, el municipio Uru Chipaya fue en 2007 el primer asentamiento indígena de Bolivia en declararse libre de analfabetismo, logro que junto a sus milenarias tradiciones le permitieron ser seleccionado por el presidente Evo Morales para acoger el acto de inicio de esa etapa de la lucha contra la ignorancia.

Con el alfabeto y el apoyo del Ministerio de Educación, la enseñanza de la lengua puquina en las escuelas y comunidades uru se consolidará definitivamente.

Pero el pueblo uru no sólo desea preservar su cultura y sus costumbres, también ha decidido, como parte de este Estado Plurinacional, amar a la patria.

Por eso mismo, la primera medida que han asumido es promover el Himno Nacional en su idioma nativo.

Woliwiyan wathchis zoñinakaki / tikhsañkama thapa qustan thur’ichicha / xasiki liwritaz uchun yoqaki / yaqha wathz mantukis anaz iya zelhz, dice en puquina la primera estrofa de nuestra canción patria.

Texto: Cambio

Foto: Fundación Tierra

jueves, 10 de noviembre de 2011

La literatura infantil, un derecho indiscutible de los niños



Víctor Montoya

A la Declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1959, y a la Convención sobre los Derechos del Niño, firmada en 1989, sería necesario agregarles, de manera más específica y contundente, el principio de que todos los niños y las niñas, indistintamente de su país, condición social, raza, sexo, idioma, credo o identidad cultural, tienen derecho a contar con una LITERATURA INFANTIL, con mayúsculas, que esté en relación con su desarrollo intelectual, emocional y lingüístico, aunque en el artículo 17 de la Convención, en el inciso a), se declara que los Estados “alentarán a los medios de comunicación a difundir información y materiales de interés social y cultural para el niño”, y en inciso c) se hace hincapié en que los Estados “alentarán la producción y difusión de libros para niños”.


El florecimiento de la Literatura Infantil y Juvenil, debido a factores históricos y socioeconómicos, honda sus raíces en algunos medios intelectuales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, preocupados por hacernos comprender que la infancia es una etapa decisiva en el desarrollo de la personalidad humana, y que, por eso mismo, merece el respeto y la tolerancia de los adultos, aparte de que el niño, para evitar trastornos en su conducta, debe crecer en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Ahí tenemos a reconocidos defensores de los derechos de los niños y niñas, como el escritor francés Jules Vallès, quien, en su obra“El niño”(1879), aboga por una infancia libre de atropellos físicos y psicológicos, lo mismo que la norteamericana Kate D. Wiggin, en su libro "Children‘s Rights" (Los derechos de los niños, 1892), reflexiona sobre la necesidad de concederle al niño un espacio propio, donde pueda desarrollar sus facultades al margen de los métodos cohersitivos que, en unos países más que en otros, aplica el mundo adultos para moldear su conducta conforme a las exigencias del sistema imperante. A esta lista de defensores del bienestar físico, social, mental, cultural y espiritual de los niños y niñas se suman pensadores y pedagogos comoEllen Key, John Dewey, María Montessori, Eglantyne Jebb, Francisco Ferrer, Fernando Sainz, Janusz Korczak y Jean Piaget, entre otros.

La historia de la Literatura Infantil y Juvenil, como el mismo desarrollo de las sociedad hasta nuestros días, ha recorrido por un largo itinerario no exento de dificultades; por una parte, impuestas por las condiciones socioeconómicas de un país y, por otra, por los preceptos imperantes en épocas en que los niños y jóvenes no gozaban de sus derechos humanos, y mucho menos del derecho a contar con una literatura que contemplara los aspectos cognitivos de su desarrollo integral.

La literatura para niños y jóvenes, durante mucho tiempo, estuvo centrada en la transmisión de una normativaespecífica, correspondiente a una mentalidad moralizante, reglamentada por la institución eclesiástica. La enseñanza del catecismo se acompañaba con la lectura de libros escritos con frecuencia en forma de preguntas y respuestas, cuyas características consistían en reforzar la doctrina cristiana a través de autores anónimos, con personajes estereotipados, temas afines a una mentalidad conservadora y una moraleja que enseñaba las ”buenas costumbres” de una sociedad en extremo retrógrada.

La concepción de infancia o niñez no emerge en la palestra social, con todos sus fundamentos psicosociales, hasta muy avanzada la Edad Moderna, que impulsa la renovación de los conceptos arcaicos sobre la infancia desde fines del siglo XIX; una época en la cual se afianzan, con mayor precisión y conocimiento de causa, los primeros estudios serios sobre el desarrollo intelectual y emocional de los niños y adolescentes.

Durante el feudalismo, de cuyas ruinas emergió la literatura y pedagogía modernas, todos los libros destinados a los niños tenían un carácter didáctico y moralizador, mediante los cuales transmitían ideas elaboradas a imagen y semejanza de los adultos y las clases dominantes.

En la Edad Media, por ejemplo,no se desarrolló una noción de la infancia como un período diferenciado y necesitado de obras literarias específicas, razón por la que no existía una Literatura Infantil y Juvenil. Sin embargo, eso no implicó que los menores no tuvieran experiencia literaria, sino, simplemente, que ésta no se definía en términos diferenciados de la experiencia adulta. Dado el acaparamiento del saber y la cultura por parte del clero, las escasas obras leídas por el pueblo pretendían inculcar valores morales e impartir dogmas, por lo que la figura del libro como vehículo didáctico estaba presente durante toda la Edad Mediay parte del Renacimientos.

Los libros más difundidos eran la Biblia y los bestiarios, que consistían en volúmenes ilustrados que describían animales salvajes acompañados con textos breves que transmitían lecciones moralizantes, reflejando la creencia de que el mundo fue creado por un Ser supremo y que toda materia viva le debía obediencia. Los que pensaban de manera diferente, y no coincidían con las concepciones religiosas, eran condenados por la Santa Inquisición.

No está por demás mencionar que entre estas obras, que tenían la misión de adoctrinar a los lectores, estaban también algunas de corte clásico, como las fábulas, en las que los animales, dotados de voz y conciencia, personificaban a los individuos con sus aciertos y desaciertos, y que culminaban siempre con una moraleja de difícil comprensión para los niños, en vista de que su capacidad lingüística e intelectual no les permite abstraer las metáforas intrincadas ni las moralejas de contenido filosófico.

No obstante, desde mucho antes de que se inventara la tinta y el papel, los niños se apoderaron de los cuentos sencillos de la tradición oral, no sólo porque les fascinaba su forma y contenido, que eran como el haz y el envés de una hoja, sino también como una forma de defenderse de los adultos que los ignoraban como a personas, con derecho a contar con una literatura accesible a su nivel lingüístico e intelectual. Así, durante siglos, los niños alimentaron su fantasía con los cuentos de la tradición oral, que se transmitían de generación en generación, improvisando detalles que surgían de manera espontánea según las circunstancias.

A partir del siglo XVII, con la presencia de algunos autores interesados por revalorizar la sabiduría popular, empieza a cambiar este panorama, con obras que rescatan de la memoria colectiva los mitos, las leyendas y los cuentos propios de la tradición oral. De ahí que entre los autores como Félix María de Samaniego o Tomás de Iriarte, destacan los nombres de Charles Perrault, Los hermanos Grimm o Madame Leprince de Beaumont, quienes, con acuciosidad y sentido común, se dedicaron a rescatar de los polvos del olvido las sabías enseñanzas de antaño.

En el siglo XVIII se escriben algunos libros que, aunque estaban destinados a los lectores adultos, empiezan a sentar las bases de esto que hoy se conoce como Literatura Infantil y Juvenil, sobre todo, si los libros contenían relatos de aventuras y se adentraban en mundos fantásticos o imaginarios como en ”Los viajes de Gulliver”, de Jonathan Swif, o ”Robinson Crusoe”, de Daniel Defoe.

El salto del feudalismo al capitalismo fue un proceso fundamental en provecho de la literatura infantil, pues a medida que se transformaban las estructuras socioeconómicas, se transformaban también los cánones de la vida cultural y, por lo tanto, de la literatura en general. Los escritores del romanticismo no demoraron en sustituir la literatura didáctica, cuya función era impartir conocimientos académicos y normas ético-morales, por una literatura fantástica y llena de códigos fascinantes, que estimulaban el desarrollo de la imaginación y la sensibilidad infantil.

A partir del romanticismo, que superó en cierto modo el carácter didáctico de la literatura y prescindió los valores éticos y morales de la fe cristiana, se escribieron libros cuyo único fin era estimular la fantasía y la sensibilidad estética de los niños. De modo que la literatura didáctica y moralizadora perdió su influencia en virtud de que las ideas sobre la infancia avanzaron paralelamente al desarrollo de las relaciones sociales.

En el siglo XIX, plena época del romanticismo en el arte y la literatura europeas, se establece definitivamente la Literatura Infantil y Juvenil. Algunas de estas obras fueron incluso pensadas y escritas para los jóvenes y niños, como los cuentos de Hans Christian Andersen y las novelas de aventuras de Julio Verne. En esta misma tradición decimonónica encontramos otras obras de alto valor narrativo como ”Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll, ”La isla del tesorro”, de Robert L. Stevenson, ”El libro de la selva”, de Rudyard Kipling, ”Pinocho”, de Carlo Collodi, ”Peter Pan”, de James Matthew Barrie, y las “Aventuras de Tom Sawyer”, entre otras.

Literatura Infantil y Juvenil, con el transcurso de los años y de un modo paulatino, ha prescindido de los textos básicamente morales o educativos, de aquellos libros de texto, con lecciones aburridas e ilustraciones abigarradas, cuyo afán era impartir reglas de comportamiento humano según los cánones establecidos por un sistema educativo imperante en una sociedad y época determinadas.

La importancia adquirida por la literatura infantil moderna se debe, en gran medida, al asentamiento de la concepción de la infancia como una de las etapas fundamentales en el desarrollo de la personalidad humana. Es decir, la idea de que los niños no son adultos en miniatura, ni adultos con minusvalía, se ha hecho extensiva en la mayoría de las sociedades, donde los derechos del niño forman parte de la conciencia colectiva y de los sistemas educativos, con un aval que proviene desde la perspectiva psicológica, sociológica y pedagógica. Por lo tanto, la misión de desarrollar una literatura dirigida hacia el público infantil se ha convertido en una necesidad imprescindible.

La literatura infantil, tras haber sido la cenicienta de la literatura universal, ha pasado a constituirse en la princesa que hoy acapara la atención de los niños, jóvenes y adultos. Hay editoriales especializadas en la producción de este material indispensable y se organizan Ferias de Libros para lucir las mejores ediciones tanto por su forma como por su contenido. Así, tanto los escritores como los ilustradores de la moderna Literatura Infantil y Juvenil están conscientes de que el texto y la ilustración, que forman una mancuerna necesaria, deben contemplar la realidad y la fantasía de los lectores.

A partir de la Segunda Guerra Mundial se intensifica la producción de una Literatura infantil y Juvenil que, además, estimula a los artistas plásticos, quienes se convierten en los ilustradores de estos libros que ocupan un lugar privilegiado en la mercadotécnia editorial. Los autores han dejado de considerarse “escritores de segunda categoría” y se atreven a experimentar con nuevas técnicas narrativas, abordando temas no sólo del ámbito familiar y social, sino también con temas clásicos como las aventuras y las exploraciones de mundos imaginarios.

No faltan quienes se atreven a incursionan en temas más introspectivos, en un intento por hacer más comprensible los aspectos del subconsciente personal y colectivo, como son los sueños, la muerte, los deseos, el miedo, la libertad y la conducta de rebeldía de los niños frente a las normas establecidas por el mundo adulto; una temática cuyos precursores son James Matthew Barrie, Antoine de Saint-Exupéry y Astrid Lindgren, con su saga novelesca sobre las aventuras de “Pippi Calzaslargas”.

La nueva tendencia en la producción de la Literatura Infantil y Juvenil se ve reforzada, apróximadamente a partir de los años 70, con la presencia de autores que, gracias a su ingenio y buen manejo de las técnicas narrativas, dejan una impronta considerable en el mundo editorial y permiten la difusión masiva de este género literario, que no sólo ingresa en los hogares y en las instituciones educativas, sino que se convierte en uno de los temas que llama la atención del mundo académico. No en vano se encuentran en las universidades estudios serios sobre la vida y obra de los autores más influyentes en el campo de la Literatura Infantil y Juvenil de todos los tiempos.

En la actualidad, contrariamente a lo que muchos se imaginan, hay todavía quienes ponen en tela de juicio la existencia de una literatura infantil, como remontándose a épocas pretéritas, en las cuales se tenía el concepto de que el niño era un adulto en miniatura, y que los autores escribían para todos los hombres -niños y adultos-, sin considerar la infancia como un período especial en la vida del individuo.

Sin embargo, desde que el niño ha asumido el lugar que le corresponde en el contexto social y ha sido reconocido como tal, con derecho a ser respetado y protegido, se han modificado las relaciones padre-hijo, profesor-alumno, adulto-niño, del mismo modo como se ha modificado el concepto de que toda la literatura válida para los adultos lo era también para los niños.

Cuando los psicólogos, pedagogos y lingüistas, demostraron que el niño se diferencia del adulto en varios aspectos, los escritores y doctores de la literatura no tuvieron otra alternativa que aceptar la idea de crear una literatura infantil, que sustituya a los mamotretos que antes se leían en las recámaras y los centros educativos.

Para que la literatura infantil guste y funcione como tal es necesario que esté anclada en el lenguaje y la fantasía infantil, y que el escritor que quiera acercarse a los niños por el camino del arte debe interiorizarse en el desarrollo emocional de éstos, con el fin de no incurrir en el error de hacer una mala literatura a nombre de “Literatura Infantil”.

Si se parte del criterio de que el pensamiento y lenguaje del niño son diferentes a los del adulto, entonces es lógico que el escritor se esfuerce por entender al niño, informándose cómo éste interpreta y experimenta su mundo cognoscitivo. Asimismo, requiere tener una honda sensibilidad, una predisposición para aprender de los niños y una capacidad para comprender que todo lo que es cierto para el adulto no lo es necesariamente para el niño.

Una de las peculiaridades de la literatura infantil del siglo XX, creada al margen de las ideologías dominantes y los conceptos imperantes de la pedagogía, está en su riqueza de fabulación, sin apartarse de la realidad cognoscitiva, el desarrollo lingüístico y emocional del niño. Es decir, la literatura infantil moderna ha dejado de ser un instrumento didáctico de adoctrinamiento para convertirse en un medio a través del cual el niño tiene todo el derecho a la fantasía y recreación lúdica.

Otro aspecto digno de ser mencionado es el manejo del lenguaje coloquial de los niños en la literatura infantil moderna. Si antiguamente los críticos no aceptaban los libros escritos en el código lingüístico del vulgo popular, considerando que el único lenguaje correcto era el usado por las clases dominantes o las “familias cultas”, en la actualidad, la mayoría de los escritores, forzando las barreras idiomáticas y los sociolectos, escriben libros que recrean el lenguaje infantil, conscientes de que la fuerza de la fascinación de la literatura está en el contexto cognoscitivo, emocional y lingüístico; más todavía, hay quienes, conociendo las preferencias de los niños por ciertos libros, utilizan el lenguaje coloquial como válvula de escape para ventilar las emociones y pensamientos del lector.

Así, ni bien se comprendió que la literatura forma parte de la vida del niño, como uno de los alimentos más preciados para su mente, son muchos ya los autores que han escrito magníficas obras para los niños. En las bibliotecas de Europa y Estados Unidos, los extensos anaqueles de literatura infantil no sólo están clasificados según el género de la obra, sino también de acuerdo a la edad de los futuros lectores. En algunos países, como en Suecia y Alemania, el libro infantil ha adquirido la importancia que se merece y ocupa un lugar imprescindible en el proceso de la formación integral del niño.

Un grupo de autores e investigadores de distintos países, reunidos en Munich en 1948, empezó a dar la batalla para que la literatura infantil, aun teniendo sus propias características, sea considerada tan literatura con mayúsculas, tan digna de reconocimiento cultural, como la dirigida a los adultos. Gracias a esta iniciativa de por sí trascendental, a partir de mediados del siglo XX, se han creado publicaciones especializadas en literatura infantil y todos los medios de comunicación han dedicado un espacio especial a los niños, quienes constituyen los futuros lectores de la gran literatura universal.

A estas alturas del desarrollo histórico no se debe confundir la verdadera Literatura Infantil y Juvenil con los libros de texto que, en lugar de invitar a los niños y jóvenes a soñar a merced de su fantasía, los invita a dormir y odiar la lectura. En ciertas escuelas, donde los métodos pedagógicos son más negativos que positivos en el proceso educativo, se impone todavía la lectura de los libros de texto, argumentando que la lectura de los libros infantiles es una “pérdida de tiempo”, y no un medio que, además de enriquecer el vocabulario y estimular la sensibilidad estética de los niños, es la cuna del surgimiento del goce literario y un poderoso instrumento de comunicación.

No es casual que las instituciones escolares, aparte de estimular en sus aulas el aprendizaje mecánico y la concurrencia, hacen de los alumnos pésimos lectores, debido a que algunos profesores insisten machaconamente en que la única literatura positiva para el alumno es la que le proporciona conocimientos científicos y normas de conducta moral. Por suerte, aun siendo la enseñanza de la lectura y escritura uno de los objetivos primordiales del programa escolar, existen profesores que no siguen los dictados del Ministerio de Educación, pues están convencidos de que los niños tienen otras necesidades y otros intereses ajenos a los planteamientos teóricos del programa educativo que, contrariamente a los preceptos psicopedagógicos, no contemplan la importancia del desarrollo de la fantasía del niño, quien, al margen de estar interesado en aprender a leer y escribir, tiene preferencia por las actividades lúdicas y los cuentos infantiles.

Algunos profesores, siguiendo sus instintos de educadores profesionales, se dedican a estimular la fantasía de los niños a través de la lectura de los cuentos populares, casi siempre contraviniendo los dictados del Ministerio de Educación. Tampoco es extraño que una educadora del parvulario, desoyendo las críticas contra su sistema de enseñanza, manifieste que para ella es más importante desarrollar actividades que contribuyen a la evolución emocional e intelectual de los niños a partir de los juegos y los cuentos populares, que dedicarle todo el tiempo al entrenamiento de la lectura, la escritura o la pronunciación, ya que las actividades recreativas, consideradas por algunos como “pérdidas de tiempo”, son la mejor manera de ayudar a desarrollar la creatividad y la fantasía de los niños que, al menos en la etapa preescolar, es más importante que el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura inicial.

Por otro lado, ningún profesor, por muy experimentado o excelente que fuere, está autorizado a coartar la fantasía de los alumnos por el simple capricho de hacer de sus lecciones una cátedra destinada a impartir conocimientos técnicos y científicos en detrimento de las facultades creativas y emocionales del niño. Si en una escuela se le hunde al alumno en un aprendizaje mecánico y pasivo, se cometerá el error -horror- de confundir al individuo con una máquina computadora, cuya memoria se debe llenar de conocimientos y datos programados, dejando de lado los preceptos de la pedagogía moderna, que sostiene que el educando es -y debe ser- un sujeto activo en el proceso de enseñanza y el artífice de su propio aprendizaje. A una educación mecánica y obsoleta, se le añade una “Literatura Infantil” pueril y moralizadora, que el profesor ha elegido para completar sus lecciones. Los niños, en cambio, inconformes con esa literatura de tono ejemplarmente aburrido, se defienden a su hábil manera, saltándose capítulos, párrafos, frases, palabras, hasta que acaban bostezando y lanzando el libro por los aires, como muestra de que no cualquier libro puede despertar el interés del lector. En tal virtud, para que un libro infantil guste de veras, debe contemplar el desarrollo integral del niño y estar exento de todo maniqueísmo y sentido moralizador.

En los últimos decenios se ha incrementado la edición de libros bien escritos, bien ilustrados y bien empastados. Ha aumentado el número de premios para sus creadores y se han fundado instituciones que velan exclusivamente por la promoción de la Literatura Infantil y Juvenil, cuya presencia en el XXI, como es natural, viene marcada por los avances de la tecnología y las nuevas tendencias políticas, sociales y económicas, que, en alguna medida, determinarán el futuro curso de la literatura destinada a los pequeños lectores.

Todo esto se complementa con la creación, en algunos países más que en otros, de instituciones y academias que fomentan la expansión de esta literatura específica, premiando a sus mejores exponentes, con el objetivo de sentar el precedente de que los jóvenes y niños, como los adultos, tienen derecho a una literatura pensada y escrita exclusivamente para ellos. Ahí tenemos a instituciones como el IBBY(International Board on Books for Young People o, su equivalente en español, Organización Internacional para el Libro Infantil y Juvenil), que, desde su fundación en Zúrich en 1953, es una organización mundial de asociaciones y personas interesadas en fomentar la lectura entre los niños y jóvenes.

No es menos importante elpremio Hans Christian Andersen, considerado el "pequeño Premio Nobel", que desde 1956 concede en Dinamarca un galardón a los autores/as e ilustradores/as que contribuyen al desarrollo de la Literatura Infantil y Juvenil. Otra de las instituciones de prestigio internacional es elMemorial Astrid Lindgren(Astrid Lindgren Memorial Award), que, desde el 2003, otorga en Suecia un premio a los mejores autores, ilustradores y promotores de la lectura de cualquier país del mundo.

Todo estos antecedentes, debidamente estudiados y registrados, permiten aseverar que la Literatura Infantil y Juvenil del siglo XXI será uno de los sectores más prósperos de la cultural de las naciones que asuman con seriedad y responsabilidad la Convención sobre los Derechos del Niño, porque uno de esos derechos irrenunciables es el acceso que todos los niños y jóvenes deben tener a una literatura que estimule su fantasía y contribuya a forjar su personalidad, sobre todo, si se parte del principio de que ”los niños tienen derecho al juego”, pero también ”derecho a conocer y disfrutar de nuestra cultura”; un objetivo que, en virtud de su alto valor humanista, involucra tanto a los gobiernos como a los ciudadanos preocupados por el presente y el futuro de nuestra cultura, donde el libro no sea más un privilegio reservado sólo para las clases privilegiadas, sino un instrumento indispensable para la formación e información de los niños y jóvenes, quienes son y serán los artífices de una sociedad más libre y democrática.

La Literatura Infantil y Juvenil, por su propia naturaleza, es la expresión más auténtica del ingenio de la persona, cuya inventiva no conoce límites a la hora de plantearse la transformación de una realidad determinada, ya que la fantasía, contrariamente a lo que se imaginan los escépticos, es una de las facultades potenciales de la condición humana, una facultad que nos permite revolucionar el entorno que no nos satisface por otro que esté más acorde con nuestras necesidades físicas y psicológicas, materiales y espirituales. Por eso mismo, cada vez es más indispensable la creación de obras literarias destinadas a los pequeños lectores, que tanto esperan de la magia y la capacidad de fabulación de sus escritores e ilustradores.

Texto: Bolpress

Foto: blog canonojrchapin

martes, 11 de octubre de 2011

La Megafauna de Tiwanaku



Por Marcelo Reyes


Hace algunos días tuvimos el agrado de conversar con Fernando Pacheco Medrano, acerca de su nuevo libro “Thaipykkhala Tiempos Mágicos”. En él el autor ensaya diversas interpretaciones estéticas acerca de la iconografía tiwanakota, partiendo, más que todo, de su propia colección de cerámicas negras provenientes del area de Tiwanaku y coleccionadas durante más de treinta años.

Ahora lo que nos llama la atención es que Pacheco Medrano se adelanta al análisis estético e incluso psicológico a partir de las piezas sin detenerse o casi en lo que es para nosotros el más importante aporte de esta publicación, que sería el de dar a conocer al público las cerámicas, en particular algunas que son verdaderamente sorprendentes.

¿De qué estoy hablando? Pues habló de que sí estas cerámicas son auténticas, y nada parece indicar lo contrario, estaríamos ante una prueba de que una alta civilización, la de Tiwanaku convivió con la mega fauna de la edad del hielo. Esto haría retroceder las fechas generalmente aceptadas unos 10.000 años. Es verdad que ya Posnansky habló de esto con su datación basada en arqueoastronomía dando 15.000 años de antigüedad a Tiwanaku, pero seamos francos, nadie o casi nadie le creyó y esto quedó en los ámbitos académicos como una anécdota. Esta sería una prueba.

En las casi 300 páginas de Thaipikkhala Tiempos Mágicos vemos desfilar mastodontes, tigres dientes de sable, cóndores gigantes, toxodontes, osos gigantes de cara plana, y otros. Además de objetos con ciertas reminiscencias egipcias, o nórdicas. Ver por ejemplo la imagen que ilustra este artículo, un mastodonte perfectamente reconocible, en arcilla negra de Tiwanacu! Fechar y autentificar estas cerámicas es para nuestros arqueólogos una tarea urgente.

Thaipykkhala Tiempos Mágicos de Fernando Pacheco Medrano es una publicación de La Vitalicia. Cabe destacar la calidad del libro, una edición de 270 páginas en papel couche a color y con tapa dura. Este libro será presentado en La Paz en noviembre.

La Atlántida en Bolivia.

De acuerdo con el inglés Jim Allen la legendaria Atlántida estaría en Bolivia. Allen propuso su teoría hace ya unos 15 años, y desde entonces ha realizado varios viajes a Bolivia en busca de pruebas. Lo que ha encontrado hasta ahora parece fortalecer su punto de vista, en lugar de invalidarlo.

¿Está la Atlántida en nuestro país?



Lo primero que hay que aclarar es que Jim Allen se refiere a una supuesta Atlántida histórica, es decir que de la misma manera en que a partir de los relatos de Homero se buscó, y se encontró, a Troya, Allen asume que la Atlántida es un lugar real que fue descrito en los diálogos de Platón. No estamos hablando entonces, lo siento por los adeptos al new age, de ninguna fantasía o pseudo ciencia, sino de un esfuerzo arqueológico basado en lo posible en hechos verificables.

En los diálogos Timeo y Critias, Platón hace una descripción extensa de una isla continente con una avanzada civilización, que luego de un desastre natural fue hundida en el mar. Esta civilización, la Atlántida habría existido hace unos 10.000 años.

De acuerdo a las indagaciones de Allen la descripción que hace Platón del mítico lugar corresponde perfectamente al Altiplano boliviano.

Veamos….

•Primero Allen distingue entre la isla-continente de la Atlántida que sería toda Sudamérica, y la isla capital de la Atlántida que estaría localizada en un remoto lugar del Altiplano, muy cerca al Lago Poopó, concretamente en Pampa Aullagas. Sería esta isla capital, originalmente rodeada por el agua del Lago Poopó la que habría sucumbido a un antiguo maremoto.
•Por otro lado Allen propone para el apogeo de la Atlántida una fecha cercana al año 1300 A.C., interpretando la fecha de 9000 años atrás de Platón como meses lunares. Esta relativamente cercana fecha parece un esfuerzo de Allen por congeniar con las fechas aceptadas por la arqueología convencional para la civilización en el área andina.
•Ahora las similitudes con nuestra geografía e historia: Platón habla de una gran planicie rectangular, muy elevada por encima del mar, rodeada de altas montañas. Esto es precisamente nuestro Altiplano.
•Además en la Atlántida abundaba el oro, el estaño, y un metal extraño llamado Oricalco que sería una aleación de cobre y oro. Y pues se sabe que el estaño era en tiempo antiguos muy escaso y difícil de obtener en otras latitudes pero siempre ha sido abundante en los alrededores del Titicaca. Y en cuanto al oricalco, aquí tenemos el tumbaga una aleación de cobre y oro usada extensamente por varias culturas prehispánicas. Otro punto en común es según Allen la existencia de canales de irrigación en particular un inmenso canal en pleno Altiplano, cuyos restos todavía se pueden observar.
•Eso no es todo hay además cierto paralelismo entre la historia de la Atlántida y la leyenda de Thunupa deidad andina que según este relato fundo una ciudad cerca al lago Poopó que luego fue destruida por un maremoto.

¿Qué se puede concluir?

Todavía nada, o muy poco. Toda esta elucubración supone que el relato de Platón está basado en información fidedigna, y eso es algo imposible de verificar. Por otro lado, lo que sí es interesante y quizás la investigación de Allen ayude a probar es que es factible que haya habido en tiempos más remotos de lo generalmente aceptado una civilización avanzada en el Altiplano Boliviano. Esta investigación, contrastada por ejemplo con el libro y las cerámicas de Fernando Pacheco, del que hablábamos hace poco, parece sustentar esa posibilidad.


Tal vez Posnansky, que hace más de cuatro décadas propuso en su libro "Tiwanaku, Cuna del Hombre Americano", una antigüedad de 15.000 años para esta cultura prehispanica, tenía razón.


Sabemos que Jim Allen se encuentra en este momento en el país, tratamos de ubicarlo sin éxito, insistiremos esta semana para ver si logramos que nos dé en persona su versión de esta historia.


¿La Atlántida en Bolivia? Porqué no.


Texto y foto: Palabras Más

viernes, 7 de octubre de 2011

Michel Foucault, ni ángel ni demonio



Luis Roca Jusmet

Empecé a frecuentar la lectura de Foucault a principios de los 80, de la mano de Miguel Morey. En aquella época tenía poco criterio filosófico y buscaba un guía intelectual. El discurso fascinante de Foucault me resultó, en este contexto, apasionante. Pero la verdad es que mi lectura de Foucualt estaba limitada a entrevistas, artículos y a pocos libros. Nunca pude con “Las palabras y las cosas” y “La arqueología del saber”, lo reconozco. El excelente libro de Valentín Galán editado por Virus Vagos y maleantes. Michel Foucault en España desarrolla una análisis muy riguroso de la recepción del filósofo francés en aquellos años- Luego me olvidé de él pero quedó grabado en mi imaginario personal de una manera bastante intensa.

Posteriormente volví a su lectura por diferentes motivos. Por una parte por mis estudios sobre las concepciones modernas de la locura y la medicina. Estos textos me parecen fundamentales para quien quiera estudiar el tema : son muy sugerentes y aportan muy buen material. Sí que el estilo resulta a veces demasiado barroco y la retórica algo abrupta, pero nadie es perfecto- También me interesó su planteamiento sobre el poder. Aquí sí pude comprobar que Foucault hacía bastante trampa al intentar justificar lo injustificable. Quería dar continuidad a un planteamiento que no lo tenía : había pasado de una crítica radical del poder a una separación entre un poder aceptable y otro inaceptable, sin una autocrítica de por medio. Esta es al menos mi opinión. También comprobé que toda la parafernalia sobre el antihumanismo no tenía demasiado sentido porque era una discusión bastante retórica. Que en su momento criticara un determinado humanismo ( básicamente el del personalismo cristiano) estuvo bien pero no tenía sentido anatemizar esta palabra. Finalmente he vuelto a Foucault por la lectura de Pierre Hadot sobre la filosofía como forma de vida a partir de los textos clásicos. El debate Foucault-Hadot aobre el tema me pareció apasionante. Pero este último Foucault, por mucho que él también lo niegue, poco tenía que ver con los anteriores-

He leído últimamante dos libros en francés, no traducidos, que son respectivamente una apología y una degradación de la persona y la obra de Foucault. El primero es de Paul Veyne (Foucault. Sa pensée, sa personne. París: Livre de poche, 2008). El libro, escrito por el historiador y amigo de Foucualt, tiene un sentido apologético que no me gusta. Foucault aparece totalmente idealizado, tanto personal, como filosóficamente, como políticamente. Con la metáfora del samurai aplicado a Foucault elabora una especie de halo de guerrero del espíritu, implacable y certero, muy forzada. Alguna anécdota, como la que explica su sorpresa al verlo con una mujer, ambos con un kimono, la verdad es que roza el ridículo. Lo define como un intempestivo nietzcheano, un escéptico y un incorformista, calificativos que como veremos son en el primer y tercer caso bastante discutibles. El libro es ligero, en general ( salvo en capítulos algo fuera de lugar, como el de Heidegger) pero no aporta nada importante para el conocimiento de Foucault ( del que ya tenemos la rigurosa biografía de Didier Eribon). No vale demasiado ni como introducción ni como reflexión, dado su carácter poco crítico. Lo cual no quiere decir que sea una lectura inútil, hay también algunos elementos sugerentes, como la inscripción de Foucault en la tradición escéptica i algunas reflexiones puntuales que van apareciendo a lo largo del ensayo.

El segundo libro es de Jean.Marc Mandosio, profesor de latín nacido en 1963, y se titula Longevité d'une imposture. Michel Focaul ( París : Editions de l'Encyclopedie des Nuisances. 2010). Este libro forma parte de una saga con la que reconozco que no tengo ninguna simpatía. Se trata de los que intentan denunciar la impostura de determinados autores de culto. Empezó con el inquisitorial Victor Frías con Heidegger y continuó con el libro de Sokal i de Bricmont. El primero me pareció que tenía un estilo inquisitorial, propio de un comisario político. En el segundo me resultó más tramposo que lo que denunciaba, al seleccionar textos parciales y fuera del contexto de los pensadores que criticaban. Ambos me parecían también algo oportunistas, al ir dirigidos a un público que quería sangre y que esperaba ver como desmenuzaban a las presas. Con este libro, en parte, pasa lo mismo. Faltan los matices. Esta bien desmitificar a Foucault pero no al precio de una degradación política, filosófica y personal total. Hay que reconocer que Mandosio ha trabajado el tema y la crítica, aunque sea discutible, es consistente. Es cierto que Foucault no es un imtempestivo como pretende Veyne, ya que en muchos casos más bien parece seguir las modas y modos del momento : se afilia al PC sin convicción, se vuelve antiinstitucional después de mayo del 68 y se codea con los maoístas, se ofrece para trabajar con el Partido Socialista cuando aparecen otros vientos... Es antiinstitucional manteniendo sus cargos académicos... ¿ Impostura ? No me atrevería a decir tanto, ya que la impostura es una descalificación total. Sí contradicciones que lo vuelven más humano que el pretendido samurai que se imagina Veyne. Seguramente mucho culto a la personalidad gracias a estos círculos de incondicionales que sólo buscan un guru al que adorar. S´fue un “manadarín” en este sentido, como critica Mandosio, y parece que le gustaba. Otra cosa son las críticas, que quieren ser demoledoras, a su trabajo teórico. Para Mandosio es una banalidad con superficie brillante, un discurso reversible por su ambigüedad. No estoy de acuerdo. Me molesta tanto la arrogancia de Mandosio como la que critica de Foucault. En algunas cosas tiene razón pero esto lo único que pone de manifiesto es el carácter ambivalente de su obra, que no debe ser venerada y sobre la que debe hacerse una lectura crítica. Pero se nota demasiado que la voluntad de Mandosio no es la de hacer una lectura critica y matizada sino la de derrumbar un ídolo y esto la convierte en muy parcial y tendenciosa. Sí firmaría totalmente dos críticas radicales de Mandosio. Una a excesos retóricos, aunque discrepo con él porque que lo que hay detrás si tiene un contenido consistente que hay que recuperar. La otra referida a la deriva de algunas de sus posiciones políticas. La primera es su apoyo a Jomeini, que fue un escándalo justificado para los opositores laicos que entendieron mejor que él lo que vendría. Pero sobre todo por entrar en el nefasto discurso de la justícia popular directa de sus amigos maoístas. Desgraciadamente el movimiento juvenil de Mayo del 68 se materializó en el peor dogmatismo izquierdista, sobre todo el caso de los maoístas. Foucualt no supo mantener una postura crítica y coherente delante de este lamentable fenómeno: no fue aquí un intempestivo, como afirma Veyne, y se dejó arrastrar por esta moda falsamente radical.

Lo que fue el personaje Foucault tampoco, finalmente, importa tanto. Sus escritos si son una caja de herramientas, como él mismo quiso. Este es el valor de su escritura, la de decir y sugerir ideas interesantes sobre muchos temas. Con sus errores, por supuesto. No es un sistema, por suerte y no funciona en términos de o todo o nada, como pretenden los apologistas y detractores de Foucault.

Quiero por último hacer una referencia al texto complementario del libro de Mandosio, titulado Foucalphiles et foucaulâtres, con el que pretende ridiculizar a los seguidores de Foucault. El texto es, por supuesto, muy parcial y referido básicamente a Francia. ¿ Que ha pasado con los foucaultianos españoles ? Aparte de muchos intelectuales influenciados por él en su mometo, como ya señala Galán, hay cuatro grandes seguidores de Foucault en nuestro país a los que quiero referirme. Uno es Miguel Morey, coherente en su trayectoria de pensador maldito, uno de cuyos eslabones básicos y originarios fue la influencia de Foucault. Otros dos son los soiólogos Julia Valera y Fernando Álvarez-Uría han seguido fieles, desde su visión crítica de las instituciones a la herencia de Foucault ( y también de Robert Castel, al que Mandosio ignora en su libro porque no entra en el paquete que le interesa). Pero interesa sobre todo el caso de nuestro Ministro de Educación, Angel Gabilondo. Es un caso curioso porque llegó como profesor poco oficilaista a la Rectoria de la Complutense por el apoyo estudiantil. Una vez en el poder ( el gran tema foucualtiano) se ha ido adaptando sin tensiones aparentes a la gobernabilidad socioliberal y a la corrección política. Sería un argumento a favor de Mandosio, lo reconozco, en el sentido que las herramientas que ofrece Foucault pueden ser utilizadas en sentidos contrarios y su discurso es perfectamente reversible. Es posible, pero sigo manteniendo que para un lector de izquierdas la lectura de Foucault le puede reportar elementos de análisis muy potentes. Que cada cual decida.


Texto: Rebelión

Foto: Blog Luis Roca
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