domingo, 8 de noviembre de 2009

‘El Viejo’ informó a la Policía y Rózsa precipitó la balacera


El jefe de la disuelta Unidad Táctica de Resolución de Crisis (UTARC), capitán Wálter Andrade, aseguró que en el operativo realizado el 16 de abril en el Hotel Las Américas se logró neutralizar y capturar con vida a Elot Toazo y Mario Tadic porque ninguno respondió con armas de fuego al ingreso de los efectivos en sus habitaciones, cosa que no ocurrió con Eduardo Rósza, Arpad Magyarosi y Michael Dwayer, que atacaron a los policías, quienes tuvieron que responder en defensa de su integridad física.

El dato está incluido en el acta de la segunda declaración que el ex líder de la UTARC dio ante el fiscal Marcelo Soza, el jueves por la noche, en el marco de la investigación del caso terrorismo.

El oficial mencionó en su declaración que uno de los detenidos en la acción policial estaba con el torso desnudo y dijo creer que el otro estaba tapado con una camisa que se encontró en el lugar.

Estableció que una vez capturados Toazo y Tadic en ningún momento se les infligió tortura física o psicológica y que lo único que se hizo fue cumplir los procedimientos policiales aplicables al caso, para luego poner a los detenidos en conocimiento de la Fiscalía y los investigadores.

El líder del grupo policial de élite dio detalles de cómo se hizo el operativo de desarticulación del grupo terrorista y apuntó que él y los efectivos a su cargo se trasladaron al hotel Las Américas y divididos en grupos se acercaron a las habitaciones.

Sostuvo que por los datos proporcionados por el informante Ignacio Villa Vargas se estableció que los miembros de la célula separatista andaban de manera permanente fuertemente armados, por lo que la misión se constituía en una acción de alto riesgo.

“Se escuchó una detonación, gritamos: ‘¡alto, policía!’, pero no respondieron, escuchamos disparos desde dentro y abrimos fuego; lamentablemente se tuvo el fallecimiento de tres personas, pero esta acción se la realizó en el marco de preservar nuestra integridad física, ya que fuimos objeto de disparos de armas de fuego”, expresó el capitán Andrade ante el fiscal Soza.

La versión coincide con lo declarado el 30 de octubre por la dragoneante Marilin Vargas Villca, quien explicó que el día de los hechos, una vez en el piso de las habitaciones del hotel Las Américas, hubo la división en grupos de los efectivos de la UTARC; se escuchó una detonación, alguien gritó: ‘¡alto, policía!’, y cuando se ingresó recibieron disparos de armas de fuego y se produjo un enfrentamiento. Manifestó que en las habitaciones donde no hubo respuesta de fuego se arrestó a dos individuos que no opusieron resistencia armada.

Por otro lado, el ex jefe de la Unidad Táctica de Resolución de Crisis mencionó, en su declaración informativa, que luego del operativo antiterrorista se procedió a revisar y verificar todas las habitaciones frente al riesgo de que pudiera existir algún otro artefacto explosivo.

Dijo que se encontraron algunas bolsas y bultos que los abrieron para verificar que no tuvieran artefactos explosivos, como parte de la seguridad de la operación. Explicó que en los ambientes se encontró también gran cantidad de armas, explosivos, maletas, mochilas, computadoras y celulares, entre otros objetos, cuyo detalle se encuentra en el cuaderno de investigación debidamente descrito, que fueron entregados a las autoridades.

Mencionó que posteriormente los policías abandonaron los ambientes y se dejó el lugar bajo custodia de los miembros de Radio Patrulla 110 de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Manifestó, además, que escuchó algunas versiones de mala fe en sentido de que se plantaron pruebas y negó enfáticamente tal aseveración.

El oficial fue también interrogado sobre las tareas policiales que realizó con relación al grupo de Eduardo Rózsa Flores y mencionó que a fines de marzo recibió instrucciones de la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía para verificar si los datos proporcionados por el informante que se hacía llamar ‘el Viejo’ (Ignacio Villa Vargas) eran verídicos o confiables.

Indicó que la información consistió en una reunión que el informante confirmó se había organizado con la finalidad de demostrar que no estaba mintiendo.

SE VERIFICA LA INFORMACIÓN

Andrade aseveró que verificó el lugar, donde ingresaron varias personas, y explicó que ‘el Viejo’ le invitó a la reunión. “Después hice otras tareas de verificación e información de Inteligencia en la ciudad de Santa Cruz”, agregó en su testimonio.
Posteriormente, Andrade explicó que ante una elevada cantidad de información dispersa y alarmante proporcionada por el informante Ignacio Villa Vargas se le encomendó, como objetivo claro y específico, constatar la existencia del grupo irregular, si se componía de personas extranjeras y si contaban con un alto régimen de seguridad.

Manifestó que constató el tipo de seguridad, todo con total firmeza, puesto que pese a que ‘el Viejo’ le presentó como una persona de alta confianza, la gente involucrada a momentos hablaba en un idioma extranjero cuando le notaban cerca, y recordó que el idioma no le era conocido, extremo que demostraba alguna situación de peligro, por lo cual durantre una reunión a la que fue invitado el informante se le pidió que salga del lugar.

Señaló que ‘el Viejo’, tras salir del inmueble, informó a la Dirección Nacional de Inteligencia de la Policía que existían extranjeros y se pudo confirmar los datos brindados por Villa respecto a que los miembros de la célula terrorista hablaban de formar una especie de milicia, la realización de atentados contra la integridad del Presidente del Estado y varios de sus ministros, la voladura de puentes y la colocación de artefactos explosivos en edificios públicos.

Dijo que en general se hablaba de una campaña de terror y los componentes del grupo manifestaban su odio en contra de la figura del Presidente del Estado, incluso con palabras de ‘grueso calibre’.

Ante la consulta sobre si se infiltró en el grupo irregular, Andrade aclaró que en su condición de policía nunca perteneció ni podría pertenecer a una organización criminal ni terrorista, por los valores fundados en su educación y al ser un servidor de la ley.

Estableció que únicamente realizó tareas de verificación de la alarmante información sobre la peligrosidad de los componentes del grupo que había dado el informante Villa Vargas. “Hice tareas de Inteligencia de alto riesgo”, añadió.

El oficial aseveró luego que todas las actividades de comprobación daban elementos parciales del objetivo central que se buscaba sobre la confirmación de la actividad terrorista de la célula dirigida por Rózsa. Expresó que jamás existió infiltración alguna puesto que el trabajo policial se hizo con un seguimiento que fue burlado en determinado momento por la extrema seguridad implantada por los miembros del grupo.

En referencia al trabajo de seguimiento, el fiscal Marcelo Soza le preguntó a Andrade por qué no se advirtió sobre el atentado contra la casa del cardenal Julio Terrazas, sobre la base del contacto con la célula terrorista a través del informante.

El oficial respondió que Ignacio Villa Vargas no daba información frecuente y que a veces desaparecía por varios días. Mencionó que el grupo terrorista tomaba medidas de seguridad para burlar cualquier posible seguimiento.

Texto: Cambio
Foto: ernestojustiniano.org

sábado, 7 de noviembre de 2009

De la codicia al homicidio


Alberto Piris

La semana pasada ha vuelto a saltar a los medios de comunicación un caso de desmedida codicia empresarial con mortíferos resultados. La empresa responsable, una multinacional que opera en casi medio centenar de países, ha tenido que reconocer las mentiras con las que intentó ocultar su nociva actividad, tres años después del grave atentado ecológico que causó. Se ha visto obligada a aceptar un arreglo de compensación económica para unos 31.000 ciudadanos de Costa de Marfil, que sufrieron en sus carnes los efectos del crudo capitalismo globalizado del que hoy disfrutamos.

Todo empezó a finales del 2005, con unos correos electrónicos cursados entre altos ejecutivos de la empresa en cuestión, dedicada a la comercialización de productos petrolíferos y que declara ser la tercera del mundo en importancia en esta rama, con unos beneficios de 440 millones de dólares en el año pasado. Esos mensajes habían permanecido ocultos hasta que su revelación, hace unas semanas, en un informativo de la BCC británica, destruyó la engañosa tapadera con la que la multinacional había pretendido encubrir el asunto durante estos años. Y anuló los intensos esfuerzos de su departamento "antilibelos", que había logrado imponer rectificaciones a lo publicado por la BBC y ciertos diarios británicos, además de ejercer presiones sobre algunos periodistas de Holanda y Noruega, a fin de acallar sus denuncias.

Una refinería estatal mexicana había puesto a la venta una gran partida de la llamada "nafta de coque", una gasolina contaminada que no podía tratar en sus instalaciones. Esto fue descubierto por un directivo de la citada multinacional: "Es lo más barato que uno puede imaginarse -escribía en un correo electrónico- y nos va a proporcionar un buen montón de dólares". La oficina londinense de la empresa confiaba en obtener unos beneficios de 7 millones de dólares por cada cargamento procesado. Pero para esto era preciso convertir el producto, al que en los mensajes se aludía como "mierda", en algo vendible. Se decidió emplear sosa cáustica para eliminar las impurezas sulfurosas.

Ese barato tratamiento -técnicamente llamado "lavado cáustico"- tuvo lugar a bordo de un petrolero fondeado en aguas de Gibraltar (tome buena nota de esto el lector español), entre abril y junio del 2006, donde se mezcló el producto adquirido en México con sosa cáustica y un catalizador. Pero ahí empezaron los problemas, porque como subproducto se obtenía un hediondo y peligroso desecho tóxico del que era preciso deshacerse. Los correos electrónicos prueban que los directivos de la empresa sabían lo que estaban haciendo: "Esta operación está prohibida en la Unión Europea, en EEUU y en Singapur", así como en otros muchos países "a causa de la peligrosa naturaleza de los residuos". Y también empezaron las mentiras, pues la empresa calificó a esos residuos de "agua sucia" y afirmó que eran como la mezcla de agua y petróleo obtenida cuando un petrolero lava sus tanques.

El buque fue rechazado por una compañía de Rotterdam, especializada en la eliminación de residuos tóxicos, que no tragó tan descomunal mentira y exigía el pago de una elevadísima tarifa para procesar ese tipo de residuos. Se abrió un proceso judicial en Holanda contra la multinacional, por su intento de engaño. Por último, el buque puso proa a Costa de Marfil, donde la carga fue trasvasada a los camiones cisterna de una compañía nativa, de incierto origen, que se prestó a la operación a precios irrisorios. Entonces se inició la terrible catástrofe medioambiental, pues los peligrosos residuos tóxicos fueron arrojados, sin más contemplaciones, en quince vertederos de los alrededores de Abiyán, la capital del país. Durante el 2006, los hospitales de la ciudad no dieron abasto; miles de personas tuvieron que ser atendidas, y al menos doce murieron a causa de los elevados niveles de anhídrido sulfuroso.

Los productos desprendidos por los residuos produjeron quemaduras, náuseas, diarreas, pérdidas de conciencia y muerte entre quienes entraron en contacto con ellos. La multinacional, sin aceptar responsabilidad alguna, indemnizó a las familias de los fallecidos en el 2007 y contribuyó a la limpieza de lo contaminado, ante la inocultable evidencia de la catástrofe. El empresario marfileño que esparció los residuos fue condenado en su país a 20 años de prisión; es el único encarcelado por tan grave asunto. El resto de la trama contaminadora permanece a salvo, dada su condición de compañía multinacional asentada a la vez en todas partes y en ninguna.

Cada una de las víctimas recibirá 1.600 dólares y... ¡aquí no ha pasado nada! Al fin y al cabo, con ese dinero serán felices esos miserables subsaharianos, capaces de vivir con menos de un par de dólares al día. Para concluir, permítanme añadir un pequeño detalle. Uno de los directivos fundadores de la empresa contaminadora, el barón suizo Erick de Turckheim, declaró ante la BBC que los desechos tóxicos ya citados "no eran de ningún modo peligrosos para los seres humanos". El viejo cóctel de aristocracia sin escrúpulos, dinero fácil y capitalismo global (antes, "colonial") parece seguir haciendo de las suyas ya entrado el siglo XXI.

Texto y foto: estrelladigital.es

Lévi-Strauss y los enigmas del hombre


Pedro De La Hoz

"Detesto los viajes y los exploradores", reza la primera línea de Tristes trópicos (1955), paradójicamente uno de los libros de viajes más fascinantes que se hayan escrito en el siglo XX por un hombre de ciencia. Si no se hubiese adentrado en las profundidades de Brasil para observar la vida de las comunidades de los guaicuru, los tupi, los bororo, y los nambikwara, quizás sería recordado solo por sus aportes teóricos y no por su impronta poética.

Porque de eso se trata: dotar la práctica científica de imaginación e instalar el registro documental en el territorio de la narración especulativa marcaron la diferencia de una obra que cambió la manera de reflejar y transmitir conocimientos.

Su autor, Claude Lévi-Strauss, dejó de existir este último domingo en París poco antes de cumplir 101 años de edad. Había nacido en Bruselas en 1908 pero por el ámbito vital y la consagración profesional inscribió su nombre en la cultura francesa. Estudió Derecho y Filosofía en la Sorbona. Una estancia en Brasil de 1935 a 1939 le hizo reorientar su carrera. A partir de entonces, y con la publicación de Vida familiar y social de los indios nambikwara (1948), Las estructuras elementales (1949) y Raza e historia (1952), se dedicó a la antropología, especialidad en la que dejó una huella imprescindible.

Un encuentro con el lingüista Roman Jakobson en Estados Unidos lo decantó definitivamente por el costado del estructuralismo. La edición en 1958 de Antropología estructural lo convirtió en punto de obligatoria referencia en las ciencias sociales contemporáneas, que se afianzaría con el polémico ensayo El pensamiento salvaje (1962) y la serie de volúmenes que publicó bajo el nombre genérico de Mitológicas entre 1964 y 1971.

Influido por la herencia de Freud, los hallazgos lingüísticos de la Escuela de Praga y la dialéctica marxista, pero sobre la base de un pensamiento original, su enfoque estructuralista trató de articular la relación entre el mito y al historia, la familia y la sociedad, la cultura y la naturaleza, los símbolos y las prácticas sociales.

Aun cuando fue sometida a recias críticas tanto por los que le achacaron rasgos de determinismo en la formulación de sus resultados como por quienes observaron cierta rigidez en las dicotomías que adoptó como puntos de partida y llegada para sus análisis, la obra de Lévi-Strauss constituye un colosal e ineludible proyecto de sistematización de conocimientos sobre las coincidencias y las diferencias de la vida humana, y una fuente de inspiración para otros pensadores tan diversos como el semiótico italiano Umberto Eco, el filósofo francés Jacques Derridá, famoso por la teoría de la deconstrucción, y el marxista norteamericano Fredric Jameson.

En días próximos a cumplir su centenario, Lévi-Strauss reclamó a los científicos sociales superar la visión estrecha del humanismo, al enunciar cómo debía abordarse al hombre más como ser viviente que como mero ser pensante.

Decía por entonces que se atribulaba ante la desmedida importancia que la sociedad le daba a los medios de comunicación, causantes, en su opinión, de un abaratamiento de la información. Habló del "hombre aturdido", que ante semejante bombardeo, terminaba "por creer que conoce el mundo en que vive cuando en realidad no sabe nada".

Confesó no estar ajeno él mismo al aturdimiento. "Durante el siglo XX —expresó— la ciencia ha progresado mucho más que en todos los siglos anteriores, una aceleración enorme en la producción de conocimientos y, al mismo tiempo, ese progreso vertiginoso nos abre abismos cada vez más insondables, cada descubrimiento nos plantea diez enigmas, de manera que el esfuerzo humano pareciera estar abocado al fracaso. Pero está bien que así sea".

Texto: Visiones Alternativas
Foto: olamtagv.wordpress.com

viernes, 6 de noviembre de 2009

Suicidándonos de a poco


Pablo Cingolani

Mi amigo Cali se fue a vivir a Chulumani. Lo que me cuenta en su último correo electrónico es terrible: en el otrora vergel, llovía un promedio de 290 días al año. Ahora llueve sólo 160 y lloverá cada menos si no se detiene la deforestación. Como consecuencia de la merma del agua del cielo, el bosque de ese sector de los Yungas de húmedo se convirtió en seco y las temperaturas "trepan como en el Chaco" y llegan con facilidad a rondar los 40 grados C.

Ya hemos denunciado la deforestación imparable que llevan adelante capitalistas brasileños asociados a terratenientes bolivianos en la selva amazónica del Departamento de Pando. Los datos que pueden leerse en la mismísima página web del Viceministerio de Tierras son escalofriantes. Nos estamos quedando sin selvas, sin biodiversidad, sin vida. Si seguimos así, la Amazonía pandina -que era la mejor preservada de Bolivia- será un recuerdo y nada más.

Otra maravilla natural que sólo veremos en películas y fotos serán los glaciares de las Cordillera Real y los más desconocidos de la Serranía Murillo. Lo más dramático es que de ellos, y de las lluvias, depende el suministro de agua para el conjunto poblacional más grande de Bolivia, el que forman las urbes de La Paz y El Alto.

Si recorremos el país entero, cada boliviano podrá señalar su propio desastre ecológico, sentido y vivido a diario.

Somos tan frágiles en nuestra diversidad que en Bolivia a nadie le hace falta ver la película de Al Gore para abrir los ojos (como vimos que la exhiben en sus talleres los promotores del REDD, el Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques, aquí en Bolivia, "para motivar" a los compañeros ese ejas y tacanas del Beni, que se duermen de lo lindo, como cualquiera lo haría frente a la más de hora y media de hipocresía que hay que tragarse de boca del ex vicepresidente yanqui... mientras las empresas madereras siguen asolando sus territorios); aquí sólo hace falta que veamos a nuestro alrededor y tomemos conciencia de nuestra alarmante y triste realidad.

El mundo, por su parte, se prepara para la ultra publicitada primera conferencia mundial sobre cambio climático que se realizará el mes de diciembre en Copenhagen, la capital danesa. Estos encuentros son sólo testimoniales.

Testimonian lo absurdo que puede ser el mundo dominado por las potencias ricas y capitalistas (responsables históricas de la contaminación planetaria y la activación acelerada del cambio climático) y lo estúpido que somos aquellos que somos pobres y críticos de tanta locura pero seguimos reproduciendo, a nuestra escala, el mismo modelo que nos ha llevado a esta crisis ecológica planetaria y donde para colmo, somos los que más la padecemos.

No hay que esperar nada nuevo bajo el sol de diciembre en Dinamarca.

La campaña que impulsan organizaciones conservacionistas globales y detrás de la cual se ha embanderado Lula -justo él- para impulsar la deforestación cero de la Amazonía a partir del año 2020, es una burla o algo peor. Para esa fecha, si las grandes obras de infraestructura que impulsa Brasil en el marco de la iniciativa IIRSA se concretan, si los planes extractivas de los demás gobiernos de la cuenca continúan, la deforestación cero vendrá a ponerle una lápida cínica a un territorio donde ya no habrá más para desboscar, simplemente porque ya no quedará ni un solo árbol en pie.

El deseo boliviano de consolidar la creación de un tribunal ético para condenar a los violadores de los derechos ambientales de la humanidad -cuya primera sesión ya tuvo lugar hace muy poco en Cochabamba-, son sólo buenas intenciones y seguir tirando la pelota afuera en vez de ponernos a defender el medio ambiente en nuestra propia cancha.

¿Por qué no damos el ejemplo al mundo y empezamos a salvar lo que es nuestro? ¿Por qué no juzgamos aquí a nuestros propios criminales ecológicos? En el norte del país, y sólo a modo de ejemplo: ¿Por qué no detenemos el proceso de deforestación irreversible de la Amazonía boliviana? ¿Por qué no paramos a los ganaderos impidiendo que no quemen un metro cuadrado más de selva? ¿Por qué no aplicamos el artículo 392 de la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia y sancionamos el delito penal de talar árboles de castaña y goma? ¿Por qué no hacemos algo útil, digo yo, algo por el cual nos podamos ir a dormir tranquilos, al menos hasta mañana?

En Bolivia, estamos de verdad frente a un dilema, y que no lo resolverán ni los talleres de los consultores que aman a Al Gore ni las conferencias internacionales, ni mucho menos las palabras de los que gobiernan. Nosotros, la gente, el pueblo, usted que lee, también tiene que sentirse parte de lo que se blablabeará en Europa o lo que se decide en la Plaza Murillo o en cada uno de los municipios y prefecturas. De ello, dependerá encontrar el camino hasta llegar al Vivir Bien que queremos todos o seguir en la ruta demencial de no saber nunca a donde vamos e ir suicidándonos de a poco, como sociedades, como culturas y como seres humanos.

Texto: Bolpress
Imagen: opcioncentro.net

Murió el padre del estructuralismo


Claude Lévi-Strauss fue un poeta de la ciencia y un pensador del Neolítico. Su muerte obliga a repasar rápidamente los tramos lejanos de nuestra propia formación, la de miles y miles, alumnos accidentados o distraídos en las facultades de Buenos Aires (agrego: años sesenta, setenta).

El pensamiento salvaje es un libro asombroso y creo que algunos no pueden parar de leerlo, aunque sea tonto confesarlo. ¿Para qué decirlo? Quizá sea necesario saber de una vez por todas que no existe perdurabilidad efectiva en materia de obras, textos, escrituras. Los libros de Lévi-Strauss dudosamente subsistan. Con él se van definitivamente Durkheim y Marcel Mauss, es bueno advertirlo.

Y quizá es ahora que muere definitivamente Sartre, su gran antagonista. Digo más: es posible que también haya que pensar de otro modo el 18 Brumario, de Marx, sobre el cual y contra el cual Lévi-Strauss pensó casi toda su obra, para tratar de superarlo con una historia “estructural”, sin tiempo, puro juego de significantes combinados incesantemente. Pero trayéndolo para su molino, encontró también el simbolismo y la mitología del oro en el propio Capital de Marx.

Tristes Trópicos es un libro esencial. En él está Brasil, las etnias extinguidas, pero están también Borges, De Ipola y Darcy Ribeiro. Hágase la prueba de leerlo así. Como un libro total y al mismo tiempo disparatado. Viajes, teatro, ensayo, ciencia y mito. Todo a un tiempo. Pasado y presente. Todo entrelazado, afirmado y negado, en planos recurrentes, sin dialéctica ni historia. Bárbaro, exquisito. Con sus invariantes, inversiones, juegos especulares, vacíos de significaciones que luego se llenarán en lugares contrapuestos.

Sobre el momento crucial en que un escritor comienza su texto, decía que en su caso releía, precisamente, el 18 Brumario, como invocación a un demiurgo de la escritura. Entendemos el sentido de este aserto. Cada escritor quisiera absorber mágicamente para sí, la cadencia, y por sí decirlo, el sabor, de aquel célebre escrito en cuyo extremo se percibe un compendio secreto de retórica: ¿Cómo empezar un texto? ¿Qué elección sonora hay que hacer de una frase inicial? ¿Cómo mantener los altibajos de un relato, anudar cada secuencia con ornamentos que parecen meros agregados de paso, pero destinados a perdurar como citas perennes de un escrito?

La obra de Lévi-Strauss, que acabará considerando los acontecimientos como deslindados de la estructura (por lo menos en el caso del totemismo), significaba una formidable anticipación a las filosofías de los años ’80. Opone las series totémicas a la historia moderna autogenerada. Considera superior el totemismo que la historia del presente, sin respaldo de clasificaciones tomadas del mundo animal o vegetal.

Mostrando la compatibilidad de su pensamiento con el de Borges, Lévi-Strauss no puede trascender las oposiciones simétricas, pero las sostiene en la tensión que llamó mito, la verdadera dialéctica en suspenso, pero sin Walter Benjamin sobrevolando. En Borges no es nada diferente, excepto que el nexo entre partes de la estructura se verifica por la vía del destino y la muerte. El proyecto de Lévi-Strauss de reintegrar la cultura en la naturaleza desprecia a la historia en nombre de la etnología. No creo que debamos seguirlo hasta ahí.

Pero aún nos deja la lección de poner a la historia en estado de archivo trascendental. A poco que consideremos que la lengua de la historia y del historiador no tienen por qué operar en la dimensión ética de las reducciones lévi-straussianas y que aceptemos una idea del mito más grata, la historia se nos aparecerá como un terreno animado de formas morales e intelectuales en el que el historiador o el pensamiento histórico deben escoger inevitablemente un punto de vista. Pero si creemos en esto, no nos neguemos a mirar una piedra inmóvil o sostenerle la mirada a un gato, como por lo bajo proclamaba Lévi-Strauss.

Al fin y al cabo, en toda su obra la noción fenomenológica de experiencia vivida merecerá un tratamiento que debe interesarnos especialmente, pues involucra el modo fugaz en que se da todo tiempo presente, pero ahí también, yaciendo la piedra y el sentir de un mundo biológico que empieza a significar de golpe y nos lleva al lenguaje. La defensa que hace de la voz, la oralidad, la palabra dada contra la escritura marca uno de los momentos decisivos de la teoría contemporánea, retorno al roussonismo, como se dijo, y base para la reorientación del pensamiento político contemporáneo, tal como la intentó Ernesto Laclau. Fue un nominalista. Presentó con una asombrosa maestría el poder de nombrar, en una brutal destitución del sentido de lo histórico, como experiencia y como crónica irrevocable de las prácticas colectivas.

Su etnología estructural y el pensamiento salvaje se anticipaban dos décadas al tono que luego adquirirá la filosofía del “acontecimiento”. Las fabricaciones concretas como la alfarería cohabitaban el pensamiento operante y la filosofía del mito, esto es, los significados del pensar. El pensamiento salvaje es de algún modo una revisión y ampliación de ¿Qué significa pensar?, de Martín Heidegger. Su personaje fundamental, el bricoleur poseía una intención inicial que inevitablemente sucumbía con la obra terminada, y allí veríamos el resultado de un azar objetivo. Así lo define Lévi-Strauss, que toma la fórmula, dice, del surrealismo. Este azar objetivo sería algo así como una transmutación de medios y fines, pues en cada conjunto, “los antiguos fines son llamados a representar el papel de medios: los significados se tornan significantes y viceversa”.

Una fórmula que, como todo en Lévi-Strauss, poniendo en conjunción a Saussure con Breton, muestra que una inversión simétrica y opuesta rige incesantemente las relaciones de las que emerge el pensar. Como Borges, fue el pensador del “estallido de la clasificación”, a la que comparaba con un palacio arrastrado por un río, ya desmantelado y sus partes recompuestas entre sí pero no como lo hubiera querido el arquitecto.

El surrealismo estaba debajo de un pliegue estructural. Representó Lévi-Strauss una empresa del pensar grandiosamente arbitraria y estetizada, otra forma de escribir la búsqueda del tiempo perdido. En esta hora argentina, tan álgida, he aquí que de repente recibimos la noticia de que murió un pensador de lo arcaico. Hagamos el esfuerzo de evocarlo en una tristeza antigua, aunque entre nosotros no solemos concebir el trópico. Lévi-Strauss quiso ser un científico pero terminó encarnando el mito y pensando –era necesario ser valiente para eso– en todo lo que alguna vez se extingue.

Texto: kaosenlared
Foto: La Prensa

Raza y Color


Ramón Rocha Monroy

El concepto de raza humana no existía antes de 1492. El mundo se reducía a la zona de influencia del Mar Mediterráneo, es decir, el sur de Europa, el Medio Oriente y el norte de África, donde había fenotipos humanos de diversa pigmentación en la piel; sin embargo, nadie hablaba de razas.

Ese concepto perverso se inventó para diferenciar a los europeos occidentales de los nativos de este Continente, a quienes equívocamente se llamó "indios". Ellos uniformaron a diversos pueblos con identidades definidas, desde los mayas, los aztecas y los incas, hasta los aymaras, los chibchas, los tehuelches y los araucanos.

Es un concepto perverso, primero porque las diferencias fenotípicas se las relacionó con la biología; incluso se discutió si los indios tenían alma; y segundo, porque de inmediato se enlazó la raza a la división del trabajo. Así, españoles y portugueses, por ser europeos, eran encomenderos, azogueros, propietarios de la tierra y gobernantes, mientras los americanos, por ser indios, debían trabajar gratuitamente y pagar tributo al Estado para conservar sus comunidades. El capitalismo nacía en Europa con la inyección de oro y plata de América, especialmente de Potosí, y allá los europeos trabajadores tenían derecho al salario; en cambio a los indios no les asistía ningún derecho económico.

A éste se suma otro concepto perverso: el del color. Éste fue inventado por los ingleses para diferenciarse de los nativos de África. Así nacieron los negros y los blancos, diferencia que antes de la expansión colonial inglesa no existía. Como ellos crearon la antropología, hasta hoy las razas humanas se distinguen por el color: así hay blancos, negros, rojos o cobrizos, amarillos e incluso aceitunados. Excepto los blancos, la gente de "color" fue asignada a la obligación de trabajar sin una remuneración justa.

Raza y color, inventos de la civilización occidental, nos inculcaron la peor de las herencias del colonialismo: el sentimiento de otredad. En esta parte del mundo, nos acostumbraron a diferenciarnos no sólo por la ubicación en el aparato productivo o por el ingreso sino por la raza o el color, reservando privilegios a los blancos europeos y restringiendo a los nativos, así fueran también blancos. Vino la guerra de la independencia y el nacimiento de las repúblicas que proclamaron la igualdad de los ciudadanos ante la ley, pero se mantuvo el tributo indigenal, se limitó el voto a quienes eran letrados, restringiendo la educación de los indios para que no se alfabetizaran, y evitando que accedieran a cargos de gobierno.

Y bueno, pasaron más de cinco siglos y ahora tenemos un presidente indio, cosa insólita todavía hoy en el continente americano, ¡y todavía tenemos el tupé de acusarlo de racista! Cuando nos hablan de 500 años de explotación étnica nos fatigamos por la cantaleta, pero basta revisar la historia para precisar que raza y color fueron conceptos inventados por los europeos occidentales. Lo curioso es que algunos de sus herederos se quejan de ser víctimas del racismo. ¡Increíble!

Texto: Bolpress
Imagen: cimarrones-peru.org

jueves, 5 de noviembre de 2009

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