viernes, 28 de octubre de 2011

jueves, 27 de octubre de 2011

La ilusión de una economía verde



Leonardo Boff

Todo lo que hagamos para proteger el planeta vivo que es la Tierra contra factores que le quitan su equilibrio y provocan, como consecuencia, el calentamiento global, es válido y debe ser apoyado. En realidad, la expresión «calentamiento global» esconde fenómenos como sequías prolongadas que diezman cosechas de granos, grandes inundaciones y vendavales, falta de agua, erosión de los suelos, hambre, degradación de 15 de los 24 servicios enumerados en la Evaluación de Ecosistemas de la Tierra (ONU), y que son responsables de la sostenibilidad del planeta (agua, energía, suelos, semillas, fibras, etc.).

La cuestión central ni siquiera es salvar la Tierra. Ella se salva a sí misma y, si fuera preciso, lo haría expulsándonos de su seno. Pero ¿cómo vamos a salvarnos nosotros mismos y a nuestra civilización? Esta es la pregunta real, ante la cual la mayoría se encoge de hombros.

La producción de bajo carbono, los productos orgánicos, la energía solar y eólica, la mayor disminución posible de la intervención en los ritmos de la naturaleza, buscar la reposición de los bienes utilizados, el reciclaje, todo lo que viene bajo el nombre de economía verde son los procesos más buscados y difundidos. Y es recomendable que se imponga ese modo de producir. Así y todo no debemos ser ilusos y perder el sentido crítico. Se habla de economía verde para evitar la cuestión de la sostenibilidad, porque ésta se encuentra en oposición al actual modo de producción y de consumo, pero en el fondo aquella (la economía verde) se sirve de medidas dentro del mismo paradigma de dominación de la naturaleza. No existe lo verde y lo no verde. Todos los productos contienen en las distintas fases de su producción elementos tóxicos para la salud de la Tierra y de la sociedad. Hoy mediante el Análisis del Ciclo de Vida podemos exhibir y monitorizar las complejas interrelaciones entre las distintas etapas: la extracción, el transporte, la producción, el uso y el descarte de cada producto y sus impactos ambientales. Ahí queda claro que el pretendido verde no es tan verde como parece. Lo verde representa solamente una etapa de todo el proceso. La producción nunca es del todo ecoamigable.

Tomemos como ejemplo el etanol, considerado como energía limpia y alternativa a la energía fósil y sucia del petróleo. Es limpio solamente en la boca de la bomba de suministro. Todo el proceso de su producción es altamente contaminante: los productos químicos aplicados al suelo, las quemas, el transporte en grandes camiones que emiten gases, los líquidos efluentes y el bagazo. Los pesticidas eliminan bacterias y expulsan las lombrices que son fundamentales para la regeneración de los suelos; sólo vuelven después de cinco años.

Para garantizar una producción necesaria para la vida, que no estrese ni degrade la naturaleza, es necesario algo más que la búsqueda de lo verde. La crisis es conceptual y no económica. La relación con la Tierra tiene que cambiar. Somos parte de Gaia y mediante nuestra actuación cuidadosa la volvemos más consciente y con más oportunidad de asegurar su vitalidad.

Para salvarnos no veo otro camino que el indicado por la Carta de la Tierra: «el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo; esto requiere un cambio en la mente y en el corazón; demanda un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal» (final).

Cambio de mente: adoptar un nuevo concepto de Tierra como Gaia. Ella no nos pertenece a nosotros, sino al conjunto de los ecosistemas que sirven a la totalidad de la vida, regulando su base biofísica y los climas. Ella creó toda la comunidad de vida, no sólo a nosotros. Nosotros somos su porción consciente y responsable. El trabajo más pesado lo hacen nuestros socios invisibles, verdadero proletariado natural, los microorganismos, las bacterias y los hongos, que son miles de millones en cada cucharada de tierra. Ellos son los que sustentan efectivamente la vida desde hace ya 3,8 miles de millones de años. Nuestra relación con la Tierra debe ser como la que tenemos con nuestras madres: de respeto y gratitud. Debemos devolver, agradecidos, lo que ella nos da y mantener su capacidad vital.

Cambio de corazón: además de la razón instrumental con la cual organizamos la producción, necesitamos la razón cordial y sensible, que se expresa por el amor a la Tierra y por el respeto a cada ser de la creación porque es nuestro compañero en la comunidad de vida, y por el sentimiento de reciprocidad, de interdependencia y de cuidado, pues esa es nuestra misión.

Sin esta conversión no saldremos de la miopía de una economía verde. Sólo nuevas mentes y nuevos corazones gestarán otro futuro.


Texto: Visionesaltrnativas

Imagen: leonardoboff.com

Felipe Quispe, el último Mallku



Martín Cúneo

Desde el altiplano boliviano, a orillas del lago Titicaca, Felipe Quispe se convirtió en uno de los referentes del movimiento indígena. Y también en uno de los posibles catalizadores de una sociedad convulsionada, de unos movimientos sociales que habían tumbado a tres presidentes en tres años. El otro candidato era Evo Morales.


Felipe Quispe, con su chaqueta de cuero y sombrero negro, explica el desenlace de esta disputa mientras toma una sopa de fideos de menú en un bar de La Paz. Sitúa en la mesa dos vasos de agua. “Había dos vasos, agua tibia y agua caliente. El agua tibia era Evo. Yo la caliente”.

“Podría haber sido Felipe Quispe, pero no lo fue y ahí se perdieron muchísimos intereses históricos”, dice el sociólogo aymara Pablo Mamani. “Evo era la salida intermedia más afín a formas de admitir lo indígena, lo popular en espacios públicos de poder. Felipe Quispe representaba la posibilidad de un cambio estructural del Estado. La salida intermedia, que es Evo en este caso, fue muy estratégica para sectores de la clase media, moderada, ilustrada, liberal, que tuvieron el miedo de que la indiada se les fuera por encima, que es lo que Quispe estaba más o menos planteando”.

Aunque la figura de Felipe Quispe fue perdiendo notoriedad pública tras la llegada al poder de Evo Morales en 2006, se le sigue conociendo con el cargo de “Mallku”, cóndor en aymara,la autoridad más respetada dentro de una comunidad. Sin su figura es imposible entender la historia reciente de Bolivia. La reorganización del mayor sindicato campesino, la CSUTCB, a fines de los ‘90, la revuelta indígena del altiplano en los años 2000 y 2001 y el cerco a La Paz en 2003 –tres acontecimientos que tuvieron a Felipe Quispe como protagonista– marcaron una época de luchas sociales junto con las movilizaciones por el agua en Cochabamba y los bloqueos de los cocaleros en el Chapare.

Los orígenes

“Tendríamos que remontarnos más allá, cuando se levanta Tupaj Katari, cuando los indios cercan La Paz y matan a los españoles”, dice Felipe Quispe. “Es el único hombre que hizo temblar a la corona española de esa época. Y murió descuartizado por cuatro caballos. Pero dejó una herencia, una herencia inmortal. Nosotros nos consideramos como seguidores y continuadores de Tupaj Katari, por eso enarbolamos su bandera, como también su pensamiento medular, el indianismo,que también nos han transmitido nuestros mayores, nuestros abuelos”. Tupaj Katari, al frente de 50.000 indígenas, cercó La Paz durante seis meses. “Volveré y seré millones”, fue lo que dijo antes de morir, según la memoria aymara. Se había adelantado treinta años a los primeros gritos de independencia latinoamericana.

Felipe Quispe nació en una familia campesina aymara en la provincia de Omasuyos, cerca de La Paz. No aprendió a hablar español hasta los veinte años. El inicio de su militancia se remonta a los tiempos del Pacto Militar Campesino. Con la bandera de la revolución del ‘52 y una política asistencialista, los militares se hicieron poco a poco con el poder y la adhesión del movimiento campesino. Las milicias agrarias creadas con la revolución del MNR terminaron sirviendo como grupos de choque contra las reivindicaciones sindicales de los mineros, reprimidos a bala y sangre. Detrás del discurso nacionalista del general René Barrientos se hallaba una política de sumisióna los intereses estadounidenses en el contexto de la guerra fría.

“En los años ‘60 yo estaba prestando el servicio militar. En esa época había una línea política muy fuerte anticomunista. A pesar de que nosotros habíamos nacido en una comunidad no sabíamos qué era el comunismo”, cuenta el Mallku. “Había un oficial, de nombre Aurelio Torres, que repartía unos folletos que decían que iban a matar a nuestros abuelos y que nos iban a quitar nuestras tierras, que todo iba a ser en común, que no iba a haber iniciativa privada… Bueno, yo también estoy encontra de la iniciativa privada, porque vengo de una comunidad, pero eso de que iban a matar a mi abuelo, que me iban a quitar mi tierra, mis animales… eso no me convencía. Pero una vez que salí del cuartel en el ‘64 busqué el Manifiesto Comunista. Y después busqué otros libros de Carlos Marx y otros autores, pero nunca encontraba eso de que me iban a quitar mi tierra, nunca encontraba que iban a matar a mis mayores”.

Conociendo a Tupaj Katari

En esos años Felipe Quispe comenzó a formarse políticamente con personajes como Fausto Reinaga, entre otros muchos pensadores indios, y otras personalidades de la izquierda más clásica. Por su oposición a la dictadura de Hugo Bánzer tuvo que refugiarse en Santa Cruz, donde trabajó como obrero hasta 1977. En esos años realizó su primer acercamiento a la lucha armada. Pero no duró mucho. “Por razones de seguridad, entre nosotros no nos conocíamos. Cuando murió nuestro contacto nos quedamos desprendidos, se había roto el hilo y ya no se podía coordinar con nadie”.

De forma paralela, empezaba a trabajar en la organización desde las comunidades. “Poco a poco hemos ido avanzando, nos introdujimos más y más, aglutinando a la gente. Entonces conocimos a Tupaj Katari, quién era, cómo era, qué buscaba, sus debilidades, también dónde tenía su fuerza”.

Comenzaba así la creación de un ideario a medida de las comunidades. “Nosotros salimos de la escuela marxista. Estaban hablando de Marx, de Lenin, de la lucha armada, de la lucha de clases, y nuestra gente no entendía nada, entendía cero, ni jota, las orejas totalmente metidas. Pero pronto nosotros hemos cambiado de discurso, hemos empezado a hablar de nuestros incas, de nuestros antepasados, de Tupaj Amaru, de Tupaj Katari, del ayllu comunitario, y la gente comenzaba a levantar la cabeza y se ponían como las llamas, con las orejas para arriba”, recuerda Quipe.

A mediados de los ‘70, este lento resurgir indígena se traduce en dos posiciones: el indianismo de Fausto Reinaga y el katarismo de Jenaro Flores o Víctor Hugo Cárdenas, más inclinado a la creación de alianzas con otros partidos políticos, incluso con partidos conservadores como es el caso de Cárdenas, que llegó a la vicepresidencia con el neoliberal Gonzalo Sánchez de Lozada en 1993.

Inspirado en las ideas de Reinaga, en 1978 el Mallku participó en la creación del MovimientoIndio Tupak Katari, una agrupación que sufrió en los años siguientes numerosas escisiones y conflictos internos. Quispe fue el secretario permanente de este grupo hasta 1980, cuando el golpe de Estado de Luis García Meza lo expulsó al exilio. De Perú pasó a México y de ahí a Guatemala y El Salvador. Una experiencia que le serviría años después, cuando tomó las armas en un intento de terminar con la histórica de explotación de los indios por parte de la “otra Bolivia”.

El intento guerrillero

“Ellos no eran nada”, dice el Mallku en referencia a los intelectuales de buena familia que se habían sumado a la lucha armada, como el actual vicepresidente Álvaro García Linera. “Habían leído los 70 tomos de Lenin, las obras escogidas de Mao, los tres tomos de El Capital, pero no sabían cómo organizar una emboscada, no sabían cómo entrar a un banco. Sin embargo, nosotros ya estábamos de vuelta, porque habíamos viajado a Centroamérica, estuvimos en el Frente Farabundo Martí y en el EGP de Guatemala… Todo eso nos sirvió para entrenar luego a la gente aquí, en la cordillera de los Andes”.

Pero todavía era pronto para tomar las armas. Después de volver a Bolivia en 1983 y pasar por la dirigencia de la Federación Sindical de Trabajadores Campesinos y la Central Obrera Departamental de La Paz, Felipe Quispe fundó el Movimiento de Ayllus Rojos. En 1988, en nombre de esta organización de comunidades indígenas y campesinas de base, el Mallku presentó al Congreso de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) la tesis de la lucha armada como camino hacia la liberación del pueblo indio oprimido. La propuesta, rechazada por la CSUTCB, le valió siete meses de cárcel en el penal de San Pedro.

Fue recién en 1990 cuando Felipe Quispe, junto con los hermanos Álvaro y Raúl García Linera, se incorporó al recién creado Ejército Guerrillero Tupaj Katari (EGTK). La estrategia de este grupo pasaba por iniciar un levantamiento armado popular, al estilo de la revuelta de Tupaj Katari de 1781, armando a las comunidades indígenas. Por su inserción en las comunidades, el Gobierno temía que pudiera convertirse en una versión aymara del senderismo peruano.

Pero para alzarse “en armas contra el sistema imperante en Bolivia”, en palabras de Quispe, se necesitaba dinero. Y ahí Alvaro García Linera cumplió un papel fundamental. “Conocí a Alvaro García en 1984”, recuerda Quispe. “Era un estudiante recién llegado de México… Nosotros también le necesitábamos… porque en este país los oficiales son blancos, el indio es de base no más, dela tropa. Y necesitábamos dinero para hacer una organización clandestina, una organizaciónrevolucionaria. Estábamos obligados a recuperar los recursos económicos de la burguesía, de las empresas, de los capitalistas. Y con ese dinero organizar. Y para eso nos servía el tipo de estilo de uniforme… A él lo manejamos como un muñeco, porque de otra forma no nos iban a creer, a nosotros no nos iban a creer”.

El Mallku no desaprovecha ocasión para descalificar al actual vicepresidente. “Yo no lo dejabahablar porque él no tenía nada que ver. Es como si a usted lo llevo a mi comunidad, no vas a entender nada de lo que hablamos. Si ahora nos ponemos a hablar en aymara no vas aentender”, dice Quispe y suelta una parrafada en aymara. “Ni jota, ¿no? Él era como un papagayo,de hermosos colores, pero la gente decía: ‘¿Para qué traes a ese inútil? No sabe nada’.¿Cómo crees que un tipo así va a ser el ideólogo de los indios? Para ser nuestro ideólogo primerotiene que saber nuestro idioma, porque el idioma es ideología, el idioma es pensamiento.Nosotros pensamos diferente, venimos de otra cultura, no hemos nacido en el hospital, hemosnacido en una choza, ahí nos han cortado nuestro cordón umbilical”, recalca el Mallku.

Pero este intento guerrillero tampoco duró de masiado. En 1992, cuando todavía se encontraba “en proceso de organización y de propaganda”, el ejército katarista fue desbaratado por la Policía. “Por mala suerte cayó el hermano mayor del Álvaro, Raúl, y delata todo, las casas de seguridad,los nombres, todo. Éramos más de 500, pero los que hemos caído fuimos unos 30”. El 19 de agosto Felipe Quispe fue detenido y encerrado en la cárcel de máxima seguridad de Chonchocoro durante cinco años. “¿Por qué hacen esto?”, le preguntó entonces la periodista Amalia Pando. Felipe Quisperespondió mirándola a los ojos: “Para que mi hija no sea tu empleada doméstica”.

El proyecto de “enarbolar la bandera de Tupaj Katari encima del Illimani”, la gigantesca montaña a escasos kilómetros de La Paz, tenía que esperar. En cuanto a la whipala, la bandera de siete colores y 49 cuadrados de Tupaj Katari, “hasta esa fecha no la conocía nadie”, apunta Quispe. “La whipala es nuestra, nosotros la hemos impuesto, con las armas, por las buenas y por las malas”, dice. Ahora es el símbolo oficial del Gobierno boliviano al mismo nivel que la bandera boliviana. Hasta los policías la llevan en sus uniformes.

El altiplano en llamas

Felipe Quispe aprovechó los años de reclusión para terminar el bachillerato e iniciar la carrera de Historia. Las movilizaciones por su liberación consiguieron sacarlo de la cárcel en 1998. En ese mismo año fue elegido secretario ejecutivo de la CSUTCB. En esos años Felipe Quispe empezó a ser conocido como el Mallku por el espíritu combativo de su dirección. Entre 1998 y 2001, Quispe se transformó en una de las figuras prominentes de la oposición a la política económica del presidente Hugo Bánzer, a la cabeza de cortes de ruta y otras formas de protesta en el altiplano que terminaron contribuyendo a la dimisión del ex dictador en 2001.

“Nosotros solíamos llegar con las manos vacías, hambrientos como un perro vagabundo, así hemos andando, en las comunidades nos daban de comer. Ese trabajo viene de los años ‘70. No ha caído del cielo, no es milagro, tampoco los maestros dioses nos lo han dado… En esa época hemos caminado comunidad por comunidad hablando en aymara, en nuestro idioma. Eso tenía que desatarse en una guerra civil, en una lucha armada, pero como nos han capturado, la cosa sequedó ahí. Cuando he salido de la cárcel como dirigente teníamos que rearticularnos, reactivarnos”, recuerda el Mallku.

“Pero fue sencillo, ya estaba trabajado… Para organizamos en común nos copiamos de nuestros antepasados, del inca, de la mita [trabajo comunitario y rotativo]. Por ejemplo, tres comunidadesentraban a bloquear el camino a las 7:00 de la mañana y se quedan todo el día y toda la noche. Y al día siguiente, a las 7:00 salen y otra comunidad llega y releva. Si están todos los días se cansan. En cambio, con tropa fresca no”.

En abril de 2000, mientras vecinos, regantes y cocaleros paralizaban Cochabamba hasta echar al consorcio de multinacionales Aguas del Tunari, se generalizaban los bloqueos en las provincias del altiplano paceño. Además de antiguas reivindicaciones educativas y económicas relacionadas con eldesarrollo rural, la población indígena y campesina se movilizó contra una ley que abría las puertas a la privatización del agua, un recurso que hasta entonces era gratuito para los campesinos.

“Tuvimos que detener ese proyecto de ley que ya estaba entrando al Parlamento, aplazarlo, hasta hoy, porque nos querían cobrar el agua”, cuenta el Mallku. “Dice nuestra gente: ‘Estos españoles, estos q’aras, han venido acá a hacernos trabajar para ellos, a hacernos pagar impuestos, nosotros novamos a pagar, que paguen ellos, que son los inquilinos’. Ésa es la idea, pero que Álvaro García y los otros no han captado porque no saben aymara”. Además de las demandas concretas, el alzamiento incorporaba la reivindicación de “la nación aymara”, la creación de un nuevo Estado indígena ante la incompatibilidad de las “dos Bolivias”.

Tal como documenta la socióloga Carmen Rosa Rea Campos, el levantamiento indígena, que duró once días, tuvo características sui generis: por primera vez se ejecutaba el “Plan Pulga”, como lo denominara Felipe Quispe, “consistente en el bloqueo de caminos de manera extensiva a lo largo y ancho de las carreteras donde las poblaciones rurales tuvieran acceso para el ‘sembrado de piedras’. A esta estrategia se incorporaron otras como la suspensión del envío de productos agrícolas a los centros urbanos”. Para esta socióloga, la postergación de la ley de agua y el compromiso del Gobierno de cumplir las demandas de desarrollo rural significaron “una victoria política, pues el ‘indio’ había doblegado la fuerza estatal y los había obligado a conocer la realidad campesina/india que desconocen”.

El epicentro de todas las batallas

A este “primer ensayo”, como lo denominó entonces Felipe Quispe, le siguió un nuevo levantamiento. “Para nosotros, los ministros de Estado, así se llamen de izquierda o derecha, son lomismo. Ellos han estudiado en las universidades de privilegio de EE UU y Europa, se preparan para manejarnos, para matarnos”, dice el Mallku. “Ellos decían: ‘vamos a cumplir, vamos a traer tractores, ustedes van a tener una universidad, ustedes van a tener seguro social indígena originario, ustedes van a gozar de banco propio, van a tener caminos, etcétera’. Pero nosotros les dimos 90 días de término, un ultimátum. El Gobierno no cumplió y entonces estuvimos obligados a salir nuevamente a bloquear los caminos y las carreteras, y cercar la ciudad de La Paz, no dejar que entre ningún producto agropecuario”.

El nuevo levantamiento, iniciado en junio de 2000 y radicalizado en septiembre, se extendió a todo el país. Al “sembrado de piedras” en las rutas que llegan a La Paz se unieron los cocaleros de Evo Morales, que bloquearon las carreteras que unen Cochabamba con la capital y con Oruro. Evocando el cerco de Tupaj Katari de 1781, la capital quedó completamente incomunicada. Sólo los aviones Hércules de las Fuerzas Armadas podían entrar a La Paz con provisiones.

El “epicentro de todas las batallas” fue la localidad de Achacachi, a orillas del lago Titicaca. “En Achacachi hemos destruido todos los poderes estatales, ya no había juez, ya no había policía, no había tránsito, no había [sub]prefecto, ya no había nada. Todo indio. Y lo administraban los dirigentes del lugar”, rememora Quispe. “El levantamiento de Achacachi es la toma del poder total. Hay que ser dueño del poder, incluso de sí mismo y volver al Qollasuyo [denominación inca del occidente boliviano], no a Bolivia”, sentencia.

Desde la expulsión de las instituciones republicanas de Achacachi se instauraron las autoridades tradicionales comunitarias. “El policía trae ladrón; el Ejército, guerra y el subprefecto, corrupción”, dijo entonces el Mallku ante las acusaciones de la prensa de que Achacachi se había convertido en “una ciudad sin ley”. Los intentos del Ejército de ‘recuperar’ Achacachi y sus alrededores llevaron a la creación del Cuartel General de Qalachaka, situado a la entrada del pueblo. “Para impresionar a la prensa poníamos armas viejas de la segunda guerra mundial, armas que utilizaron los alemanes –ésas las tenemos todavía–, y sobre esas las armas automáticas y, más arriba, armas más pesadas, por eso el Ejército tenía miedo de entrar, porque nosotros teníamos gente preparada”, dice el Mallku.

En julio de 2001 los tanques del Ejército rodeaban Achacachi para poner fin al levantamiento. Pero no consiguieron entrar en la ciudad ni deponer el control comunal de la administración de la zona. “En 2001 en Huarina, mataron a nuestros hermanos, los bombardearon, han utilizado tanques, ametralladoras, aviones… Hubo muchos muertos, aunque nosotros también matamos”, dice el Mallku. Ninguno de los Gobiernos posteriores consiguió entrar en Achacachi. Hasta la llegada de Evo Morales. “Cuando el Evo llegó ha puesto todo, todo completo, ahora hay Ejército, hay Policía…”, se queja el Mallku.

El segundo cerco a La Paz

Tras el éxito del bloqueo, en noviembre de 2000 Quispe formó su propio partido político, el Movimiento Indígena Pachakuti (MIP). En las elecciones nacionales de 2002 obtuvo el 6% de los votos y seis diputados, él entre ellos. Sin embargo, los conflictos internos y las acusaciones cruzadas entre los diputados del MIP colocaron al partido en una situación de crisis. Años después Quispe dimitió de su cargo al no considerar al Parlamento una institución legítima.

El auge de la figura de Evo Morales y el MAS, que superó el 20% en las elecciones de 2002, con un discurso menos etnicista y radical, comenzó a quitarle protagonismo a Felipe Quispe. Sin embargo, el Mallku cumpliría todavía un papel importante en las masivas movilizaciones del año siguiente, en la ya histórica Guerra del Gas.

El estallido social estuvo precedido de una serie de movilizaciones, en un principio independientes entre sí. Ante la amenaza de un aumento de impuestos a la vivienda, los vecinos de El Alto hicieron retroceder al alcalde José Luis Paredes. El 8 de septiembre, Felipe Quispe, como líder de la CSUTCB, encabezó una marcha a La Paz para exigir la liberación del líder campesino Edwin Huampo, acusado de haber participado en un acto de justicia comunitaria que concluyó con la muerte de dos presuntos ladrones de ganado. El 10 de septiembre, el Mallku inició una huelga de hambre junto con centenares de campesinos en la radio San Gabriel de El Alto por la liberación del dirigente entre otras históricas demandas.

El asesinato por parte de la Policía de cuatro indígenas en un bloqueo cerca de la localidad paceña de Warisata el 20 de septiembre provocó la furia de la población aymara, tanto del altiplano como de El Alto y enardeció las protestas exigiendo el cumplimiento de los acuerdos firmados en 2002. El proyecto de exportar gas a Estados Unidos a través de Chile, sin industrializar y con unos beneficios mínimos para el país terminaron de crispar el ambiente. A una manifestación masiva convocada el 19 de septiembre, se le sumó la huelga general convocada por la COB. Los mineros de Huanuni con sus mujeres comenzaron la marcha hacia La Paz. El paro cívico decretado por todas las organizaciones sociales a partir del 8 de octubre estuvo acompañado por bloqueos de caminos de los cocaleros en Cochabamba y en los Yungas, y de los campesinos de la CSUTCB de Felipe Quispe en el resto de los accesos a la ciudad de La Paz.

A medida que se generalizaban los cortes de ruta y comenzaban a escasear los alimentos y el combustible en La Paz, las reivindicaciones se concentraron en la renuncia de Sánchez de Lozada, la convocatoria de una Asamblea Constituyente y un referéndum por la soberanía de los hidrocarburos. “Fue un salto cualitativo”, recuerda Quispe. En los días siguientes la represión del Ejército y la Policía hizo que se generalizaran los bloqueos y el levantamiento vecinal en El Alto.

Las organizaciones sociales quedaron sobrepasadas por la población, al igual que líderes como Felipe Quispe, a quien la prensa se empeñaba en señalar junto con Evo Morales como los únicos responsables de la revuelta. Tras marchas, batallas campales, bloqueos y 65 manifestantes muertos, el 17 de octubre Sánchez de Lozada presentó su renuncia. Esta vez, el cerco a La Paz había conseguido sus objetivos.

Tras un inicial apoyo al nuevo Gobierno de Carlos Mesa, que prometió dar solución a muchas de las demandas campesinas, Felipe Quispe no tardó en convertirse en un férreo opositor e incluso llegar a una efímera alianza con Evo Morales para acabar con su Gobierno. Sin embargo, las elecciones de diciembre de 2005 sellaron el fin de su carrera parlamentaria: el MIP apenas consiguió el 2,15% de los votos. Evo Morales se había convertido en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia con el 54%.

El nuevo Gobierno asumió muchos de los símbolos y discursos del katarismo y el indianismo, entre ellos la apelación al pasado precolonial o términos como “socialismo comunitario” o “Estado plurinacional”. Pero para el Mallku, esos símbolos han sido vaciados de contenido. “Están hablando de un Estado plurinacional, pero es un Estado controlado nada más que por ellos. Nosotros queremos nuestro propio Estado, controlado por nosotros, no un Estado blanco, un Estado q’ara. Evo es bolivianista. Si Tupaj Katari viviera al Evo Morales le hubiera llevado a la horca o a la punta del cuchillo”, dice Felipe Quispe. “Era más fácil combatir al neoliberalismo, porque no está encapuchado”, reconoce.

El Mallku compara los últimos años de Gobierno de Evo Morales con una época histórica que conoció bien: “Evo prácticamente ha anulado a los movimientos como en los tiempos del pacto militar campesino. Hay unos cuantos perros que ladran, pero no muerden”. Sin embargo, admite que tras el gasolinazo de diciembre de 2010 algo ha cambiado. “No es que hayan despertado. Siempre estaban mirando de un lado sólo, porque el otro ojo estaba cerrado a lo que estaban haciendo los masistas”, apunta. “Yo creo que viene un movimiento más fuerte, yo no soy el único que está hablado de eso. Es un movimiento de abajo, no de arriba. El temblor siempre viene de abajo, no de arriba”.

La herencia del Mallku

Pese a su distanciamiento de la alta política, el Mallku sigue siendo una figura polémica. Su discurso indianista y su denuncia de la persistencia del colonialismo sigue representandouna amenaza para ciertos sectores de las clases altas y medias. Una encuesta de febrero de 2011 revelaba que Felipe Quispe era la tercera persona peor valorada en once barrios de La Paz, sólo superado por Evo Morales y García Linera.

“Hemos tumbado a tres gobiernos y para eso hay que seguir trabajando, seguir organizando, seguir preparando, porque nos toca a nosotros. Sólo el pueblo libera al pueblo”, dijo el Mallku en un reciente congreso del periódico katarista Pukara. “¿Quién va a trabajar para nosotros, sino nosotros mismos?, ¿quién va a reideologizar, reindianizar al pueblo?, ¿esos señores que están hoy en Gobierno?”.

El Mallku nos ofrece parte de su filete a la plancha. “Prácticamente desde el año 2000 hasta 2005 nosotros hemos aniquilado a los partidos políticos de derechas. Por eso es que están arrinconados en este momento. Pero sus cachorros están en el Gobierno”, dice Quispe mientras termina su gelatina.

Para Denise Y. Arnold, en su estudio sobre las identidades regionales en Bolivia, “el Mallku impulsó a los actores sociales de la región a replantearse su pasado sindicalista y recuperar la estructura de los ayllus como la forma identitaria política más apropiada para una nueva fase de lucha política en el periodo 2000-2005”.

Felix Patzi, ministro de Educación en los primeros años del Gobierno del MAS, comparaba en el mismo congreso katarista la aportación de las dos figuras más importantes del reciente ciclo de movilizaciones. “Creo que el Evo, igual que Felipe Quispe, ya cumplió su misión histórica. La misión histórica de Felipe Quispe, en los años 2000 al 2002, fue el haber levantado el orgullo indígena en el campo y en la ciudad. La generación nueva es tributaria de esa misión histórica exitosa. La misión histórica de Evo Morales fue la de haber derrotado a la derecha el año 2005 y en otras elecciones democráticas. Siempre vamos a recordar el éxito de esa misión, pero creo que ya notiene capacidad para cumplir otra misión histórica, la de concluir las transformaciones profundas, estructurales, que el país necesita”.

Texto: Bolpress

Foto: eabolivia

PRINCIPIOS RECTORES PARA LA LEY GENERAL DE CONSULTA A LOS PUEBLOS INDÍGENAS



Arturo D. Villanueva Imaña

El Presidente Evo Morales, algunos ministros y altas autoridades gubernamentales, han expresado públicamente que la aplicación y cumplimiento del derecho de consulta y participación de los pueblos indígenas “perjudica”, “retrasa” e “impide” el desarrollo del país, así como la materialización de importantes megaproyectos extractivos de los recursos naturales o de construcción de infraestructura, y se ha constituido en un instrumento que solo serviría para obtener recursos y beneficios materiales para sectores minoritarios de la población.

Este argumento que en principio denota la existencia de visiones encontradas sobre la forma de encarar el desarrollo del país que los pueblos indígena originarios eventualmente estarían entorpeciendo y coartando; también refleja una percepción errónea sobre los alcances y propósito del derecho de consulta y participación de los pueblos indígenas. Veamos los aspectos principales de ese posicionamiento.

a) La distorsión e instrumentalización del procedimiento de consulta. Aunque en principio podría coincidirse, pero de ninguna manera generalizar, que en algunos casos se ha intentado utilizar los procedimientos de consulta como un instrumento para conseguir y obtener beneficios materiales y/o pecuniarios, con el argumento de compensar, mitigar o reponer los daños provocados por la realización de algún megaproyecto de infraestructura o de extracción de recursos no renovables, hidrocarburíferos o mineros; en realidad ello no debe constituir argumento para cuestionar la obligatoriedad de su cumplimiento y aplicación y, menos, para deslegitimar o anular su realización para alcanzar el consentimiento libre e informado de los pueblos indígenas. En realidad una percepción de ese tipo solo contribuye a desconocer los principales propósitos de la consulta, que están relacionados con el respeto y protección de la identidad colectiva, la autodeterminación, las prácticas culturales y la forma de vida de los pueblos indígenas. No debe olvidarse en ningún momento, que el derecho de consulta y participación está íntimamente asociado a las autonomías y el autogobierno de los pueblos indígenas, puesto que mal podrían ejercer sus derechos a una identidad cultural propia, a su territorio y a su capacidad de autogobernarse, sino se reconoce y aplica el derecho de consulta y participación. La circunstancial instrumentalización de la consulta para utilizarla como herramienta de chantaje que permita obtener beneficios materiales o pecuniarios que evidentemente distorsionan el procedimiento, no puede ni debe evitar el propósito final de construir interculturalidad y consolidar el carácter plurinacional (es decir el respeto a la diferencia y diversidad) del país.

b) El carácter vinculante de la consulta. El proceso de consulta con los pueblos indígenas tiene el propósito de alcanzar su consentimiento libre e informado. Para el efecto, debe ser efectuado en forma previa, transparente y de buena fe. Sin embargo, en la práctica suele presentarse una distorsión que ha provocado efectos perversos no solo con el procedimiento y aplicación de este derecho de los pueblos indígenas, sino sobre los resultados del proceso. Se trata de aquella perniciosa interpretación (del Estado o de los pueblos indígenas) por la que se asocia el consentimiento libre e informado, con el veto. Esta interpretación, que ha sido utilizada tanto por regímenes gubernamentales que se niegan a dar cumplimiento y aplicar el procedimiento de consulta, o por organizaciones indígenas que buscan imponer su criterio independientemente de las razones y argumentos del Estado, en realidad solo traslucen la ausencia de buena fe en el proceso de consulta, o la existencia de una decisión apriorística que se encuentra al margen de la necesidad de alcanzar un acuerdo conjunto. Sea porque se trate supuestamente de un interés nacional supremo o superior, o sea por hacer prevalecer independientemente de toda consideración los derechos de los pueblos indígenas; en realidad lo que suele ocurrir es que una de las partes o ambas, han tomado una decisión anticipada al proceso de consulta, que buscan imponerla a toda costa.

Para evitar este extremo, donde los planteamientos de las partes aparecen inicialmente como antagónicos y excluyentes (por ejemplo el respeto y armonía con la Madre Tierra frente al extractivismo y explotación de los recursos naturales); el proceso de consulta debe agotar todos los esfuerzos para lograr una mirada integral de los factores que confluyen en la consulta, de tal manera que al mismo tiempo asegurar y garantizar la vigencia y ejercicio de los derechos indígenas, también se adopten medidas para lograr una convivencia armoniosa con la naturaleza y se protejan los derechos reconocidos a la Madre Tierra. Por lo demás, al efectuar el proceso de consulta bajo este enfoque, también se contribuye a construir y consensuar políticas y propuestas alternativas al modelo capitalista neoliberal y al desarrollismo extractivista. De otra forma, al privilegiar o priorizar aisladamente alguno de sus componentes, no solo se está evadiendo la posibilidad de construir nuevos paradigmas y transformar el sistema capitalista predominante, sino que se contribuye a provocar aquellos efectos perversos a los que se ha hecho mención más arriba.

c) La ambivalencia de ejercer el rol de juez y parte en el proceso de consulta. Otro de los aspectos centrales vinculados al proceso de consulta y participación, está relacionado a la necesidad de construir la institucionalidad y los procedimientos operativos indispensables para dar cumplimiento cabal a esta obligación legal del Estado. La ausencia o desarrollo parcial de estos elementos en el caso de Bolivia, no solo han repercutido en una aplicación muchas veces discrecional, sino en la existencia de vacíos institucionales que han derivado generalmente en el surgimiento o agudización de conflictos intersectoriales. Es el caso de innumerables conflictos mineros, hidrocarburíferos, forestales o de construcción de megaproyectos de diversa índole, que han provocado el avasallamiento de territorios indígenas, la contaminación y daños socioambientales, o la sobreexplotación de recursos naturales.

En concordancia a la indiscutible responsabilidad que la normativa legal le otorga al Estado para encargarse de garantizar, proteger y aplicar los derechos humanos reconocidos en la legislación Constitucional y nacional aprobadas; los pueblos indígenas han utilizado su prerrogativa de exigibilidad para el cumplimiento de esta responsabilidad estatal. Es decir que en apego estricto al mandato legal y con justa razón, los pueblos indígenas han demandado que el Estado de cumplimiento a su obligación de garantizar y facilitar el ejercicio de sus derechos. Es más, una vez que las organizaciones y pueblos indígenas demandantes agotan todas las instancias nacionales y los recursos que franquea la norma, también queda la alternativa de acudir a tribunales internacionales que independientemente del fallo que pudiesen emitir, su intervención puede entrañar una suerte de dependencia y subordinación, con la consiguiente afectación y puesta en duda de la soberanía y autodeterminación nacionales que reavivan condiciones de neocolonialismo que no solo deberían evitarse, sino que son inadmisibles.

El problema principal de esta situación radica en el hecho de que el Estado al no haber creado y desarrollado las instancias reglamentarias e institucionales mínimas, ha tenido que desempeñar el rol de “juez y parte” del proceso, como bien puede establecerse por ejemplo del conflicto del TIPNIS, que ha surgido precisamente de la demanda de cumplimiento del derecho de consulta establecido en la Constitución Política del Estado y otras normas aprobadas en el país. Como ha sucedido en otros casos relacionados al derecho de consulta y participación, y al no haberse previsto la separación y diferenciación de las instituciones operativas encargadas de llevar adelante el procedimiento de consulta, de aquella otra instancia árbitro y dirimidora que debería actuar ante la ausencia de un acuerdo de consenso, o del consentimiento de los pueblos indígenas; es que se han producido y se explican los momentos de tensión y desacuerdo. Al producirse este impase, solo queda la alternativa de imponer una decisión de acuerdo a la correlación de fuerzas existente, o forzar una salida violenta que expresa la incapacidad de las partes para resolver el conflicto de manera concertada, así como el vacío de contar con un árbitro dirimidor que establezca el bien mayor para todos (que no es lo mismo que imponer una razón de Estado preestablecida), cuya lógica debería guiarse hacia la construcción de la interculturalidad, la plurinacionalidad y la descolonización.


Texto: Aporte autor

Imagen: forajidosdelared

viernes, 21 de octubre de 2011

El gobierno se rinde ante la movilización popular por el TIPNIS



"Construiremos la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos quieran o no quieran los indígenas del TIPNIS", había dicho meses atrás el presidente Evo Morales, de quien se decía era el primer indígena en la presidencia. Ahora, casi dos meses después de iniciada la marcha de indígenas en defensa del Parque Nacional Isiboro Sécure, Morales da pasos atrás y asegura que ninguna carretera pasará por el parque, un intento tardío de frenar las movilizaciones populares que afectan la popularidad de su gobierno.


El anuncio lo hizo Morales hoy en una conferencia de prensa en la que anunció que decidió vetar la sancionada ley que preveía una consulta a los indígenas y propuso una nueva redacción adecuada a los pedidos de los indígenas movilizados y que asegure que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, o cualquier otra, no atravesará ese parque nacional y que, además declare a la región como zona intangible de preservación ecológica.

"Se dispone que la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos o cualquier otra no atravesará el Territorio Indígena Parque nacional Isiboro Sécure (TIPNIS)", será la modificación principal a ese proyecto de Ley, dijo Morales.

La propuesta del presidente será enviada en las próximas horas a la Asamblea Legislativa.

El anuncio se hizo horas antes de recibir a la dirigencia de los indígenas en Palacio de Gobierno.

No se conoce todavía el futuro del contrato que autoridades suscribieron con la constructora brasileña OAS.

Los indígenas del TIPNIS realizaron acciones de protesta contra la costrucción de una carretera entre Villa Tunari y San ignacio de Moxos, porque la misma atenta a la biodiversidad de la zona y que sólo favorecería a los productores de coca que asedian el parque.La última acción de los indígenas fue la organización de una caminata desde trinidad hasta la ciudad de La Paz, movilización que fue reprimida de manera violenta por el gobierno, hecho que hizo que varios sectores se sumen la protesta.

Texto: Bolpress

Foto. wikileaksbolivia

jueves, 20 de octubre de 2011

Se va, se fue - Drexler

LA PAZ: 463 años de historia y síntesis de todas las regiones



Breve reseña histórica de los acontecimientos ocurridos el sábado 20 de octubre de 1548 en la población de Laja y en días sucesivos en Chuquiyapu.

Según los datos del acta original, la ciudad de La Paz fue fundada por el capitán español Alonso de Mendoza un día sábado 20 de octubre de 1548 en la localidad de Laxa (en la actualidad Laja, en la provincia Los Andes), pero a los dos días los vecinos se movieron 25 kilómetros hacia el pueblo de Chuquiyapu (actual La Paz).

El día de la fundación, como algunas de las personas designadas para vivir en la ciudad en calidad de encomenderos (vecinos) no se hallaban presentes “por estar como estaban en la ciudad de Lima y en el asiento de Potosí y en otras partes remotas”, se procedió a elegir a las primeras autoridades, y así fueron designados alcaldes ordinarios Juan de Vargas y Gerónimo de Soria (ausente); regidores: Alonzo de Zayas, Hernando de Vargas, Antonio de Ulloa (ausente), Rodrigo Mexia (ausente), Diego Peralta (ausente) y Garci Gutiérrez de Escóbar (ausente), y Procurador: Juan de Ribas (también ausente).

En seguida Alonso de Mendoza tomó juramento a Juan de Vargas, y le entregó la vara de la justicia. Hernando de Vargas también prestó igual juramento, tras lo cual Mendoza presentó la provisión que le nombraba Justicia Mayor y Corregidor.

En señal de acatamiento, Juan de Vargas tomó la provisión y la colocó sobre su cabeza. Francisco de Barrionuevo, Martín de Olmos y Diego Alemán prestaron sucesivamente fianzas con sus personas, bienes muebles y raíces en favor de Mendoza.

No pasó mucho tiempo, quizás un día o dos, hasta que los vecinos se trasladaron al valle vecino de Chuquiabo (es decir al pueblo de Chuquiyapu), que ofrecía condiciones más benignas que el altiplánico, frío y ventoso pueblo de Laja.

Allí, en forma provisional también, en una reunión en la que Mendoza estuvo ausente, procedieron a colocar la horca y picota, símbolos de la justicia. Según el acta segunda, la Justicia y los Regidores dijeron que:

“…por cuanto el sitio de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz no está buscado y hasta el entretanto que se busque donde más convenga así para los naturales como para los vecinos, conviene hacer cuerpo del pueblo para que se ejecute la justicia real, les pareció a los dichos señores Justicia y Regidores que no había otra parte mejor donde al presente pudiesen residir hasta entretanto que se buscase asiento para edificar la dicha ciudad y para ejecutar la justicia pusieron horca y picota en este pueblo de Chuquiabo…”.

Una vez invadido el pueblo colla de Chuquiyapu, al tiempo que seguían buscando dónde asentarse definitivamente, la ciudad colonial ‘nuestra Señora de La Paz’ se estableció en forma de tablero de ajedrez, conforme al trazo del alarife Juan Gutiérrez de Paniagua, modificado únicamente por los imperativos de la caprichosa topografía de la hondonada.

El primer templo construido fue al frente del tambo del cacique Quirquincha. Al principio llevó el nombre de San Pedro, y luego tomó el de San Sebastián.

Disipada la precariedad de “pueblo nuevo”, el siguiente año de su fundación, el emperador español Carlos V le otorgó un escudo de armas.

Los primeros auténticos “paceños” fueron los hijos de Juan de la Riba y Lucrecia Sansoles, o los de Alonso de Carvajal, barbero y ‘sacamuelas’, quien se casó, para escándalo de muchos de sus coterráneos, con la hija del jilak’ata Uturuncu.

La Paz es la sede del Gobierno del Estado y del departamento de La Paz. (Con datos de George Couthbert – Adecuación, Rafael Alvis Flores – Cambio).

Un homenaje a la hermosa urbe paceña

“¡Oh linda La Paz, oh bella ciudad, quien te conoce no olvida jamás, oh linda La Paz!...”, dice el verso de un bello vals que refleja el encanto que genera esta urbe en quienes han tenido la oportunidad de conocerla o vivir en ella.

Conocida también como “cuna de valientes y tumba de tiranos”, la actual sede del Gobierno de Bolivia —desde el 20 de octubre de 1548— es una síntesis de Bolivia, por el hecho de albergar a oriundos de los demás departamentos.

Uno de los principales hechos históricos acaecidos en esta urbe fue la Revolución del 16 de julio de 1809, con la que se inició la lucha por la independencia del Alto Perú.

Texto e imagen: Cambio

12 de Octubre



Txanba Payés



519 años de resistencias. 12 de Octubre

12 de octubre tiene un solo significado: es el día de la Invasión Europea a América, día de la llegada de los europeos a imponer su dominio en este continente; a esclavizar a los indígenas y a saquear estas nuevas tierras en nombre de su pretendido derecho a apoderarse de territorios ajenos en nombre de su Rey y en nombre del Papa y a imponer su religión, el cristianismo, considerado por ellos como la única religión o como la religión verdadera.



Esto es el hecho real del 12 de octubre y esa fecha tiene esa única significación. Ahora bien, esa fecha siempre ha sido polémica y para edulcorarla y envolvernos en la mentira, se la hace pasar por lo que no era. A lo largo de estos siglos se han manejado diversas lecturas, todas falsas por cierto, porque sólo tratan de embellecer el hecho descarnado y real que es el 12 de octubre: el comienzo de la conquista europea de América supuso para quienes allí Vivian un verdadero genocidio.

12 de octubre se le dio hace alrededor de un siglo, el Día de la Raza. Disparate enorme. En primer lugar, ¿cuál raza? ¿la raza europea que vino a imponerse o la raza indígena que fue sometida y explotada? ¿o la raza africana que fue traída para reemplazar el trabajo de los indígenas y ser esclava? (Además de que el concepto de raza está totalmente devaluado, hoy no explica nada). Otro disparate utilizado con frecuencia en las escuelas y en los libros para referirse al 12 de octubre.

Qué habría que celebrar el 12 de octubre? ¿La lengua? ¡Se ha repetido mucho que el 12 de octubre nos trajeron el español como “regalo”! ¿Cuál lengua? ¿es que los indígenas eran mudos y no tenían lenguas? ¿Estaban mudos esperando que llegaran los españoles a enseñarlos a hablar? (Por supuesto que algunos indígenas sí terminaban mudos porque los europeos le cortaban la lengua por rebeldes).

Sabemos que en el continente americano había una riqueza extraordinaria de lenguas discutir cuál lengua es superior, si el español es más bello que el náhualt, el maya o cualquier otra, es otro disparate. Las lenguas son sencillamente diferentes y corresponden a sus mundos, de tal manera que afirmar que una lengua es superior a otra es padecer una visión euro céntrica y justificadora de la Conquista y la Colonia. Es mirar el mundo a través de un único prisma y esto en definitiva es peligroso porque supone obviar que en este planeta existen miles de lenguas y culturas ni mejores ni peores pero si, Culturas.

El 12 de Octubre es, un día para el luto, para el olvido y si se debe de recordar a todos aquellos que quedaron bajo el caballo, el espada de algún delincuente asesino español que iba en esas carabelas. A ellos le debemos nuestra historia a quienes resistieron y lucharon por mantener un continente en manos de sus verdaderos dueños, las culturas originarias de América Nativa.

Texto e imagen: kaosenlared

martes, 18 de octubre de 2011

VIII Marcha Indígena: “La presión del pueblo va a ser importante”



(Comisión de Comunicación de la Marcha).- La Octava Marcha Indígena llegó el sábado a la comunidad de Chusquipata, a 54 kilómetros de la ciudad de La Paz, donde permaneció hasta que pasen las elecciones del Órgano Electoral. En los últimos días se sumaron indígenas de todo el país, por lo que la movilización ya cuenta con 2.500 caminantes. Calculan llegar el martes a su destino, donde esperan tener el apoyo de la población para que el gobierno nacional comience a respetar multitud de artículos de la Constitución, entre los que se encuentran los derechos de los 36 pueblos indígenas.


“Para conseguir nuestro objetivo la presión del pueblo va a ser importante, no solamente la presión de la marcha. Es lo que pensamos. No vamos a agredir a nadie, solamente vamos a marchar como venimos haciendo, en forma pacífica, y lo vamos a seguir haciendo hasta conseguir lo que queremos”, dijo Ernesto Sánchez Meruvia, secretario de Economía y Desarrollo de la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), que inició esta protesta junto con el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ).

“Ya vamos 60 días de marcha, dos meses. La verdad es que después de lo que sucedió el 25 de septiembre ahí, cerca de Yucumo, nos ha fortalecido. Porque el primer día o el segundo día parecía que estábamos todos desanimados, pero al tercero los hermanos ya aparecieron, entonces nos concentramos, nos dimos fuerzas ambos y vimos que la cosa era mucho más mejor para seguir adelante. Ahora, como usted ve ya somos 2.500, hay aquí mucha fuerza y ansias por llegar y hacer escuchar al Gobierno los propósitos que nos ha llevado a hacer este planteamiento. Por eso le digo, hermano, que siempre hay debilidad, pero después hay fortalezas. Y nosotros encontramos fortaleza después de lo que nos hicieron los policías mandados por este Gobierno”, declaró Sánchez, del pueblo Mojeño.

“Nosotros tenemos la seguridad de que no solamente los 2.500 marchistas nos estamos respaldando, sino que también están con nosotros los nueve departamentos, la población boliviana y también de otros países, que nos mandan mensajes de respaldo y que ven justo al planteamiento que estamos llevando. Más nos sentimos fortalecidos al ver esa masa grande con esa fuerza, que está con ganas de luchar y seguir adelante”, agregó.

“Tenemos la certeza de que nos apoyan los hermanos de la COB (Central Obrera Boliviana), el pueblo de La Paz, la FEJUVE (Federación de Juntas Vecinales) de El Alto, y los mineros. Vamos a hacer de forma conjunta el pliego petitorio para que este Gobierno nos escuche”, pidió el dirigente de la CIDOB.

El martes, cuando posiblemente lleguen a La Paz, las y los marchistas desean entrar a la plaza Murillo. La incógnita es si el presidente Evo Morales lo permitirá o si plantará en cada calle de entrada hartos policías, resguardados por vallas y cadenas, como hizo en todas las protestas ciudadanas en solidaridad con la octava marcha.

“Nuestra marcha es pacífica, no vamos a entrar con cohetes, no vamos con dinamita, no vamos con nada. Queremos llegar, dar por lo menos una vuelta a la plaza, para después concentrarnos donde vamos a estar y discutir los puntos que vamos a llevar al Gobierno”, comentó Sánchez. El Gobierno nacional hizo aprobar en la Cámara de Diputados y de Senadores su proyecto de ley de defensa del TIPNIS, que más bien pretende legalizar las acciones de Órgano Ejecutivo de Morales, opuestas a la Constitución y a convenios internacionales con estatus de ley en Bolivia. Solo falta la firma del Presidente para formalizar su intención de hacer una consulta posterior a los pueblos indígenas del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) sobre si quieren o no la carretera que ya está en construcción.

Además, esta consulta posterior (cuando según la Constitución debiera ser previa) se realizará solamente sobre el tramo dos -el que pasaría por el TIPNIS- como si la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos fuera tres carreteras en vez de una. A pesar de todo, Sánchez cree el Gobierno todavía puede dejar esa ley en nada. “Pues no la promulgaron todavía porque tienen un poco de temor. Si no, lo habrían hecho ya. No estamos de acuerdo con esa ley porque a la propuesta que nosotros habíamos planteado, ellos (los legisladores del Movimiento Al Socialismo -MAS) la han cambiado en muchos temas. Si la iban a aprobar como les diera la gana, si no iban a respetar lo que nosotros pedimos ¿para qué entonces hacer tanto trabajo? Nosotros no estamos de acuerdo con esa ley de ellos. A esto se suma que la población no está de acuerdo con las elecciones del domingo, eso lo sabe el Presidente. Ese es el temor que él tiene, si no a la ley ya la habría promulgado. Vamos a tener que discutir sobre esta normativa en la ciudad de La Paz”, dijo Sánchez.

Su pie izquierdo de don Fernando

La marcha llegó el sábado a la comunidad de Sacramento, luego de caminar 22 kilómetros. Pero como el lugar ofrece muy pocas comodidades y un vasto acantilado, varias regionales avanzaron ocho kilómetros más hasta Chusquipata, donde el terreno es más amplio pero hace muchísimo frío. Allí se reunió toda la marcha. Días atrás, el presidente del Tribunal Supremo Electoral Wilfredo Ovando dijo que no iba trasladar ánforas hasta donde se encontraba la marcha para que votaran las y los indígenas. El mismo Ovando aseguró a la guaraní Nelly Romero, vicepresidenta de la CIDOB, que sí enviaría urnas a Chusquipata. El único problema ahora es que gran parte de los marchistas quedó descarnetizado, luego de que la Policía Nacional destruyera todos sus papeles en la represión del 25 de septiembre.

“Nosotros no tenemos ninguna preocupación. Quien debe estar preocupado es el Órgano Electoral, porque el Gobierno nacional fue quien nos asaltó. La Policía actuó como delincuente, quitando documentaciones y quemándolo todo. Ahora el Órgano Electoral debe ver la manera de resolver lo que el mismo Estado nos hizo el 25 de septiembre”, dijo Fernando Vargas Mosúa, presidente de la Subcentral de comunidades del TIPNIS.

Vargas acudió a una doctora para hacerse curar el pie con el que casi no puede caminar, herido por los kilómetros y kilómetros de esfuerzo. En la misma situación están gran parte de los marchistas, sobre todo los 1.000 que caminan desde la Amazonía. Las enfermedades respiratorias y digestivas abundan entre las y los indígenas de todas las edades.

En la comunidad de Sacramento, tan poco espacio tenían los marchistas que habían armado sus carpas incluso sobre el camino, que es una cornisa muy delgada. Ahí también estaban las bolsas y bolsas con donaciones enviadas por el pueblo de La Paz. Y también pululaban cientos de indígenas, con lo que “El camino de la muerte”, como le dicen a la carretera antigua a La Paz, se había convertido en una peatonal. Muy poca gente usa esta vía de un solo carril: turistas extranjeros que pasan en enjambre y en bicicleta; más la última incorporación, el regreso de las movilidades con agentes de Inteligencia adentro, demasiado visibles en un paisaje tan verde y solitario. Las y los marchistas no los veían desde Yucumo, cuando les cayó la represión policial.

“Todos los días nos está siguiendo el equipo de Inteligencia del Gobierno. No sé qué es lo que quieren ¿O quieren nuevamente intervenir la marcha? Si es así, deberían de hacerlo de una vez”, arengó Vargas. Al parecer, el nuevo ministro de Gobierno Wilfredo Chávez está dispuesto a repetir los errores que costaron el cargo a su antecesor, Sacha Llorenti. “Ya sea que esté Sacha o Wilfredo, quien sigue estando siempre atrás de nosotros es Boris Villegas (director de Régimen Interior del Ministerio de Gobierno) que seguro es quien manda acá al equipo de Inteligencia y todavía sigue riéndose en su cargo. Él fue quien dirigió todo el asalto a la marcha del 25 de septiembre, pero no ha pasado absolutamente nada con él”, afirmó el presidente de las comunidades del TIPNIS.

Tan húmeda es esta zona que sobre el fino camino caen periódicamente vertientes de las montañas, que las y los marchistas usan para bañarse. También caen arbustos para trancar la única vía. Las y los indígenas se recomiendan no acercarse al borde, porque cede fácilmente y parecen no tener fin los precipicios, que configuran el paisaje yungueño.

Desde la marcha informaron que se incorporaron hermanas y hermanos del TIPNIS, del CONAMAQ, de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), del Gran Consejo Chimán, de la Organización Indígena Chiquitana (OICH), de la Central de Organizaciones del Pueblo Nativo Guarayo (COPNAG), entre otros, más ciudadanos de todo el país, como el grupo de estudiantes de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), quienes andan con su micro propio.

“Hartísimos somos y sentimos el apoyo de toda la población. Creo que vamos a llegar a La Paz y el Gobierno tendrá que atendernos pues. Si no nos atiende, como pueblos indígenas y como marchistas vamos a tener que tomar acciones hasta tener resultados, hasta que se nos atiendan los 16 puntos”, dijo Jenny Suárez, presidenta de la Comisión de Marcha. La dirigenta del pueblo Yuracaré estimó que de aquí al martes, cuando llegarían a la sede de Gobierno, las y los marchistas mejorarán su salud.

Quizás hasta esa fecha las y los amazónicos puedan adaptarse a los 4000 metros sobre el nivel del mar en que se ubica la ciudad donde concluirá la movilización indígena. Y donde empezará otra protesta, encabezada por los pueblos de la CIDOB, del CONAMAQ; por maestros, obreros, mineros, estudiantes, vecinos y la población solidaria con las y los marchistas que iniciaron su caminata el 15 de agosto pasado en la ciudad de Trinidad, capital de Beni.La próxima parada de la marcha sería en la comunidad de Pongo, a 33 kilómetros de la plaza Murillo. A partir de ahí deberán atravesar el frío extremo de la Cumbre, a 4600 metros sobre el nivel del mar.

“Nosotros, los indígenas de las tierras bajas, no estamos acostumbrados a la altura y a este clima; estamos acostumbrados al clima caliente. Por eso ahora estamos bastante enfermos, con dolor de oídos, con problemas de presión, más que todo. Hay bastantes enfermos, lamentablemente la mayoría son niños”, dijo bien enchompada Suárez, una de los 15 mil indígenas dueños del TIPNIS. Esta área protegida de más de un millón de hectáreas es territorio ancestral de los pueblos Yuracaré, Mojeño y Chimán, como dice el título de propiedad entregado por este Gobierno en 2009. En esa ocasión, Morales les había dicho en un acto público a los habitantes del TIPNIS que debían defenderlo de quienes quisieran destruirlo, así también hacer valer sus derechos. Muchos “tipnistas y tipnólogos”, como ahora los llama Morales con problemas de pronunciación, solamente obedecen a ese consejo presidencial de 2009.Son dos meses en que las y los marchistas sufrieron todo lo sufrible: hambre, sueño, frío, calor, enfermedades; apaleamiento y gasificación, extrañas detenciones y traslados por parte de los policías mandados por el Gobierno nacional; el deceso de tres hermanos que participaban de la protesta. Pero ahora para muchos el dolor más grande es estar lejos de sus familias y de sus casas.

“En mi comunidad tengo a mi hija, a mi esposo, tengo mi familia y eso implica bastantes responsabilidades. A pesar de eso estoy como mujer luchando para que los territorios y los derechos sean respetados. Porque si ahora no los hacemos respetar, olvidémonos de que nuestros y hijos nuestros nietos van poder vivir libremente, gozando del TIPNIS”, dijo Suárez.


Texto: Bolpress

Foto: aldiabolivia

viernes, 14 de octubre de 2011

Pipas sin sal

Tomado de Escombrismo

Montiel. “Vengo a poner una denuncia por crímenes de guerra a favor del “Che”



Marta Montiel hija de Tirso Montiel, combatiente de Ejercito de Liberación Nacional (ELN), del cual fue líder, Ernesto “Che” Guevara, abrió un juicio ante los tribunales bolivianos, por “crímenes de guerra”, contra Gary Prado y otros implicados en la muerte del legendario guerrillero.

La hija de nacionalidad chilena, arribó a la sede de gobierno, para dirigirse a los tribunales locales e iniciar el juicio, con la denuncia y la entrega de documentos audiovisuales.

“Vengo a poner una denuncia, una apertura de caso, contra crímenes de guerra a favor del comandante Ernesto “Che” Guevara, estoy entregando pruebas audiovisuales en contra todos los que sean responsables, incluyendo al señor Gary Prado (militar), que el mismo en los videos que yo estoy entregando, dice que entro con el “Che” vivo a la Higuera”. Declaraba Montiel a momento de anunciar la denuncia.

Marta Montiel (chilena), buscó los restos de su padre por décadas, el guerrillero chileno caído en Teoponte. Fue capturado el 28 de agosto de 1970 de nombre, Tirso Montiel, un combatiente del ELN de Bolivia, seguidor del Che, quien luego de 4 días de tortura, fue asesinado, según lo que investigó su hija.

Tras 13 años de investigación sobre los restos de su padre, Marta sufrió el robo de sus documentos, en su país y en Bolivia. En su momento allá por el año 2008 también denunció que habría sido golpeada y amenazada en La Paz - Bolivia, le dijeron “si no te vas, serás enterrada junto a tu padre”.

A pesar de esos incidentes, ahora vuelve a hacer noticia con esta demanda que va dirigida a militares bolivianos que hoy en día en la mayoría de sus casos se trata de beneméritos de la patria. Montiel aclara: “Estarían siendo criminales de guerra, de acuerdo a los convenios de Ginebra”.

El caso será seguido por la Dra. Betty Yañiquez, para que se le asigne un Fiscal Competente, informaba Montiel.


Texto: FIDES

Foto: emol

Pueblos no contactados



Hasta ahora, los mecanismos para proteger a esas poblaciones no han servido. Sin embargo, se está bosquejando un proyecto de ley para su protección...

Una de las últimas tribus indígenas que aún permanecen aisladas del mundo exterior fue avistada en una remota zona de la selva amazónica del departamento del Beni tras las graves inundaciones que afectaron al país en 2008.

Es una pequeña tribu, de la que ni siquiera ahora se sabe su nombre.

Si bien es una tribu indígena desconocida para el mundo occidental, sus integrantes ya conocían de la existencia de nuestra civilización.

El fenómeno climatológico que azotó la región en 2008 dejó casi el 60% del departamento de Beni, de 213 mil kilómetros cuadrados de selva amazónica, bajo el agua.

Con ríos de la cuenca amazónica desbordados y poblaciones inundadas, la única manera de entregar la ayuda a los más de 200 mil damnificados era por aire. Los primeros signos de la existencia de la tribu se descubrieron a través de inspecciones aéreas de la región.

Durante los sobrevuelos ya no se observaba tierra y tampoco se podía distinguir a qué ríos pertenecían las aguas. Muchos de los nativos amazónicos descubiertos estaban encima de los árboles para evitar los peligros de la inundación.

Ahora el objetivo es establecer el área en la que habitan, dejarlos tranquilos y evitar que la actividad del narcotráfico y la tala ilegal destruyan su tierra.

Expertos antropólogos han señalado que el grupo avistado es el mayor de las pequeñas tribus aisladas que aún quedan en Beni, Pando y el norte de La Paz, particularmente en el Parque Nacional Madidi, y que hay registro de su presencia en la región desde 1890.

Hasta ahora los mecanismos para proteger a esas poblaciones no han servido. Sin embargo, se está bosquejando un proyecto de ley para la protección de los pueblos y a las naciones originarias, como la Yuqui, que están en peligro de extinción.

En la futura norma trabajan los ministerios de Salud y de Educación, la representación en Bolivia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y el Defensor del Pueblo.

El cronograma de elaboración del instrumento legal establece que hasta noviembre será concluido el documento final para que sea presentado a la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Su aplicación será encargada a instituciones estatales como las gobernaciones y los municipios, y de ellas dependerá la supervivencia de los pueblos indígenas.

Una primera fase de compilación de criterios de los beneficiarios fue realizada en la ciudad de Riberalta, Beni, donde se trabajó con los indígenas de los pueblos Chácobo, Cavineño, Tacana y Trinitario, y se recibieron sus planteamientos e ideas sobre su forma de vida y convivencia en el marco de la libre determinación.

Otros encuentros se preparan en el trópico de Cochabamba y en la capital de Pando, Cobija.


Texto: Cambio

Foto: periodicoelsol

Playing for change - Colombia

La Tierra | Playing For Change from Playing For Change on Vimeo.

martes, 11 de octubre de 2011

La Megafauna de Tiwanaku



Por Marcelo Reyes


Hace algunos días tuvimos el agrado de conversar con Fernando Pacheco Medrano, acerca de su nuevo libro “Thaipykkhala Tiempos Mágicos”. En él el autor ensaya diversas interpretaciones estéticas acerca de la iconografía tiwanakota, partiendo, más que todo, de su propia colección de cerámicas negras provenientes del area de Tiwanaku y coleccionadas durante más de treinta años.

Ahora lo que nos llama la atención es que Pacheco Medrano se adelanta al análisis estético e incluso psicológico a partir de las piezas sin detenerse o casi en lo que es para nosotros el más importante aporte de esta publicación, que sería el de dar a conocer al público las cerámicas, en particular algunas que son verdaderamente sorprendentes.

¿De qué estoy hablando? Pues habló de que sí estas cerámicas son auténticas, y nada parece indicar lo contrario, estaríamos ante una prueba de que una alta civilización, la de Tiwanaku convivió con la mega fauna de la edad del hielo. Esto haría retroceder las fechas generalmente aceptadas unos 10.000 años. Es verdad que ya Posnansky habló de esto con su datación basada en arqueoastronomía dando 15.000 años de antigüedad a Tiwanaku, pero seamos francos, nadie o casi nadie le creyó y esto quedó en los ámbitos académicos como una anécdota. Esta sería una prueba.

En las casi 300 páginas de Thaipikkhala Tiempos Mágicos vemos desfilar mastodontes, tigres dientes de sable, cóndores gigantes, toxodontes, osos gigantes de cara plana, y otros. Además de objetos con ciertas reminiscencias egipcias, o nórdicas. Ver por ejemplo la imagen que ilustra este artículo, un mastodonte perfectamente reconocible, en arcilla negra de Tiwanacu! Fechar y autentificar estas cerámicas es para nuestros arqueólogos una tarea urgente.

Thaipykkhala Tiempos Mágicos de Fernando Pacheco Medrano es una publicación de La Vitalicia. Cabe destacar la calidad del libro, una edición de 270 páginas en papel couche a color y con tapa dura. Este libro será presentado en La Paz en noviembre.

La Atlántida en Bolivia.

De acuerdo con el inglés Jim Allen la legendaria Atlántida estaría en Bolivia. Allen propuso su teoría hace ya unos 15 años, y desde entonces ha realizado varios viajes a Bolivia en busca de pruebas. Lo que ha encontrado hasta ahora parece fortalecer su punto de vista, en lugar de invalidarlo.

¿Está la Atlántida en nuestro país?



Lo primero que hay que aclarar es que Jim Allen se refiere a una supuesta Atlántida histórica, es decir que de la misma manera en que a partir de los relatos de Homero se buscó, y se encontró, a Troya, Allen asume que la Atlántida es un lugar real que fue descrito en los diálogos de Platón. No estamos hablando entonces, lo siento por los adeptos al new age, de ninguna fantasía o pseudo ciencia, sino de un esfuerzo arqueológico basado en lo posible en hechos verificables.

En los diálogos Timeo y Critias, Platón hace una descripción extensa de una isla continente con una avanzada civilización, que luego de un desastre natural fue hundida en el mar. Esta civilización, la Atlántida habría existido hace unos 10.000 años.

De acuerdo a las indagaciones de Allen la descripción que hace Platón del mítico lugar corresponde perfectamente al Altiplano boliviano.

Veamos….

•Primero Allen distingue entre la isla-continente de la Atlántida que sería toda Sudamérica, y la isla capital de la Atlántida que estaría localizada en un remoto lugar del Altiplano, muy cerca al Lago Poopó, concretamente en Pampa Aullagas. Sería esta isla capital, originalmente rodeada por el agua del Lago Poopó la que habría sucumbido a un antiguo maremoto.
•Por otro lado Allen propone para el apogeo de la Atlántida una fecha cercana al año 1300 A.C., interpretando la fecha de 9000 años atrás de Platón como meses lunares. Esta relativamente cercana fecha parece un esfuerzo de Allen por congeniar con las fechas aceptadas por la arqueología convencional para la civilización en el área andina.
•Ahora las similitudes con nuestra geografía e historia: Platón habla de una gran planicie rectangular, muy elevada por encima del mar, rodeada de altas montañas. Esto es precisamente nuestro Altiplano.
•Además en la Atlántida abundaba el oro, el estaño, y un metal extraño llamado Oricalco que sería una aleación de cobre y oro. Y pues se sabe que el estaño era en tiempo antiguos muy escaso y difícil de obtener en otras latitudes pero siempre ha sido abundante en los alrededores del Titicaca. Y en cuanto al oricalco, aquí tenemos el tumbaga una aleación de cobre y oro usada extensamente por varias culturas prehispánicas. Otro punto en común es según Allen la existencia de canales de irrigación en particular un inmenso canal en pleno Altiplano, cuyos restos todavía se pueden observar.
•Eso no es todo hay además cierto paralelismo entre la historia de la Atlántida y la leyenda de Thunupa deidad andina que según este relato fundo una ciudad cerca al lago Poopó que luego fue destruida por un maremoto.

¿Qué se puede concluir?

Todavía nada, o muy poco. Toda esta elucubración supone que el relato de Platón está basado en información fidedigna, y eso es algo imposible de verificar. Por otro lado, lo que sí es interesante y quizás la investigación de Allen ayude a probar es que es factible que haya habido en tiempos más remotos de lo generalmente aceptado una civilización avanzada en el Altiplano Boliviano. Esta investigación, contrastada por ejemplo con el libro y las cerámicas de Fernando Pacheco, del que hablábamos hace poco, parece sustentar esa posibilidad.


Tal vez Posnansky, que hace más de cuatro décadas propuso en su libro "Tiwanaku, Cuna del Hombre Americano", una antigüedad de 15.000 años para esta cultura prehispanica, tenía razón.


Sabemos que Jim Allen se encuentra en este momento en el país, tratamos de ubicarlo sin éxito, insistiremos esta semana para ver si logramos que nos dé en persona su versión de esta historia.


¿La Atlántida en Bolivia? Porqué no.


Texto y foto: Palabras Más

viernes, 7 de octubre de 2011

Oscar, cazador americano



Pablo Cingolani

Más allá del dolor, ¿qué hay? Más acá del destino, ¿qué habrá? Yo no lo sé pero me encontré con Oscar –su nombre impuesto- y me empecé a hacer estas preguntas, y cien más, miles, muchas, y siento que, al menos esta vez, al menos frente a él, no me importan demasiado las respuestas. Siento que tal vez no haya respuestas, no puede haberlas desde tanta abolición padecida, desde ese más allá del dolor, desde ese donde viene Oscar.

Cuando yo sea hombre entonces seré un cazador. Indios Kwakiutl


Cuando nos reconocimos por primera vez, la atracción fue inmediata. Supe sin dudarlo un segundo, sin fisuras en mi corazón, sin dolor, sin pena, sin culpa, que estaba frente al último cazador, el último en su estirpe, el último entre los últimos, y él me devolvió esa certeza compartiendo algo de eso que puede que se encuentre más allá del dolor, algo que quizás pueda ser definido como alegría.

La vitalidad de este hombre es tan llena –a pesar de todo el genocidio y el odio y el desprecio que ha signado y marcado la historia de su pueblo, de manera específica desde que comenzaron a ser contactados y obligados a reducirse y “civilizarse” en 1967- que pensé lo que ya anoté: tal vez más allá del dolor, se encuentre la alegría.

Y eso que empecé a sentir como alegría, me inundó –como si un sol o varios atravesasen mi piel y su energía cargase cada molécula de mi existencia; como si toda la selva también lo hiciese, y con ella sus espíritus y sus sombras; sol y penumbra y el imán de esas convicciones que ya no quedan como ya no van quedando cazadores en las selvas.

Pero él sí, Oscar sí es un cazador, el persiste en su estar-siendo en la cacería, y por eso cuando nos abrazamos, sentí que estaba abrazando a eso entrañable que sustancia el ser nosotros mismos, a eso que ese compañero eterno llamado Haroldo Conti bautizó precisamente como el Cazador Americano, como Mascaró, “alias Joselito Bembé, alias la Vida” -como te sacude siempre desde el prólogo de su último libro, ese que así y todo pudo escribir en medio del fragor de los combates que se sucedían por la liberación del continente en esos sensibles, duros e irrepetibles años del primer lustro de los 70.

Oscar tenía 18, 20 años para entonces y no lo sé: tal vez seguía en la selva, andando en pelotas como nuestros paisanos los indios tal como proclamó nuestro General San Martín, cazando monos, muchos monos (que es lo que más le gusta de comer); tal vez seguía por ahí, por el río Víbora, afluente del río Ichilo donde se contactó otro grupo en 1986 o más adentro cuando en 1989 se contactó otro grupo más y esa vez lo hirieron con flecha al padre Solari que encabezaba la misión de pacificación para que no los exterminasen a todos. A todos los Yuquis, como Oscar. A todos los Yuquis, los “guerrilleros del monte alto” como los bautizó con admiración un antropólogo que no me acuerdo el nombre. Entonces así la vida de Oscar, entonces así la Vida como decía Haroldo.

* * *

Oscar se andaba con su pueblo en la VIII Marcha Indígena (hay unos 40 yuquis movilizados entre hombres, mujeres, jóvenes como Misael, Lázaro y Roberto, hijo de Oscar, niños como Aldo y sus hermanitas, bebés; en proporción es como si 300 millones de chinos anduvieran caminando) y Oscar se andaba como debe ser: cazando monos en las cercanías de los campamentos y flechando hasta dos capiwaras (carpinchos) que habitan en los curichales (pantanos) que pueblan la pampa de Mojos, por donde avanzaba la tumultuosa caravana humana. Alguien me había contado de él y deseaba encontrarlo pero era dificultoso entre el mar de carpas y gentes y banderas que se habían instalado en Puerto San Borja.

Pero sucede que lo veo al Lucho Revollo, el Defensor del Pueblo del Beni, y lo veo con dos señores muy recios, de firme estampa, sin dudas Señores de la Selva ellos, y nos acercamos a hablar y nos presentaron:

— Ellos son los representantes del Pueblo Yuqui­ —dijo el Lucho con inocultable orgullo y lo vi a Lucas (cuarenta y tantos, bíblico y cortazariano nombre impuesto) y no pude evitar sentir que tal vez el niño de la portada del libro de los Toromonas era él ya que su parecido con el padre de la fotografía (que fue tomada aquel ya señalado y fatídico 1967) era notable, y luego lo vi a Oscar y fue allí nomás que pregunté ansioso:

— ¿Y quién es el hermano Yuqui cazador de monos?

Desde el fondo de esa alegría que está más allá de todos los dolores, Oscar se encendió con esa dicha que me transmitió para siempre y golpeándose el pecho, empezó a señalarse, a señalar los montes que nos rodeaban, diciendo y repitiendo:

— Yo, monos, yo, monos…

Era él, ¿qué duda cabía? Era el Cazador Americano. El que nunca se rindió, el que nunca se rendirá, por muchos más dolores que lo hagan padecer, por muchas más tristezas: Oscar siempre será libre, siempre será su selva, siempre será el Cazador Americano.

Lo vi luego en Totaizal y en otro campamento más y hablamos, hablamos todo lo que pudimos y me siguió contando de sus cacerías de tapires, troperos y taitetúces. En alguno de los momentos compartidos, le pregunté porque estaba marchando:

— La Paz—me dijo sin dudar. Territorio— agregó, dudando aún menos. Y todo estaba claro pero no podía reprimirme y decirle una verdad:

— Pero mirá que no hay monos en La Paz, Oscar.

Su mirada fue tan tierna que hasta ahora me sigue latiendo bien adentro, como cuando ves a los niños de la selva jugando en los ríos.

— ¿No hay monos? —clamó como si eso no fuera posible. Su selva está llena de monos y él, por donde va, como ahora que andaba en la marcha, los encuentra.

— No, hermano, no hay monos— ¿Para qué mentirle? Tal vez por eso, en La Paz, tal vez porque no hay monos, y no hay selva y no hay ríos grandes, no entienden que construir una carretera por el medio de los territorios indígenas como el TIPNIS no sólo es acabar con los monos sino con la vida misma de seres como Oscar o Lucas; no sólo es acabar con los monos sino con los últimos cazadores americanos como los Yuquis; no sólo es acabar con los monos sino con los últimos hombres que no han roto el Vínculo, el lazo, el amor profundo –ese que está más allá del bien y del mal, más allá del dolor- con la Madre Tierra. No entienden o no quieren entender porque acá, acá no hay monos.

— ¿No hay monos? — repitió cien veces Oscar y luego se quedó mirándome en silencio, un silencio que duró siglos. Mas de repente, colmado de esa alegría que aún me desborda, con la fuerza de todos los árboles que son su casa, todos los ríos y los bosques que lo alimentan, toda la energía vital de ese mundo que quieren arrancarle, toda la magia de ese mundo, la Amazonía, toda su magia, volvió de su silencio y me dijo:

— La Paz, ¿no hay monos? No importa, La Paz, territorio.

Sentí: gente así sí está cambiando al mundo. Gente así nos está cambiando y ahora yo sé lo que hay más allá del dolor y más acá del destino: la alegría y la alegría sin adiós de haberme encontrado con él y la dignidad, la inmensa dignidad, la invencible dignidad que comparte y te transmite la gente como Oscar, y todos los que junto a él están marchando en defensa de la selva y del territorio y las comunidades del TIPNIS y de cada uno de los territorios indígenas que hay en Bolivia.

* * *

Termino parafraseando a Haroldo –mi total agradecimiento- diciéndole a Oscar y a través de él, a todos los compañeros de las Tierras Bajas:

Yo se que llegarás a La Paz. Yo se que llegarás, compadre. Por eso te digo hasta pronto. No te olvides de mí, ni de cada uno de los que tanto te amamos. Llegá pronto para que podamos seguir viviendo y amando, llegá pronto, llegá.

Si no hay monos, vos ya me enseñaste: no importa. Lo que importa es el territorio que es la vida y la dignidad, esa dignidad y ese respeto que todos merecemos pero sobre todo los pueblos de la selva que ya tanto han sufrido, y sobre todo vos, Oscar, sobre todo vos, Cazador, sobre todo vos.

Texto y foto: Bolpress

Michel Foucault, ni ángel ni demonio



Luis Roca Jusmet

Empecé a frecuentar la lectura de Foucault a principios de los 80, de la mano de Miguel Morey. En aquella época tenía poco criterio filosófico y buscaba un guía intelectual. El discurso fascinante de Foucault me resultó, en este contexto, apasionante. Pero la verdad es que mi lectura de Foucualt estaba limitada a entrevistas, artículos y a pocos libros. Nunca pude con “Las palabras y las cosas” y “La arqueología del saber”, lo reconozco. El excelente libro de Valentín Galán editado por Virus Vagos y maleantes. Michel Foucault en España desarrolla una análisis muy riguroso de la recepción del filósofo francés en aquellos años- Luego me olvidé de él pero quedó grabado en mi imaginario personal de una manera bastante intensa.

Posteriormente volví a su lectura por diferentes motivos. Por una parte por mis estudios sobre las concepciones modernas de la locura y la medicina. Estos textos me parecen fundamentales para quien quiera estudiar el tema : son muy sugerentes y aportan muy buen material. Sí que el estilo resulta a veces demasiado barroco y la retórica algo abrupta, pero nadie es perfecto- También me interesó su planteamiento sobre el poder. Aquí sí pude comprobar que Foucault hacía bastante trampa al intentar justificar lo injustificable. Quería dar continuidad a un planteamiento que no lo tenía : había pasado de una crítica radical del poder a una separación entre un poder aceptable y otro inaceptable, sin una autocrítica de por medio. Esta es al menos mi opinión. También comprobé que toda la parafernalia sobre el antihumanismo no tenía demasiado sentido porque era una discusión bastante retórica. Que en su momento criticara un determinado humanismo ( básicamente el del personalismo cristiano) estuvo bien pero no tenía sentido anatemizar esta palabra. Finalmente he vuelto a Foucault por la lectura de Pierre Hadot sobre la filosofía como forma de vida a partir de los textos clásicos. El debate Foucault-Hadot aobre el tema me pareció apasionante. Pero este último Foucault, por mucho que él también lo niegue, poco tenía que ver con los anteriores-

He leído últimamante dos libros en francés, no traducidos, que son respectivamente una apología y una degradación de la persona y la obra de Foucault. El primero es de Paul Veyne (Foucault. Sa pensée, sa personne. París: Livre de poche, 2008). El libro, escrito por el historiador y amigo de Foucualt, tiene un sentido apologético que no me gusta. Foucault aparece totalmente idealizado, tanto personal, como filosóficamente, como políticamente. Con la metáfora del samurai aplicado a Foucault elabora una especie de halo de guerrero del espíritu, implacable y certero, muy forzada. Alguna anécdota, como la que explica su sorpresa al verlo con una mujer, ambos con un kimono, la verdad es que roza el ridículo. Lo define como un intempestivo nietzcheano, un escéptico y un incorformista, calificativos que como veremos son en el primer y tercer caso bastante discutibles. El libro es ligero, en general ( salvo en capítulos algo fuera de lugar, como el de Heidegger) pero no aporta nada importante para el conocimiento de Foucault ( del que ya tenemos la rigurosa biografía de Didier Eribon). No vale demasiado ni como introducción ni como reflexión, dado su carácter poco crítico. Lo cual no quiere decir que sea una lectura inútil, hay también algunos elementos sugerentes, como la inscripción de Foucault en la tradición escéptica i algunas reflexiones puntuales que van apareciendo a lo largo del ensayo.

El segundo libro es de Jean.Marc Mandosio, profesor de latín nacido en 1963, y se titula Longevité d'une imposture. Michel Focaul ( París : Editions de l'Encyclopedie des Nuisances. 2010). Este libro forma parte de una saga con la que reconozco que no tengo ninguna simpatía. Se trata de los que intentan denunciar la impostura de determinados autores de culto. Empezó con el inquisitorial Victor Frías con Heidegger y continuó con el libro de Sokal i de Bricmont. El primero me pareció que tenía un estilo inquisitorial, propio de un comisario político. En el segundo me resultó más tramposo que lo que denunciaba, al seleccionar textos parciales y fuera del contexto de los pensadores que criticaban. Ambos me parecían también algo oportunistas, al ir dirigidos a un público que quería sangre y que esperaba ver como desmenuzaban a las presas. Con este libro, en parte, pasa lo mismo. Faltan los matices. Esta bien desmitificar a Foucault pero no al precio de una degradación política, filosófica y personal total. Hay que reconocer que Mandosio ha trabajado el tema y la crítica, aunque sea discutible, es consistente. Es cierto que Foucault no es un imtempestivo como pretende Veyne, ya que en muchos casos más bien parece seguir las modas y modos del momento : se afilia al PC sin convicción, se vuelve antiinstitucional después de mayo del 68 y se codea con los maoístas, se ofrece para trabajar con el Partido Socialista cuando aparecen otros vientos... Es antiinstitucional manteniendo sus cargos académicos... ¿ Impostura ? No me atrevería a decir tanto, ya que la impostura es una descalificación total. Sí contradicciones que lo vuelven más humano que el pretendido samurai que se imagina Veyne. Seguramente mucho culto a la personalidad gracias a estos círculos de incondicionales que sólo buscan un guru al que adorar. S´fue un “manadarín” en este sentido, como critica Mandosio, y parece que le gustaba. Otra cosa son las críticas, que quieren ser demoledoras, a su trabajo teórico. Para Mandosio es una banalidad con superficie brillante, un discurso reversible por su ambigüedad. No estoy de acuerdo. Me molesta tanto la arrogancia de Mandosio como la que critica de Foucault. En algunas cosas tiene razón pero esto lo único que pone de manifiesto es el carácter ambivalente de su obra, que no debe ser venerada y sobre la que debe hacerse una lectura crítica. Pero se nota demasiado que la voluntad de Mandosio no es la de hacer una lectura critica y matizada sino la de derrumbar un ídolo y esto la convierte en muy parcial y tendenciosa. Sí firmaría totalmente dos críticas radicales de Mandosio. Una a excesos retóricos, aunque discrepo con él porque que lo que hay detrás si tiene un contenido consistente que hay que recuperar. La otra referida a la deriva de algunas de sus posiciones políticas. La primera es su apoyo a Jomeini, que fue un escándalo justificado para los opositores laicos que entendieron mejor que él lo que vendría. Pero sobre todo por entrar en el nefasto discurso de la justícia popular directa de sus amigos maoístas. Desgraciadamente el movimiento juvenil de Mayo del 68 se materializó en el peor dogmatismo izquierdista, sobre todo el caso de los maoístas. Foucualt no supo mantener una postura crítica y coherente delante de este lamentable fenómeno: no fue aquí un intempestivo, como afirma Veyne, y se dejó arrastrar por esta moda falsamente radical.

Lo que fue el personaje Foucault tampoco, finalmente, importa tanto. Sus escritos si son una caja de herramientas, como él mismo quiso. Este es el valor de su escritura, la de decir y sugerir ideas interesantes sobre muchos temas. Con sus errores, por supuesto. No es un sistema, por suerte y no funciona en términos de o todo o nada, como pretenden los apologistas y detractores de Foucault.

Quiero por último hacer una referencia al texto complementario del libro de Mandosio, titulado Foucalphiles et foucaulâtres, con el que pretende ridiculizar a los seguidores de Foucault. El texto es, por supuesto, muy parcial y referido básicamente a Francia. ¿ Que ha pasado con los foucaultianos españoles ? Aparte de muchos intelectuales influenciados por él en su mometo, como ya señala Galán, hay cuatro grandes seguidores de Foucault en nuestro país a los que quiero referirme. Uno es Miguel Morey, coherente en su trayectoria de pensador maldito, uno de cuyos eslabones básicos y originarios fue la influencia de Foucault. Otros dos son los soiólogos Julia Valera y Fernando Álvarez-Uría han seguido fieles, desde su visión crítica de las instituciones a la herencia de Foucault ( y también de Robert Castel, al que Mandosio ignora en su libro porque no entra en el paquete que le interesa). Pero interesa sobre todo el caso de nuestro Ministro de Educación, Angel Gabilondo. Es un caso curioso porque llegó como profesor poco oficilaista a la Rectoria de la Complutense por el apoyo estudiantil. Una vez en el poder ( el gran tema foucualtiano) se ha ido adaptando sin tensiones aparentes a la gobernabilidad socioliberal y a la corrección política. Sería un argumento a favor de Mandosio, lo reconozco, en el sentido que las herramientas que ofrece Foucault pueden ser utilizadas en sentidos contrarios y su discurso es perfectamente reversible. Es posible, pero sigo manteniendo que para un lector de izquierdas la lectura de Foucault le puede reportar elementos de análisis muy potentes. Que cada cual decida.


Texto: Rebelión

Foto: Blog Luis Roca