domingo, 29 de enero de 2012

Bolivia, territorio central del proceso de evolución del maíz


SENA-Fobomade

La labor de domesticación y selección de especies vegetales es el mayor aporte económico y tecnológico del nativo americano a toda la humanidad. De 260 razas de maíz descritas para América, 132 son originarias de la zona andina. Bolivia es una región central para la producción y evolución del cultivo de maíz desde hace 2.500 años.

Desde septiembre de 2005 rige en el país una estricta prohibición de ingreso o producción de cualquier tipo de maíz transgénico, pero antes de la aprobación de la Ley de Revolución Productiva Comunitaria, el Ministro de Autonomías y el Viceministro de Agricultura sostuvieron que el país necesitaba aprobar los transgénicos porque debido a la crisis alimentaria se estaba importando maíz transgénico para comida de pollos.

Ante la pregunta obvia, ninguno de ellos pudo informar del origen de dicha importación de maíz. En consecuencia, Ministro y Viceministro serían cómplices de una flagrante violación a las leyes del país, más aún cuando la Constitución Política del Estado Plurinacional ha establecido el principio de prohibición de cultivos transgénicos.

El 26 de junio de 2011 fue aprobada la Ley de Revolución Productiva Comunitaria, y luego de varios días de debate y acciones diversas, la norma incorporó entre los cultivos transgénicos prohibidos aquellos de los cuales el país es centro de origen y de diversidad, con lo que el maíz transgénico quedó excluido de su cultivo en Bolivia.

Pocos meses después, un proyecto de reglamento intentaba reinterpretar la Ley mediante términos imposibles, pero la Campaña en Defensa del Maíz y la Alianza para el Consumo Responsable y Solidario cuestionaron: ¿A quién beneficiaría el ingreso de semillas transgénicas? ¿Acaso la abundante investigación sobre la ineficacia del gen transgénico del maíz no es suficiente para un Estado que apunta hacia la soberanía alimentaria?

Luego de la denuncia, el proyecto del gobierno quedó en statu quo.

Se requiere una población movilizada y consciente que defienda sus derechos como consumidor, y se solidarice con los derechos del agricultor a guardar su propia semilla y producir de manera responsable para su comunidad y para quienes consumen sus alimentos. Por esa razón, la Alianza por un Consumo Responsable y Solidario convoca a fortalecer el movimiento en Defensa del Maíz y por una comunidad, un municipio y un país libre de transgénicos.

En Bolivia se cultivó maíz desde la época pre cerámica

En representación de la Sociedad de Arqueología de La Paz, Carlos Lemuz aporta con información científica a la Campaña en Defensa del Maíz que impulsa la Alianza para el Consumo Responsable y Solidario, y considera que “profundizar investigaciones en torno al maíz prehispánico, sus variedades, su domesticación y difusión es científica, económica y culturalmente pertinente, toda vez que las normas bolivianas de bioseguridad y protección del patrimonio genético y cultural se hallan vulnerables a cambios inspirados por intereses corporativos extra-nacionales, los cuales se hallan sutilmente apoyados por las acciones encubiertas del actual gobierno”.

El contexto de la historia de la agricultura previa al descubrimiento de América sugiere que el maíz ingresó a Bolivia “en una etapa de domesticación muy temprana y de hecho en un periodo de evolución cultural pre-cerámico”, según las evidencias científicas sistematizadas por el ingeniero agrónomo y Director del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani Gonzalo Avila Lara, en su libro El maíz y su mejoramiento genético en Bolivia.

La publicación que contiene información sobre las zonas de cultivo, producción y productividad, así como el origen, filogenia y clasificación del maíz, entre otros aspectos, destaca que tanto en la región andina central como en los llanos orientales “la labor de domesticación y selección de especies vegetales, se ha constituido en el mayor aporte económico y tecnológico que el nativo americano ha dado a toda la humanidad”.

En la revisión de los antecedentes históricos de este cultivo, Avila refiere que estudios que datan de 1926 establecen que “que casi todas las plantas cultivadas se originaron en ocho lugares del mundo”, reconocidos como centros de origen primario, los mismos que casi siempre están situados en regiones montañosas. Las plantas más importantes para la agricultura se originan en sólo una fracción del globo, en áreas llamadas centros de origen que cubren apenas 2 a 3% de la superficie terrestre.

“Todos los centros de origen fueron la cuna de grandes civilizaciones del pasado” y contribuyeron a los importantes “logros conseguidos en materia de domesticación y mejoramiento”, asegura el investigador. “Solo mucho más tarde y en base a las especies domesticadas en los centros de origen, las extensas llanuras del mundo alcanzaron un gran desarrollo agrícola”.

Fue en la época de las grandes civilizaciones cuando se produjo la domesticación del maíz así como el desarrollo de técnicas de conservación de alimentos y culinarias de gran importancia para la humanidad. Avila Lara recuerda que en la época incaica se consolida y ordena la domesticación y mejoramiento genético, que fue posible gracias al uso de marcadores genéticos en los maíces andinos y que permitió el reconocimiento de las diferencias de calidad y la enorme variabilidad de colores y formas. 

La secuencia evolutiva de los maíces sudamericanos muestra enormes modificaciones morfológicas en los tipos de grano, según Avila, con más variabilidad que en México. Los maíces andinos cultivados hasta los 3800 m.s.n.m. tienen alto grado de especialización adaptativa a su propio valle, debido al aislamiento geográfico provocado por las montañas. Goodman y Brown (1998) señalan que del total de 260 razas descritas para América, 132 son originarias de la zona andina.

En Bolivia se desarrollaron varios tipos de maíz, bastantes diferenciados de las especies mexicanas, “por haber estado sometidos a patrones evolutivos muy variados, haciendo de la región el centro de diferenciación secundario, con una enorme cantidad de variabilidad genética, especialmente por la diversidad de los granos".

“Los maíces bolivianos fueron clasificados en 7 complejos raciales, 45 razas y centenares de variedades, considerando como raza a una población con características en común que ocupa un área geográfica definida y que han sido seleccionadas para finalidades utilitarias definidas y con características fisiológicas y morfológicas comunes, ejemplos son los complejos raciales Alto Andino, Amazónico, Perla, Morocho, Harinoso de los Valles Templados, Pisankalla, Cordillera. Una raza de maíz de introducción posterior es el maíz Cubano amarillo que colonizó toda el área tropical y subtropical, habiéndose cruzado casi con todas las razas existentes en esta zona al punto que casi no existen variedades libres de contaminación con esta raza”.

Actualmente la Colección del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani alberga unas 1.500 accesiones producto de la recolección en todo el país, del mejoramiento y distribución de variedades propias y también de las estrategias de conservación in situ.

Bolivia, territorio central del proceso de evolución del maíz

En un informe sobre los antecedentes arqueológicos del maíz boliviano andino amazónico, el arqueólogo Carlos Lemuz asegura que los trabajos sobre la evolución de ese cultivo han permitido identificar a los andes centrales y a la cuenca del sur del Amazonas como los dos principales territorios de evolución de las variedades del maíz en Sudamérica; y “Bolivia se halla justo en la parte central o núcleo de ambas zonas, las cuales también involucran los desarrollos culturales de Perú, Chile, Argentina y las culturas amazónicas de Colombia, Ecuador, Perú y Brasil”.

Lemuz recuerda que la evolución de los cultivos está relacionada a factores culturales antes que a naturales, por lo que la información antropológica es necesaria para explicar la formación de un cultivo y la evolución de sus especies. “Se trata de un proceso paso a paso, afectado por las actividades humanas, por tanto, la historia del maíz encierra profundos y marcados paralelismos con los cambios económicos, políticos y tecnológicos de las culturas prehispánicas de América”.

El arqueólogo sostiene que “la mayoría de las variaciones genéticas, razas y ecotipos que conocemos del maíz han sido moldeados por la actividad de las antiguas poblaciones indígenas de América, probablemente con mayor amplitud hacia el 500 a.C., que es el momento en el que se extienden la mayoría de las variedades de cultivos del maíz en Mesoamérica y Sudamérica”.

Los estudios sistematizados por Lemus evidencian que ya en las culturas prehispánicas andinas “el cultivo del maíz tuvo no sólo una importancia dietética o ritual, sino también social por la forma de su siembra y cosecha, circulación y empleo en las esferas de tráfico e intercambio de la región de la Cuenca del Lago Titicaca, valles orientales y occidentales y probablemente también zonas bajas”. Diferentes investigaciones sobre el control vertical de pisos ecológicos y el modelo de complementariedad de la economía andina “identifican al maíz y a la sal como elementos primarios dentro del sistema de intercambio existente entre valles y altiplano”.

Estudios arqueológicos ubican a Bolivia como una región central para la producción y evolución del cultivo de maíz desde hace 2.500 años, corroborando las evidencias que reconocen al país como centro de origen, diversidad y domesticación de diversas variedadesde maizales.

Trabajos arqueológicos en la península de Copacabana “revelan que si bien el maíz no fue un producto indispensable de su dieta, su uso estuvo concentrado en momentos rituales y trascendentes de su vida religiosa y política. Se estima que ya entre el 2.000 a.n.e. al 400 N.E., “las poblaciones de la cuenca del Lago Titicaca estaban completamente integradas a una esfera de tráfico e interacción con otras zonas donde la producción de maíz era mayor y componía una proporción importante de la dieta de la población”.

Apoyado en diversas investigaciones, Lemuz explica que es en Tiwanaku, 400-1.200 N.E., “donde la chicha de maíz tenía un peso simbólico y político de gran importancia” como queda claramente evidenciado en las excavaciones intensivas de las ruinas que muestran que cerca del 25% de los productos alimenticios identificados son de maíz.

Las investigaciones dan cuenta que “el maíz consumido en Tiwanaku mostró la existencia de cientos de variedades, probablemente traídas de diferentes regiones como los valles costeros de Moquegua, Cochabamba o los valles nororientales. Regionalmente cada variedad podía ser un identificador étnico-cultural, tal como ha sido observado en algunas zonas del Perú como el valle de Mantaro. Las distintas variedades de maíz poseían circuitos diferentes, mientras ciertos tipos gozaban de una gran distribución cerrada o aislada, todas con un prestigio y una utilidad diferente”.

Con la desestructuración de Tiwanaku y la presencia y expansión Inca, “el maíz se convirtió en el “alimento del Estado”, producto al cual el Inca y su estructura rendían particular tributo”, destaca el informe de Lemuz.

En la región amazónica, los registros etnohistóricos describen grandes poblados liderados por grandes y organizadas estructuras políticas dirigidas por un jefe o cacique. Los estudios sobre los rasgos que dejaron las actividades agrícolas e hidráulicas y los restos arqueológicos de plantas en la llanura de Moxos, así como el análisis de una muestra de restos de plantas carbonizadas en Loma Salvatierra en el departamento del Beni, “concluyeron que la gramínea más popular en la muestra era el maíz (zea mays L.), sugiriendo su importancia agrícola y alimentaria para esta población. Otras especies identificadas fueron ají, camote, frijoles, maní y yuca. Por el tipo de cultivos que incluye algodón, se conoce que este sirvió para la confección de prendas de vestir y que su popularidad se incrementó notablemente al final del periodo de ocupación (600 a 1400 n.e)”.

Este importante descubrimiento abre las puertas a una revaluación al entendimiento de la ocupación prehispánica de los llanos de Moxos y al rol que tuvo el maíz para esas antiguas culturas, afirma Lemuz.

5.000 años antes de nuestra era

Carlos Lemuz reconoce que a la luz de la información disponible, “no es posible todavía precisar el lugar y tiempo en que fue domesticado, trans­formando radicalmente el teosintle (Zea mexicana) hasta convertirlo, por medio de la selección y cruzamiento, en el maíz que hoy conocemos (Zea mays)”.

Sin embargo, hay evidencias que muestran que “los pólenes más antiguos de la nueva planta datan de entre 7.400 y 6.700 años antes de nuestra era y fueron encontrados en Oaxa­ca. Las semillas más viejas son de 5.000 años antes de nuestra era y proceden del centro de México”, aunque “existen datos que aseveran que el proceso de domesticación se debe más a un fenómeno regional y multicéntrico antes que a un fenómeno único y local, y dan cuenta de la existencia de por lo menos cuatro centros de domesticación a lo largo de México y Guatemala, y un comportamiento similar en las dos regiones de América del Sur”.

Lemuz asegura que la historia del maíz en Sudamérica recién comienza a ser conocida ya que “recientes investigaciones en Chile han develado que en el desierto de Atacama, en los sitios llamados Camarones y Tiliviche, se ha encontrado polen de maíz datados entre 5.255 y 4.760 años a.n.e. y en mayor cantidad entre 3.235 y 2.720 a.n.e”.

En Perú, como resultado de la excavación arqueológica de la ciu­dad de Carál (3.000 hasta 1.800 a.n.e.), se encuentra maíz hacia el 2.300 a.n.e, pero en pequeñas cantidades, y en contextos rituales, por ejemplo, como ofrenda para la construcción o remodelación de edificios. Por el tipo de especie, las muestras han sido asociadas a otras encontradas en la costa peruana en Cerro Julia, cerro Calvario y Cueva El Guitarrero que datan de aproximadamente el 4000 a.n.e.

Los habitantes de la costa de Perú, además de comer el maíz en harina, incluyeron en su dieta las famosas palomitas de maíz desde hace más de seis mil años, un milenio antes de lo que se creía. En Paredones y Huaca Prieta, en la árida costa norte peruana, investigadores de la Universidad de Vanderbilt y Duccio Bonavia de la Academia Nacional de Historia de Perú descubrieron microfósiles de maíz con granos de almidón y fitolitos que datan de entre 6.700 y tres mil años.

Fuentes:

1. El maíz y su mejoramiento genético en Bolivia; Avila Lara, Gonzalo; Academia Nacional de Ciencias de Bolivia y Fundación Simón I. Patiño; Cochabamba, 2008.

2. Antecedentes arqueológicos del maíz boliviano –andino amazónico–, informe inédito de Carlos Lemuz, Sociedad de Arqueología de La Paz.

Texto: Bolpress
Imagen: http://neniuxvikiux.wordpress

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