martes, 23 de junio de 2009

Tunupa: Santuario cósmico del Altiplano Sur


Pablo Cingolani

Los mitos están repletos de precisiones topográficas y de nombres de lugares; la toponimia se carga de una dimensión sagrada; se convierte en una escritura secreta, un lenguaje que, estructurando el espacio, crea los nombres de los hombres (de los ancestros, de los héroes civilizadores o totémicos) y en un mismo movimiento los encadena a los lugares.

Toda una geografía sagrada se deriva de esto. Por el mito, la tierra se convierte en "patria" y el paisaje, en una matriz de arraigamiento sumergida en el tiempo mítico de los orígenes.

Tunupa es el nombre de una montaña y de un lago de sal que está situado a sus pies. Tunupa es el nombre de un territorio sagrado para la cultura de los Andes. Tunupa es el nombre de un héroe civilizador, incomprendido por los hombres de su época. Tunupa es el nombre de una mujer hermosa que huyó de la voracidad lujuriosa de los "cerros-machos". Tunupa es uno de los nombres de la divinidad. Este valor polisémico del nombre Tunupa alude sin ambages a la importancia que este cerro posee dentro de la cosmovisión andina.

Es improbable que entendamos esto si no lo sentimos: Tunupa es el eje cósmico del mundo. Tunupa es el origen. Tunupa es el centro. Tunupa es la verdad de la verdad por los siglos de los siglos. Quiero ser muy franco: Es difícil expresar con palabras lo que ha llegado hasta nosotros como tradición oral. Es mucho más difícil introducirse en el mundo de los mitos acorazados por la razón. Vamos a intentar aproximarnos a Tunupa como los Basseri de los desiertos de Irán que consideraban que el viaje mismo es el ritual. Vamos en busca del tiempo primordial. Vamos en busca del espacio original.

Tunupa, dios y héroe de los collas

Tunupa era el dios más importante de la mitología del Qollasuyu antes de la llegada de los Inkas. Es un dios fundador e itinerante que realiza labores titánicas: modela la naturaleza y crea la geografía, abriendo ríos, levantando montañas y fijando los caminos y los límites del territorio. Su poder era inmenso.

Ludovico Bertonio en su Vocabulario de la lengua aymara (1612) establece la equivalencia entre Tunupa y Ecaco. Según Fernando Montes, Ecaco o Iqiqu era el nombre pukina de Tunupa. El pukina era la lengua hablada por los tiwanacotas, de lo que puede desprenderse el origen de su culto.

Iqiqu o Tunupa fue luego adoptado por los aymaras. Su nombre proviene probablemente de dos voces aymaras: Tunu, la cepa de las plantas grandes y árboles, y Tunu Achachi, hombre o mujer que es la cepa de alguna familia, según el citado Bertonio. Los incas también lo adoptaron pero terminaron subordinándolo a Viracocha, el dios creador andino de imagen cuatripartita y complementarias que son presentados por los cronistas como servidores.

Los viajes de Tunupa

Según el cronista aymara Joan de Santacruz Pachakuti, Tunupa era un hombre sabio, "un hombre barbudo mediano de cuerpo y con cabellos largos, y con camissas algo largas" que llegó al altiplano luego de la derrota de los genios malignos que se habían adueñado del mundo durante la edad de las tinieblas.

Tunupa recorrió todo el Qollasuyu predicando y enseñando, "llamándoles a todos hijos e hijas". En Apotampo entregó la vara de madera de chonta que portaba al cacique del lugar que no es otro que el abuelo de Manco Kapac, el fundador del Tawantinsuyu junto con Mama Occllo. En Yamquesupa inundó un pueblo y lo transformó en laguna. En Cachapucara arrojó fuego del cielo sobre una montaña destruyendo un ídolo femenino que allí adoraban. En los Andes de Carabaya construyó una enorme cruz de madera que cargó sobre sus hombros y luego dejó en Carabuco, a orillas del lago Titicaca. Allí fue apresado y amarrado pero alguien lo liberó y al amanecer partió en su manta, "en lugar de balça", por el lago. Pasó por la isla del Sol, "por Tequeña, hacia Chacamarca, en donde le bio un pueblo llamado Tiyaguanaco", a cuyos habitantes convirtió en piedra por su desobediencia. La versión de Santacruz Pachakuti termina diciendo que "Tunupa pasó siguiendo al rrío de Chacamarca, hasta topar en la mar". La mar era la muerte.

El mito ha sido recogido por otros cronistas coloniales. Ramos Gavilán aporta otro final: Tunupa forja el río Desaguadero y se pierde en los Aullagas, uno de los nombres del lago Poopó. Tunupa ha sido bautizado como el Cristo andino y asociado a santos como Tomás y Bartolomé. Cieza de León dice de Tunupa que era un hombre blanco ?lo que emparenta a Tunupa con los héroes civilizadores de otras culturas americanas? y que inspiraba veneración por su gran poder "pues de los cerros hacía llanuras y de las llanuras cerros grandes, de las piedras vivas hacia brotar fuentes, y con todas estas maravillas llamábanle hacedor de todas las cosas y su principio".

A la vez, hay versiones propias de la zona de los salares donde se sitúa el volcán pero en ellas Tunupa asume forma femenina. En las mismas, Tunupa es una doncella que disputan los "cerros machos". Según la zona, "la" Tunupa enfrenta al cerro Cora Cora contra el cerro Chillima, al cerro Cuzco contra el Cosuña, etc.

El carácter andrógino de Tunupa se relaciona con el modelo de oposiciones complementarias que definen a la cosmovisión andina. No hay contradicción entre un Tunupa varón y una Tunupa hembra. Es más, para Juanez Pérez, la montaña misma posee los dos sexos, "en la práctica física de sus características, Tunupa vista del lado Sur es varón y, vista del Norte es mujer". Para Juanez Pérez, Tunupa llegó desde los Yungas paceños.

Es interesante indagar en el ámbito geográfico donde se desenvuelve el viaje mítico de Tunupa. Como bien nota Montes, el trayecto se corresponde más o menos a la extensión del estado tiwanacota. Pero hay un detalle más: la vara de chonta que Tunupa entregó al cacique de Apotambo y la cruz de madera que construyó en Carabaya nos remite a la complementariedad ecosimbiótica que observó con agudeza Ramiro Condarco. La madera es un producto de la selva. La construcción de la cruz en los Andes de Carabaya ?el nombre con el cual se denomina a una sección de la cordillera oriental que al entrar en territorio boliviano se conoce como Cordillera de Apolobamba? hace referencia al intercambio de productos y/o a un origen amazónico del mito que se emparenta con la versión yungueña de Juanez Pérez.

En sus orígenes, Tunupa era un dios relacionado con el fuego y los volcanes, aunque luego es quien abre la cuenca acuática que es el taipy o centro de la concepción espacial de los aymaras. Los volcanes fueron considerados como puentes de unión entre el cielo y la tierra y controlaban los fenómenos meteorológicos como las lluvias y las heladas. A la vez, las montañas eran consideradas como hijas de la madre tierra y por eso se las engalanaba, según Guamán Poma, con mojones o marcas territoriales. El fuego destructor lo asocia con el rayo o Illapa, otro dios preincaico. La identificación Illapa- Santiago es talvez la herencia más profunda del sincretismo que se produjo entre la religión andina y la europea.

El volcán Tunupa en la geografía sagrada de los Andes

Todos los estudiosos e investigadores coinciden en que la montaña que hoy conocemos como volcán Tunupa encierra un símbolismo profundo.

La idea del espacio en el Tawantinsuyu tenía un orden que se sintetiza en la cruz cuadrada, una geometría y una proporción que se reproduce en la arquitectura, la urbe y el territorio.

María Scholten de D Ebneth trazó la que denominó como "ruta de Viracocha" demostrando que los principales asentamientos humanos de los Andes están situados en una línea recta y a distancias proporcionales entre Cajamarca y Tiwanaku. Esto lo avaló apoyada en la geodesia y en evidencia etnohistórica.

El arquitecto peruano Carlos Milla Villena, siguiendo el camino de la Dra. Scholten, encontró que la ruta podía prolongarse hasta Oruro y Potosí. Milla fue más allá probando la importancia del Tunupa a través del trazado de la cruz cuadrada sobre un mapa del área andina. Así estableció que el alineamiento que une el puerto de Carabuco con Tiwanaku coincide con la gran diagonal del sistema y al extenderse 477 kilómetros al sur-este (la misma distancia que media entre Tiwanaku y Cuzco), se llega de manera exacta a la cumbre del monte Tunupa.

A partir de su localización tan particular en el centro del altiplano, el Tunupa puede ser considerado como un eje cósmico, un axis mundo. Una geografía del rito y el alumbramiento: un apropiarse de la tierra a partir de las marcas que los dioses han dejado a su paso. Esa geografía que sólo pudo ser obra de colosos: una geografía de lo divino que configura la patria de los hombres, de los habitantes de estos desiertos sudamericanos pero también de cualquier hombre.

La montaña ?un edificio volcánico que carga más de 200 millones de toneladas de azufre en su cima? se haya situada dentro de la Cordillera Intersalar que forma un divortium aquarium entre los salares de Uyuni y Coipasa y en el cuaternario temprano formaba una inmensa isla dentro del llamado lago Tauca que al secarse originó los salares. La increíble visibilidad de la montaña (producto incluso de su aislamiento) contribuyó a cimentar los mitos. La gran cantidad de ruinas de fortalezas y sepulcros que atesoran sus laderas (que se interrelacionan con la gran cantidad de iglesias y capillas que lo rodean y que postula una cartografía cultural de un territorio de marcas excepcionales) puede indicarnos que el Tunupa se constituyó en un centro ritual de vastos alcances territoriales. No es arriesgado suponer que el volcán era el gran santuario cósmico de todo el Altiplano Sur.

Tawa, en idioma Runa-Simi, la lengua de los hombres, es cuatro: cuatro son los rumbos, cuatro los rostros del dios que todo lo crea. La comunidad de Tawa ?que aún susbiste en el lado sudoeste del volcán? era el asentamiento más importante de la región de los salares antes de la violenta llegada de los españoles. Bien puede haber sido el lugar de origen y el centro que irradió la cultura y la religión al Ande completo.

Toda una cartografía sagrada espera su reconstrucción: Hay un mapa que trazar y tejer en nuestros corazones. Su magna serenidad corona el salar más vasto del mundo: La grandeza y el poder de Tunupa debió ser inconmesurable, uniendo los cuatro puntos cardinales a partir de su cráter fulgurante y el mar de sal que descansa a sus pies. Contemplándolo sentimos que hay un principio que debemos asir en la búsqueda de una mayor comprensión del espacio donde vivimos y un final que sólo es posible porque siempre se renueva. El Tunupa está ahí, guardando su secreto. TUNUPA MICA TAICA lo llaman: Madre del tesoro.


Texto: Bolpress
Imagen: GI

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