domingo, 10 de enero de 2010

Reyes Villa y la huida de la tortuga


Por Coco Cuba

La Paz, 9 ene (ABI) – La huida a Estados Unidos del prefecto revocado de Cochabamba, Manfred Reyes Villa -investigado por corrupción y otras figuras penales- por algún punto de la frontera de Bolivia con Perú, de 1.131 km lineales, a mediados de diciembre, reavivó el viernes la saga de los escapes y escapistas más insospechados en la historia boliviana, encarnados por políticos, líderes sindicales y hasta octogenarios cerrajeros.

Perú es parte íntima de esta historia, de tratos y trucos.

La historia de este tipo de crímenes está vinculada a la política criolla, pero también al crimen o, en muchos casos, a ambas figuras.

Reyes Villa, sobre quien pesan 20 procesos e imputaciones, se escapó de Bolivia entre el 13 y 15 de diciembre último, lo más seguro por la frontera amazónica perúboliviana, después de perder sin atenuantes las elecciones generales del día 6 de ese mes, a manos de su principal contendor, el presidente Evo Morales.

Lo hizo mimetizado, tal como el impredecible líder sindical boliviano, Juan Lechín Oquendo que, tras el golpe militar del general René Barrientos Ortuño, el 2 de noviembre de 1964, salió del país vestido de ‘chola’, un atuendo que caracteriza a la mujer indígena en los Andes bolivianos y que tiene origen en la ‘Chula madrileña’.

Le ayudó a disfrazarse la popular “india Peñaranda”, dueña de una concurrida picantería en La Paz de la época y, así, con una vestimenta lo suficientemente creativa y convincente como para ocultar su más de 1,80 m de estatura física, que lo convertía en una chola atípica, su prominente nariz y nos enormes dientes en recreo, además de sus ojos de dos colores, se les escapó a los matones de Barrientos y se marchó al Perú.

El mismo Lechín también le hizo una saeta y un palmo de narices al dictador Hugo Banzer y en setiembre de 1971, días después del sangriento golpe militar que depuso al general progresista Juan José Torres y que sembró la muerte en La Paz y otras ciudades bolivianas, salió de corridas en condiciones inverosímiles, después de comandar la resistencia armada y urbana en La Paz.

Lechín se metió en una caja mortuoria y, nada menos, así, se les escurrió de las manos a los agentes del entonces temido Departamento de Orden Político y de la Dirección de Investigación Criminal que lo buscaban como aguja en un pajal…para matarlo.

El longilíneo ataúd, con el impredecible Lechín dentro, trepó la avenida paceña Baptista y quien sabe cómo ni dónde se recondujo por el Altiplano hasta la frontera con Perú, antes de recalar en el Cementerio General.

A Perú, precisamente, fue parar el legendario presidente militar boliviano Mariano Melgarejo, un día de enero 1871 cuando, derrotado en las calles por los revolucionarios paceños y en trance de huida, salvó el pellejo y, a caballo y, sin sus coraceros, cruzó la frontera extensa y gélida hasta instalarse en Lima, donde el 14 de noviembre de ese mismo año el hermano de su amante, Juana Sánchez, a quien el tirano hizo general del Ejército de Bolivia por decreto, le descerrajó un tiro en la cabeza.

La parafernalia política boliviana contiene una amplia gama de episodios, tales como los que protagonizó el jefe de la derechista Falange Socialista Boliviana, Oscar Ungaza de la Vega, acostumbrado, a mediados del siglo pasado, a entrar y salir del país bajo el atuendo de un reverencial sacerdote católico.

Vestido de cura, Unzaga, entones jefe de la principal formación de oposición, entró también a la casa de la familia Serrano, el 28 de abril de 1959 y un día después apareció muerto, en un baño, con dos balas en el cráneo, en ese domicilio de la calle Larecaja de La Paz.

El gobierno del presidente a la sazón, Hernán Siles Suazo, dijo que Unzaga se había suicidado.

El ex presidente militar boliviano Narciso Campero y su antecesor, José María Linares, cercano a Melgarejo este último, llenaron de anécdotas de este tipo la historia sin par de la agitada política boliviana del siglo XIX.

A fines de 1980, el mismo Siles Suazo, electo para un segundo mandato, se les escapó a los paramilitares argentinos y bolivianos del dictador militar Luis García Meza, vestido de monja.

En hábito y con un inocultable crucifijo -del que pendía un rosario de perlas- en las manos, el hombre, de baja estatura, rostro enjuto y ojos acuciantes, huyó en una barcaza por el Lago Titicaca, a Perú. Dos años después volvió en hombros para restaurar la democracia en Bolivia.

Y si de escapadas e incursiones increíbles se trata, el cerrajero o cajista boliviano, Víctor Ackermann, se puso en dos ocasiones en el primer plano del acontecer boliviano. La primera de ellas, en plena Guerra del Chaco, librada por fuerzas bolivianas paraguayas entre 1932 y 1935. Ackermann y el entonces soldado Gastón Velasco, se valieron de unas buenamozas bolivianas y paraguayas para infiltrar los aparatos y servicios de seguridad y espías del Estado Mayor de Paraguay, en cabeza del heroico general guaraní José Félix Estigarribia, en plena conflagración.

Embriagados de amor y alcohol, los estafetas paraguayos dejaron a merced de Ackermann y Velasco una caja fuerte que guardaba información valiosa de los movimientos y posiciones de las tropas bolivianas en el Chaco en litigio. Con singular maestría y al puro oído aguzado, Ackermann encontró, una a una, las claves de la caja de acero forjado en Alemania y la abrió. De su interior extrajo varios papeles y mapas y, antes de marchar, Velasco halló a mano un papel y pluma y escribió una frase antes de dejarlo en el cofre violado: “Viva Bolivia, pilas de mierda”.

Ya octogenario, Ackermann se filtró un día de 1976 en una de las bóvedas del Banco Central de Bolivia, plantadas en los sótanos del edificio donde actualmente funciona la Vicepresidencia del Estado Plurinacional, en la intersección de las calles Mercado y Ayacucho, en el mismo corazón de La Paz. Abrió una caja fuerte y se escapó de madrugada por una suerte de respiradero.

Ese mismo año, el 2 de noviembre, los presos políticos recluidos por el régimen de Banzer (1971-76) en una comunidad del balseros y pescadores indígenas, convertida en cárcel por su situación geográfica enclavada en la Isla de la Luna, en el lago Titicaca, se dieron modo para burlar la vigilancia y con balseros y balsas se escaparon hasta instalarse en Lima. Hacerlo a nado era entregarse a la muerte más fría. El periodista Carlos Soria rotuló esta historia como 'la huida de Coati'.

Aunque no se inscribe en esta narrativa y, por el contrario, entró más que salió, el comandante rebelde Ernesto Che Guevara se metió a Bolivia en octubre de 1966 mimetizado como un comerciante uruguayo de apellido Mena, con anteojos y una cabeza pelada, tanto que ocultó sus salientes arcos superciliares.

En la misma corriente, una retahíla de versiones, algunas que rozan lo presumible y otras lo inverosímil y la fantasía se teje a propósito de la salida de Reyes Villa de Bolivia. Disfrazado de militar en traje de fajina, con boina y despojado de ese prominente bigote de tipo mexicano y también de ese copete -propio de la imaginación del humorista chileno Pepo- que corona su amplia frente, Reyes Villa cruzó la frontera en compañía de otros uniformados, reza una de ellas. Otra, rayana en la fábula, dice que disfrazado de paisano, por la hacienda de uno de sus correligionarios y cercano a su compañero de fórmula, el ex prefecto de Pando Leopoldo Fernández, caminó por entre la selva hasta un camino de sendero, donde se montó en un vehículo hasta un aeropuerto rural, a unos 100 km de Bolpebra, en la frontera tripartita de Bolivia con Perú y Brasil, en medio de la Amazonia. Una tercera, esboza que, con gran sigilo y custodiado por civiles se desplazó por las sombras de la noche en Cobija y montado en motocicleta se mandó a cambiar por el Puente de la Amistad boliviano brasileño.

El prefecto en ejercicio de Pando, Raphael Bandeiras, dijo, basado en fuentes oficiales, que Reyes Villa no registró salida en ningún puesto de Policía ni Migración. “He hablado con las autoridades brasileñas y ellas tienen un registro que (Reyes Villa) ha ingresado al territorio brasileño el 8 de diciembre de 1993 y el 23 de diciembre (de ese año). No existe otro registro de él. Se ha requerido informes a (las oficinas de) migraciones y a la Policía, a los distintos puestos de control y no ha pasado por acá”, enfatizó.

El prefecto revocado de Cochabamba (2006-2008) y ex alcalde de la capital de ese departamento en el centro subandino de Bolivia, entendió que la mejor forma de evadir a la justicia doméstica era ganar espacios en el Senado boliviano, los suficientes para bloquear juicio de corte cualquiera en su contra.

La aplastante victoria de Morales en las urnas, con 64% de los votos, dio por tierra los cálculos de Reyes Villa que, no obstante una orden de arraigo que pesaba en su contra, había anotado, tres días antes y para el día siguiente de la elección, una reserva de avión a Miami.

El viernes 4 de diciembre el ministro de Gobierno, Alfredo Rada, denunció que Reyes Villa, un capitán de Ejército converso en los ’90 a la vida civil, había alistado, para las 9h00 de ese lunes 7, su huida a EEUU en un vuelo de la compañía American Airlines, de La Paz a Miami, con escala en Santa Cruz.

Reyes Villa y en especial su vocero Erick Fajardo negaron en rotundo y, como quien mitad oculta y miente el medio restante, acusaron al presidente Morales de “estar nervioso porque vamos a ganar”.

Lo único cierto en este culebrón, es que Reyes Villa abordó un avión de American Airlines, hacia las 9h00 locales del 15 de diciembre pasado en una plataforma del aeropuerto limeño Jorge Chávez y que desembarcó en Miami, 6 horas después. También que desde 2004 es propietario de un departamento de 330.000 dólares, 3.626 veces más que el mínimo nacional actual de 91 verdes, donde parece haberse guarecido.

Días después, el ministro Rada ponía a la Policía de cabeza y denunciada que Reyes Villa había escapado, pese a todo. Atrás quedaban los ruegos del mismo Morales reelecto para no dejar escapar a Reyes Villa.

Una periodista del programa Sin Letra Chica, que emite la privada Cadena A de televisión, contactó vía teléfono celular a Reyes Villa y el 12 de diciembre le soltó la versión que circulaba sobre su huida en Bolivia.

“Si fuera cierto (que huí) lo primero que tendría que hacer Evo Morales es despedirlo (a Rada) y él renunciar por incapaz”, dijo sin regodeos. Reyes Villa, cuya voz se escucha hasta litúrgica y que ya hablaba desde su apartamento en Miami, acusó al gobierno de Morales de haber desencadenado una persecución política en su contra.

“Es obvio el odio que la gente del gobierno siente hacia Manfred Reyes Villa y la persecución de que soy sujeto. El (por el ministro Rada) sabe muy bien de que estoy aquí, en La Paz, porque me ha hecho perseguir con toda su gente Y, obviamente, he estado también en mi domicilio y hasta han tocado el timbre, inclusive para ver si estaba o no estábamos y ¿con qué intenciones?, toda vez que han estado pidiendo la detención preventiva”, argumentó ese 12 de diceimbre en relato confuso.

La calidad de la telefonía internacional ‘rooming’ no se advierte en el contacto por teléfono.

“Yo lamento mucho esta persecución política y yo no me voy a ir del país, pero tampoco me voy a dejar agarrar”, agregó.

Las autoridades judiciales bolivianas -que investigan primariamente a Reyes Villa por el papel que jugó en la matanza de 67 civiles, en octubre de 2003, cuando una insurrección popular zanjó con la huida, también a EEUU, de su aliado, el ex presidente ultraliberal, Gonzalo Sánchez de Lozada- tienen en mano un cedulón para la aprehensión del ex prefecto de Cochabamba.

“Hay que hacer los trámites para que este prófugo de la justicia boliviana regrese a rendir cuentas” a Bolivia, urgió el vicepresidente Alvaro García Linera.

Texto: ABI
Foto: eabolivia.com

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